En el año 2009, Madonna recorría el mundo a lomos de su 'Sticky and Sweet Tour' y en las entrevistas de promoción no dudaba en revelar su secreto elixir de belleza y juventud: beber diariamente agua de coco. Aquellas declaraciones —y su foto con un envase de Vita Coco durante la campaña de Dolce Gabbana— fueron la espoleta que detonó el 'boom' de una bebida que, hasta ese momento, se vendía en tiendas de comida étnica y poco más. En cuestión de meses, el agua de coco pasó de calmar la sed de perroflautas pijos y adinerados a formar parte de la compra diaria de millones de estadounidenses. La cuestión que a muchos se les escapaba era que el interés de Madonna por esa bebida iba más allá de su refrescante sabor o de sus supuestas propiedades cosméticas: era accionista de la compañía.

Madonna tomando su agua de coco.
Madonna tomando su agua de coco.

Sí: Madonna había invertido en Vita Coco, marca creada en 2004 por dos emprendedores —Michael Kirban e Ira Liran— y hoy líder del segmento con una facturación superior a 1.000 millones de dólares. No fue la única: también se sumaron a la inversión otros actores, como Matthew McConaughey o Demi Moore, y posteriormente se fichó a Rihanna como embajadora de la marca. La de Barbados, criada entre cocoteros, aseguró sentir debilidad por la bebida y rechazó cobrar por la campaña; eso sí, a cambio de su trabajo aceptó acciones de la compañía…

Rihanna no cobró por ser embajadora del agua de coco; eso sí, aceptó recibir a cambio acciones de la compañía

Cuando Vita Coco comenzó a despuntar, Coca-Cola y Pepsi vieron el potencial del agua de coco y se lanzaron al negocio: PepsiCo adquirió en 2009 Amacoco —la compañía de agua de coco más importante de Brasil— y Coca-Cola lanzó Zico (de la que ha sido imagen Jessica Alba). Ahora, PepsiCo anda moviendo posiciones con la intención de comprar también Vita Coco. La cuestión es que, según los datos de la consultora Zenith Internacional en su Informe Mundial de las Aguas Alternativas, en 2016 el mercado del agua de coco ha tenido un volumen de ventas de 2.700 millones de dólares y se prevé que, para 2020, superen los 5.400 millones.

Hidratación ¿saludable?

¿Qué hay detrás, más allá de unas cuantas 'celebrities' promocionando un producto? Sin duda, este fenómeno no tendría razón de ser sin el 'boom' de los alimentos saludables, de la nutrición consciente: frente a otro tipo de refrescos y batidos, el agua de coco no tiene azúcares ni grasas, no aporta apenas calorías, es 'natural'. Pero tampoco basta con que sea 'natural': al fin y al cabo, también lo es el agua de manantial. Había que ir un poco más allá para lograr que la bebida encandilara a ese segmento de población interesado en el bienestar y la alimentación consciente, y se logró promocionando el agua de coco como una hidratación saludable. Más hidratante y más saludable que las clásicas bebidas isotónicas tan demandadas por 'runners' y adictos en general al 'gym'.

Jessica Alba, también 'fichada' por el agua de coco.
Jessica Alba, también 'fichada' por el agua de coco.

"La alimentación es un sector económico importantísimo, pero tiene un gran inconveniente para crecer: mientras tú puedes tener tu armario con 200 zapatos, por más que te guste la comida no te va a ser posible comer 30 veces al día —nos cuenta el profesor Jesús Contreras, especializado en antropología de los alimentos—. Hay que buscar otras fórmulas para incentivar el consumo y hacer crecer el mercado. ¿Cómo se consigue? Aumentando el valor añadido, y apelar a la salud es una buena estrategia".

"El agua de coco es una de las categorías de bebidas de más rápido crecimiento en el mercado debido a sus cualidades saludables, ya que contiene calcio y magnesio, así como la misma cantidad de potasio que una banana o un vaso de zumo de naranja", decía en 2009 Massimo D’Amore, responsable de Bebidas en América de PepsiCo. El agua de coco no se vendía solo por su sabor, sino por sus propiedades cuasi terapéuticas que encajaban como anillo en el dedo en ese furor por los 'superfoods' y alimentos-medicina. Cierto es que tres años después llegaría una sentencia judicial en la que se obligaba a retirar las alegaciones de salud de las etiquetas. Y Vita Coco debió reconocer que su aporte en vitaminas y minerales se había 'exagerado'.

Daba igual: el mercado estaba hecho.

Siguiendo la estela del agua de coco llegó el aceite de coco, que también logró colarse en nuestras cocinas por la vía de la salud

Siguiendo la estela del agua de coco llegó el aceite de coco, que también logró colarse en las cocinas occidentales por el camino de la salud. ¿Cómo? ¿Acaso no se trata de una grasa saturada y, por tanto, de una bomba de relojería para nuestra salud cardiovascular? En realidad, hay que diferenciar entre el aceite de coco hidrogenado ​—con el que se hicieron la mayoría de los estudios científicos que provocaron la mala fama de esta grasa— y el aceite de coco virgen. Este último, asegura el doctor Thomas Brenna, profesor de Ciencias de la Nutrición en la Universidad de Cornell, "es muy diferente en términos de riesgo para la salud y es muy posible que no sea tan malo como se dice. En estos momentos estamos empezando a entender que las grasas saturadas no son tan nocivas como creíamos".

"Inicialmente, se pensaba que las dietas con aceite de coco eran perjudiciales porque alteraban los valores sanguíneos de grasas de forma similar a las dietas con grasa animal al tratarse de grasas saturadas. Posteriormente, se demostró que no todas las grasas saturadas eran iguales, y diferentes trabajos demostraron que dietas enriquecidas con aceite de coco no eran tan perjudiciales como inicialmente se pensaba", señala Jesús Moreno Fernández, médico especialista en Endocrinología y Nutrición, y profesor de la Universidad de Murcia.

Coco, también en aceite. (iStock)
Coco, también en aceite. (iStock)

No, ni todas las grasa saturadas son iguales, ni todas influyen de la misma manera en la salud cardiovascular. El aceite de coco, por ejemplo, es rico en ácido láurico, que parece incrementar los valores de HDL (el colesterol 'bueno'). Pero una cosa es que el aceite de coco virgen no sea necesariamente malo; de ahí a considerar que es maravilloso… hay un trecho. ¿Qué sucede? Que todas las recomendaciones nos vienen de países anglosajones, en los que se cocina tradicionalmente con grasas animales, como la manteca o la mantequilla. No es extraño que, allí, triunfe como alternativa grasa saludable.

Pero, amigos, en España cocinamos con aceite de oliva.

Como indica Aitor Sánchez, dietista-nutricionista y autor de 'Mi dieta cojea', "es cierto que el aceite de coco es una grasa saludable, pero no más que el AOVE. Y pensemos que estamos comprando un aceite poco sostenible, mucho más caro y que no es más sano que el nuestro. Un sinsentido. Personalmente, me parece una incoherencia máxima y un desperdicio de recursos tomarlo en España, donde tenemos el mejor aceite para la salud a día de hoy: el aceite de oliva virgen extra".