El estimulante con el que comenzamos el día en todo el mundo, la cafeína, es un alcaloide en forma de cristal, de las denominadas xantinas, aislado por primera vez en 1820 por el químico alemán Friedlib Ferdinan Runge —Victor R Preedy, 'Caffeine: Chemistry, Analysis, Function and Effects'—.

Sin embargo, tomó su nombre, después de que lo popularizaran los estudios de los químicos franceses, de la palabra café. Al igual que otros alcaloides, como la cocaína, la nicotina o la morfina, tiene efectos sobre el sistema nervioso central y es una droga psicoactiva por su actividad estimulante, aunque su adicción sea mínima en comparación con otros miembros de la familia.

Originalmente, se extrajo de la planta Coffea arabica, procedente de Etiopía y Yemen en el África Occidental, que tiene a su vez muchas subespecies, pero el alcaloide está presente en otras 60, de las cuales las más conocidas, por su uso también como infusión, son el té, la yerba mate y el guaraná.

Té verde. (iStock)
Té verde. (iStock)

Es decir, aunque se mencione en ocasiones como componentes activos a la teína, la guaranina o la mateína, en realidad son lo mismo: cafeína. El té se utiliza en China desde hace siglos y la yerba mate también en las culturas precolombinas de América Central y del Sur, así como el guaraná, principalmente en el actual Brasil.

El alcaloide está presente en otras 60 plantas, de las cuales las más conocidas son el té, la yerba mate y el guaraná

¿Cuáles son las bebidas con mayor concentración? Las energéticas y el café. Aunque parezca sorprendente, el té está por delante de refrescos con cafeína como la Coca-Cola o la Pepsi: una taza por la tarde de té contiene más que una lata de refresco de cola, aun teniendo menos líquido. La tabla de mayor a menor sería la siguiente:

  • Bebidas energéticas como el Red Bull: tan solo su lata clásica de 250 ml contiene 77 mg de cafeína.

  • Café: depende del tipo de grano que se utilice y de su elaboración, pero es junto a las bebidas energéticas el que por término medio más cafeína contiene. En una taza de 250 ml ingerimos unos 72 mg. Varía en función de si es instantáneo, expreso o americano, que es más suave debido al filtro de papel, en comparación al de las máquinas italianas —de acero o aluminio— o a la prensa de émbolo francesa, que en realidad inventó un italiano, Attilio Calimani, en 1929, pero se popularizó en París.

  • Té negro: dentro de las variedades de las hojas de té, es el que más contiene, aproximadamente 36 mg según su elaboración: cuanto más tiempo reposa, más contiene. Es el clásico 'breakfast tea' que popularizaron los ingleses a través de la India Británica y sus variedades, como la Darjeeling.

  • Té verde: típico de países orientales como China y Japón, que tiene además una elaborada preparación asociada a un ritual, como en el caso del té matcha. Mucho menor en comparación al más difundido té negro. En el blanco, a su vez, es aún menor.

  • Refrescos de cola: una lata de Coca-Cola o Pepsi tiene menos cafeína que una taza de té o café, a pesar incluso de que su cantidad es mayor: 350 ml, aproximadamente 30 mg, menos si lo comparáramos con la misma medida que el resto de bebidas.

No obstante, tanto en los refrescos como en las bebidas energéticas, la cafeína es añadida de forma artificial y no está unida a otras moléculas como en el caso del café, el té, el guaraná o la yerba mate, que son las responsables de que produzcan propiedades un tanto distintas en cada uno de ellos.

Una droga legal sin prescripción

El alcaloide de la cafeína cumple dos de los requisitos básicos para que sea catalogado como droga psicoactiva: genera síndrome de abstinencia cuando se retira y produce tolerancia; cada vez se necesita una dosis más elevada para lograr los efectos deseados.

Pero, a diferencia de los ansiolíticos, las otras drogas legales más consumidas en España bajo prescripción médica y cuyo uso se ha multiplicado en los últimos años —la suma de alprazolam y lorazepam supone casi 28 millones de envases, lo que los sitúa en el tercer lugar de fármacos más vendidos en 2015, solo por detrás del omeprazol y paracetamol—, no está regulado ni como droga ni cómo fármaco, porque más allá de la irritabilidad, a dosis muy elevadas, no se ha encontrado ningún efecto adverso significativo y sí algunos beneficiosos.

El aumento del consumo de ansiolíticos combinado con el café produce el efecto de acelerar y frenar el sistema nervioso

Un estudio publicado en el 'British Medical Journal' en noviembre del año pasado le atribuye propiedades beneficiosas. Cuando su consumo es moderado, es un antioxidante además de ser un posible anticancerígeno. Sin embargo, advierte de que la cantidad diaria no debería superar los 400 mg, el equivalente a unas cuatro tazas de café aproximadamente.

Según el estudio de la Universidad de Southampton, las personas que beben café tienen un 19% menos de probabilidades de sufrir un ataque al corazón y un 18% menos de sufrir cáncer, algo que no se aplicaría ni a los refrescos ni a las bebidas energéticas, ni a las pastillas que se comercializan, ya que no se asocian con el resto de componentes que se liberan con el café, al estar la cafeína en estos formatos como una droga aislada.

Pastillas y cafeína, un ingesta poco saludable. (iStock)
Pastillas y cafeína, un ingesta poco saludable. (iStock)

No es un psicofármaco —como sí lo son las benzodiacepinas— porque no se usa de forma aislada para tratar específicamente ninguna dolencia, sino como complemento en otros medicamentos —antigripales, antihistamínicos—, precisamente para contrarrestar efectos adversos como pueden ser la somnolencia, tal y como explica a Alimente el psiquiatra Manuel Faraco.

La cafeína actúa como estimulante, pero solo es adictiva en dosis muy elevadas: el 'cafeinismo' descrito en EEUU

“La cafeína actúa en el sistema nervioso central como estimulante, pero solo se puede considerar una adicción: 'cafeinismo', que ya se describe en EEUU, en dosis muy elevadas de consumo. En cambio, los ansiolíticos, que sí están catalogados como adictivos, se utilizan precisamente como medicamentos para reducir la ansiedad como depresor del sistema nervioso. No son exactamente antagonistas, por lo que no tienen contraindicaciones, pero es cierto que uno funciona como acelerador y el otro como freno, por decirlo de alguna forma”.

Si tenemos en cuenta lo datos de consumo de ansiolíticos en España, se puede decir que una gran parte de la población está utilizando una droga que relaja su sistema nervioso al tiempo que otra lo acelera, aunque sea a bajas dosis. Un lorazepam, por ejemplo, el tercer fármaco más vendido en España, puede inducir a la somnolencia; un café o un té activa, en cambio, la alerta del sistema nervioso.

Dopaje: aumentar el rendimiento

Es prácticamente el caso de los medicamentos que usan cafeína para contrarrestar sus efectos adversos, solo que utilizados de esta forma no están probados en un laboratorio y su ingesta aumenta la tolerancia de ambos: cuanto más lorazepam se ingiera, más cafeína se necesitará.

Según Manuel Faraco, las bebidas energéticas e incluso los refrescos de cola tienen todas las características del estimulante y ninguno de los beneficios saludables del café, como los del último estudio de la Universidad de Southampton. Una de las razones de su popularidad reside en que, además de ser una droga psicoactiva, la cafeína actúa como un dopante, aumentando el rendimiento muscular y el ritmo cardíaco, por lo que es utilizada en actividades deportivas.

También incrementa la presión arterial de forma transitoria, aunque no hay relación peligrosa con la hipertensión, según la mayoría de estudios realizados hasta la fecha: es a muy corto plazo y no hay evidencias de que suponga ningún riesgo para desarrollar esta dolencia. En dosis muy elevadas, puede producir irritabilidad y dificultad para dormir, pero su efecto más tangible es el de la tolerancia y la retirada: lo que obligaría al sistema nervioso a deshabituarse de su dependencia.