Visualmente es fácil distinguirlas: la cereza lleva el característico pedículo verde y la picota no. Muchos consumidores dicen preferir unas u otras argumentando cuestiones de gusto, pero ¿se trata de una mera creencia? ¿Son picotas y cerezas dos frutas distintas?

Pilar Díaz, directora técnica de la Denominación de Origen Cereza del Jerte, asegura que, ante la falta de información, el Consejo Regulador de esta emblemática zona lleva décadas promoviendo campañas para aclarar esta cuestión a los consumidores.

Buena parte de las picotas que se venden en los supermercados no son más que cerezas a las que se les ha quitado el rabo

La responsable nos explica que no son dos, sino tres los productos que en realidad existen en el mercado: las cerezas, las picotas y la picotas del Jerte: "Las cerezas son todas aquellas que llevan rabito; las picotas no lo llevan, pero el pedúnculo no se desprende de forma natural, sino que, una vez recogida la fruta, se corta de manera forzada. En el caso de la picota del Jerte, la cereza se desprende y el pedúnculo permanece en el árbol. Esto hace que la fruta quede completamente cicatrizada, cerrando la entrada a cualquier microorganismo que la pueda dañar”.

En busca de una picota auténtica

En conclusión: cerezas y picotas difieren solo en el factor estético del rabillo, pero el caso de las picotas del Jerte es distinto. Díaz nos cuenta cómo en el Valle se tienen registradas 104 variedades de cereza de las que se comercializan unas 35. El grupo de picotas solo lo forman cuatro especies (ambrunés, pico limón negro, pico negro y pico colorado) que llevan el sello de Denominación de Origen Protegida, junto con una única cereza (la navalinda).

De izquierda a derecha, las cuatro picotas del Valle del Jerte: ambrunés, pico limón negro, pico negro y pico colorado.
De izquierda a derecha, las cuatro picotas del Valle del Jerte: ambrunés, pico limón negro, pico negro y pico colorado.

Las diferencias entre las las picotas del Jerte y las cerezas comienzan ya desde la recolección: "Este año vamos con unos 20 días de retraso respecto a una temporada normal. Las cerezas se empezaron a recoger hace unos quince días. Las picotas se recolectan más tarde y se estima que en esta campaña la labor se inicie a partir de la tercera semana de junio", asegura Díaz. En definitiva: si has comprado picotas en mayo, habrás adquirido en realidad cerezas a las que les han quitado el rabo.

De cara al cliente, la característica más destacada de estas frutas se halla en sus aspectos organolépticos. Afirma la experta que a diferencia de las cerezas, "al morderlas se nota un característico crujido, una textura más homogénea, un sabor más consistente y menos acuoso, y un óptimo equilibrio entre el ácido y los azúcares".

Un producto autóctono que triunfa fuera

Su aspecto exterior juega, sin embargo, en su contra a la hora de presentarlas en los mostradores del supermercado. Las picotas comunes tienen un tamaño más grande, algo que suele llamar más la atención. Defiende Díaz que “respecto a la cereza desrabada, en España sufrimos competencia desleal: o la gente conoce el producto o elige la fruta por una cuestión de calibre más que de sabor”.

Picotas en el supermercado. (iStock)
Picotas en el supermercado. (iStock)

Lamenta, por último, la directora técnica el hecho de que el 75% de la picota del Jerte no se consuma en España: “Parece mentira, pero nuestro destino natural es hoy Reino Unido, donde sí se distingue bien entre lo que es una cereza y lo que es una picota del Jerte. Allí no tienen cerezas desrabadas y entienden que se trata de dos productos distintos".