¿Quieres una cerveza, tío? ¿Qué es lo que estás bebiendo? Le espeta Donnie Azoff a su amigo Jordan Belfort. Es invierno y están al borde de la piscina en la impresionante mansión del último, en una de las últimas escenas de 'El lobo de Wall Street' (2013) de Martin Scorsese, durante el ocaso del magnate y adicto estafador de la bolsa.

- Estoy con esta mierda sin alcohol- responde Belfort.

- ¿Qué es eso?

- Una cerveza sin alcohol

- ¿Pero es una cerveza?

- Sí, sin alcohol

- Pero si bebes las suficientes, quiero decir que si bebes muchas, ¿te pillas un pedo?

- No, ese es el objetivo, que no te lo pilles.

- No soy científico. No sé de qué coño estás hablando. Si quieres una cerveza, te traigo una.

- Lo sé, tío, gracias, pero ya no bebo.

- No te entiendo. No me imagino la vida sin colocarme.

Una apuesta arriesgada

Scorsese mostraba con claridad la percepción un tanto absurda que se tenía en la época sobre la cerveza sin alcohol en la película que relata la vida de Jordan Belfort entre los años 80 y 90. Una cerveza pero con la que no te puedes emborrachar, ni coger un punto. Parecía un contrasentido. En vez de servir como una bebida para desinhibirse socialmente, relajarse, perdía sus atributos convencionales. ¿Cuál era la ventaja? ¿Por qué no beberse un refresco cualquiera en ese caso?

La cerveza sin alcohol nunca acabó de triunfar en EEUU, donde se impuso el modelo 'light', como la popular Budweisser, con menos alcohol y calorías, pero estaba más destinada a un público que pretendía no engordar. Pero en Europa tuvo más aceptación, sobre todo en España. La introdujo la marca Ámbar y en los 90 aparecieron poco a poco otras como Laiker -que era de Mahou- o Kaliber, y comenzaron a crecer.

Se disparó su consumo hace una década. En 2009 representaba un 9% del total; ahora en torno a un 14% de toda la cerveza que se consume es sin alcohol o 0,0, que es la que se ha impuesto finalmente, según el 'Informe socioeconómico del sector de la cerveza en España 2016'. El número triplica al siguiente en la lista de países consumidores, Francia, que apenas supera el 4%, según explica entusiasmado a Alimente el director general de la Asociación de Cerveceros de España, Jacobo Olalla.

"Es un hecho, somos líderes indiscutibles, en producción y en consumo. El nuevo estudio lo presentarán a mediados o finales de junio con el Ministerio de Agricultura, "aunque se puede retrasar con el cambio de Gobierno", pero las previsiones, según adelantan a Alimente, son positivas: "Se puede mantener pero creemos que crecerá".

Todos los grandes grupos cerveceros, de Mahou a Heineken, apuestan ya por ella incluso con líneas prémium, como la Heineken 0,0 -lanzada al mercado el mayo pasado-, aunque la compañía ya tenía en el mercado Buckler 0,0, Cruzcampo y Amstel sin alcohol- o la nueva Mahou 0,0 tostada, además de las que incorporan sabor manzana o limón: un mercado en auge. ¿Por qué una bebida esencialmente alcohólica pudo triunfar sin su ingrediente más característico? ¿Qué hizo que España concretamente se convirtiera en el mercado más atractivo para este producto?

La nueva prémium de Heineken.
La nueva prémium de Heineken.

Jacobo Olalla, con muchos años de trayectoria en el sector, desvela a Alimente las condiciones que se aunaron para que con el tiempo se asentara en el mercado una bebida que no es solo un refresco más, ya que junto a la cerveza normal es considerada por las autoridades un alimento también. A diferencia de lo que mostraba Scorsese, no concentró su mercado en exalcohólicos o personas con dolencias diversas para quienes el alcohol está contraindicado.

De hecho, hay psiquiatras que la desaconsejan a sus pacientes alcohólicos, como Manuel Faraco, que explica a Alimente que se debe a que precisamente "recuerda demasiado a la original y es un factor de riesgo para que estos pacientes vuelvan al consumo". Solo puede ocurrir si está muy conseguido. Así que su consumo no ha quedado en una minoría en España: un gran número de personas optan por la cerveza sin necesidad de padecer cualquier dolencia o enfermedad que les impida beber alcohol; lo hacen porque les gusta su sabor. Simplemente brilló por sí misma, según se perfeccionaba su sabor y convirtiendo su aparente debilidad en una fortaleza.

La excepción española

Según Olalla, hubo una serie de condiciones muy concretas que hicieron posible que el producto se asentara en España, a diferencia de sus vecinos europeos: "Una de las principales razones fue que aquí se toma tradicionalmente muy fría, lo que ayuda a preservar las cualidades organolépticas de la cerveza y su característico sabor, a pesar de no existir la graduación alcohólica. Además, nuestras cervezas, respecto a las del resto de Europa, suelen tener menor cantidad alcohólica, en torno a 4º, lo que también fue un punto a favor, ya que cuanto más alcohol tiene una bebida, más difícil es enmascarar sus propias cualidades al quitárselo: como podría ser el caso del vino, que está en torno a los 15º".

Se busca el amargor y se consume con comida en el aperitivo, lo que facilita que se valore menos la graduación

En cuanto a las costumbres, también jugaron un papel: "La forma de consumir cerveza en España está muy asociada a la comida, como al aperitivo, donde se busca el amargor, el sabor más que el alcohol. Esto se fue manifestando con el tiempo. Además, desde el principio hubo una asociación con las campañas de tráfico y la prudencia al volante sin consumo de alcohol, que también fomentó su consumo", explica Olalla.

Los datos lo avalan, aunque los principios, como él mismo señala, no estuvieron exentos de retos. Las marcas cerveceras no querían asociar su producto tradicional al nuevo experimento. Ámbar fue la pionera, pero durante muchos años las grandes marcas separaron su imagen. Mahou, por ejemplo, que posee además San Miguel, sacó al principio su cerveza Laiker. A Estrella Galicia, que se introdujo en el mercado en 1995 con la marca River, como explican a Alimente, también acabaron optando por incluirla con su propio nombre, Estrella Galicia 0,0, dentro de su amplia gama.

El orgullo de las cervezas 0,0

En definitiva, las cerveceras tuvieron tiento a la hora de introducir su nuevo producto, primero con las sin alcohol -apenas un 0,1% hasta perfeccionar la fórmula- y más adelante con las ahora populares 0,0. El éxito vino acompañado también de la intensa campaña que hicieron las marcas en el terreno del deporte, donde no se podían promocionar bebidas con alcohol. Las cervezas 'sin' accedieron de esta forma a patrocinios jugosos. Con el progresivo éxito, se abandonaron las marcas B, con las que desvinculaban su principal negocio.

Fueron cautos y no unieron su nombre a las 'sin': Mahou tenía Laiker, Estrella de Galicia, River y Heineken, Buckler

Mahou dejó a un lado la marca Laiker y apostó por unir su verdadera insignia con la Mahou 'Sin' primero y con la 0,0 después. Se introdujo también en bares con barriles a presión: todavía más indistinguibles a temperatura fría en el clásico formato de caña de las barras. Ahora han ido más lejos lanzando al mercado una cerveza tostada, algo impensable hace unos años, una especie de cerveza 'ale', sin nada de alcohol. Es comprensible que en Reino Unido, por ejemplo, donde estas cervezas se toman tibias y tienen más graduación, cuenten con menos adeptos: la diferencia de sabor es más acusada.

La última gran marca en sumarse en España ha sido Heineken. Tal y como explican a Alimente, ya disponían de su Buckler 0,0, pero ahora han ido un paso más lejos ofreciendo también su propio buque inisgnia Heineken 0,0: el sabor característico de su marca sin alcohol. La apuesta en España es evidente: esperan que el mercado crezca más.