Toda la comida es real, existe, pero el término ‘comida real’ hace referencia a aquellos alimentos que apenas han sido procesados. Es decir, aquellos que mantienen la calidad de su composición y sus propiedades. Por contraposición están los ultraprocesados, que han sido alterados en procesamientos en los que han adquirido diversos añadidos, tales como azúcares, harinas refinadas o aceites vegetales refinados, entre otros aditivos. Todos ellos provocan que pierdan sus propiedades saludables y se conviertan en alimentos que pueden resultar nocivos para la salud.

En este sentido, el movimiento ‘realfooder’, encabezado por dietistas-nutricionistas, promueve que se conciencie sobre la importancia de identificar estos ultraprocesados para evitarlos en la medida de lo posible y así tratar de fomentar el consumo de ‘comida real’ para mejorar la salud de los consumidores. No obstante, muchas personas, por una parte, tienen la percepción de que este tipo de alimentos son más caros y, por otra, no conocen los riesgos de comer ultraprocesados.

No confundir etiquetas con 'real'

Carlos Ríos, creador de RealFooding y uno de los dietistas-nutricionistas y divulgadores con más repercusión en redes sociales gracias a su cuenta de Instagram, nos ha explicado que “los consumidores pueden creer que la comida real es más cara porque lo asocian al tema de la salud y a muchos productos que se han intentado vender como más saludables por llevar el sello ‘ecológico’ o ‘bio’; sellos que elevan el coste el producto porque están dirigidos a un público objetivo muy concreto”. Entonces, ¿qué alimentos forman parte de esta comida real? En la citada web de RealFooding los señalan así: Verduras y hortalizas, frutas, frutos secos, semillas, tubérculos, raíces, legumbres, pescados, mariscos, huevos, carnes, cereales integrales, aceites vírgenes, lácteos de calidad, café, cacao e infusiones, hierbas y especias.

“Todos ellos son productos de primera necesidad”, ha señalado Ríos para explicar que con estos alimentos se “puede hacer un menú asequible para todo el mundo y por un precio barato”. Y añade: “El problema es que los productos ultraprocesados, los que recomendamos evitar, tienen una mayor oferta, una mayor variedad y un precio más bajo. El consumidor, cuando observa que en esos productos hay tanta variedad y tanta oferta y son tan baratos, tiene la percepción de que la otra opción que le queda es que hay menos variedad y un precio mayor. La clave está en no compararlos con los ultraprocesados porque estos son más baratos al estar elaborados con materias primas más baratas y rentables para las empresas y con una serie de aditivos y conservantes que les permiten una vida útil más larga. No puedes compararlos”.

Los garbanzos son un ejemplo de comida real.
Los garbanzos son un ejemplo de comida real.

Haciendo el menú más barato y sano

Para comer de manera más saludable, Carlos Ríos ha explicado que “cuando sabes comer ‘comida real’, ya haces elecciones que vayan acordes con tu disponibilidad económica y los gustos de cada familia”. El nutricionista recomienda como ejemplos para hacer menús más saludables y económicos “comprar más legumbres, patatas normales sin procesar, aprovechar las ofertas de temporadas o reducir un poco más la proteína animal, que es un poco más cara”.

A su vez, Ríos ha remarcado nuevamente la importancia de conocer que los productos con etiquetas que los categorizan de ecológicos, bio o naturales pueden, en ocasiones, contener aditivos. Cuando incluye más de cinco, es considerado un ultraprocesado y pasa a ser una opción poco saludable.

Una pizza puede ser un ultraprocesado si esta posee aditivos en su composición.
Una pizza puede ser un ultraprocesado si esta posee aditivos en su composición.

No obstante, el nutricionista remarca que los ultraprocesados pueden formar parte de la dieta siempre que sea de manera esporádica, ocasional o festival. Ríos ha concluido que “no significa obsesionarse con ‘no puedo comer ninguno’, significa que hay que saber identificarlos para comer ‘comida real’ en el día a día y dejar estos para un momento ocasional”.

¿Cuánto cuesta un menú de comida real?

Partiendo de los alimentos que se han explicado que forman parte de la comida real, se puede analizar cuánto cuesta elaborar un menú completo en nutrientes y saludable compuesto por dos platos y postre para una persona.

  • Las verduras y hortalizas de temporada siempre son más económicas y frescas y con ellas se puede elaborar un primer plato que consista en una ensalada que incluya varias. Combinar 350 gramos de cebolla, tomate, pimiento y espárragos, y añadirle una lata de atún claro natural de marca blanca y una cucharada de aceite de oliva para componer un entrante que aporte fibra, proteína, grasa y micronutrientes por uno o dos euros en función de las variedades que sean (para una sola ración).
  • Un segundo plato puede estar conformado por una proteína de calidad de origen animal o vegetal como las legumbres. Un plato de 200 gramos de patatas al horno con 75 gramos de carne o pescado oscila entre el 1,50 y los 4 euros en función del tipo de carne o pescado y la marca que se emplee. Un potaje de legumbres para una persona elaborado con unos 200 gramos de verduras, 100 gramos de patatas y 50 gramos de legumbres apenas alcanza un euro (recordemos que se habla de la parte proporcional para una persona). El precio de los huevos suele estar en torno a los 20 céntimos la unidad (dependiendo del tipo de gallina y el modo de cría), y si se cocinan dos para acompañar un plato de patatas y elaborar unos huevos rotos, el precio total se hallaría en torno al euro. Las combinaciones son muy amplias y los precios también.
  • A la hora del postre, la fruta de temporada es muy económica y sabrosa. Por ejemplo, un plátano, una opción nutritiva y saludable puede costar entre 20 y 40 céntimos.

Con lo aquí expuesto se puede ver que un menú completo conformado por dos platos y postre elaborado con comida real puede ser factible a partir de unos 3 euros. Este precio puede oscilar en función de los ingredientes a utilizar y las elaboraciones que se deseen realizar. Obviamente si se apuesta por alimentos 'reales' de una mayor calidad, todo costará más, o por carnes o pescados con un mayor valor de mercado. Simplemente se trata de una muestra de que la 'comida real' está al alcance de cualquier consumidor sin necesidad de llegar a precios desorbitados. Eso sí, la base sigue siendo la misma: alimentos de primera necesidad y uso cotidiano, como señalaba Carlos Ríos.