A pesar del auge que desde hace décadas experimentan las cadenas de supermercados y establecimientos de gran superficie, los mercados de abastos se mantienen como una alternativa mucho más natural y tradicional a ojos del consumidor más arraigado. Sin embargo, mientras algunos recurren a ellos como fuente diaria de provisiones, otros llevan a cabo un peregrinaje donde el mercado adopta el papel de recurso turístico, transformándose incluso en una nueva oferta de restauración que acerca al público a algunos de los edificios más ilustres de la ciudad. ¿Quién no ha ido nunca a una plaza de abastos a disfrutar de un rico aperitivo? ¿Han perdido este tipo de comercios su verdadera esencia a cambio de la supervivencia?

¿Comer o comprar?

Los mercados más tradicionales sobreviven gracias a la fidelidad de su clientela.
Los mercados más tradicionales sobreviven gracias a la fidelidad de su clientela.

Aunque a veces resulte muy difícil encontrarlos, todavía se mantienen en pie algunos mercados de abastos fieles al concepto que les vio nacer. Lugares donde la gente del barrio todavía acude a hacer la compra de la semana a base de materias primas frescas y locales. No obstante, es imposible evitar el impacto del turismo, pues “la imagen y calidad del vino, la cultura y el ocio ecológico o la gastronomía tienen una dimensión que puede ser evaluada y cuantificada en términos económicos”, aseguran Jaume Busquets y Albert Cortina en uno de sus trabajos.

Ante esta realidad, las “plazas” tradicionales atraviesan actualmente una crisis generalizada que provoca la agonía de la mayoría de ellas y a la que hacen frente mediante un proceso de reconversión y mejora. “Este interés por los mercados se debe al continuo crecimiento cuantitativo del turismo que ha conducido las ciudades a importantes cambios cualitativos en su oferta con el fin de adaptarla a los nuevos gustos y demandas de los visitantes”, explican Montserrat Crespi y Marta Domínguez para la 'Revista de Turismo y Patrimonio Cultural' de la Universidad Complutense de Madrid.

Este interés por los mercados se debe al continuo crecimiento cuantitativo del turismo en las ciudades

Los antiguos mostradores se han convertido ahora en barras improvisadas, donde turistas y nativos acuden en masa para degustar los productos más típicos del lugar. Un referente gastronómico a precio de coste y en un enclave costumbrista difícil de encontrar en los restaurantes convencionales. “Los monumentos, los museos, la idiosincrasia de la gente, los mercados de abastos son exponentes de lo que esos nuevos consumidores buscan, puesto que ofrecen experiencias auténticas, propias de la sociedad local que se visita”, añaden Crespi y Domínguez. Y no solo eso, algunos mercados incluyen incluso obras de teatro, presentaciones de libros, talleres de manualidades, ferias renacentistas o espectáculos musicales, una oferta cultural que deja en un segundo plano su verdadera vocación: la venta y compra de alimentos. Una situación beneficiosa y frustrante a partes iguales.

Mercados con historia

Mercado Central de Valencia.
Mercado Central de Valencia.

Afortunadamente, son muchos los puntos que, a pesar de seguir esta flamante tendencia, siguen fieles a su auténtica naturaleza:

  • Mercado Central (Valencia). Ubicado en la plaza Ciudad de Brujas, este mercado catalogado como Bien de Interés Cultural data del año 1928, fecha en la que finalizó su construcción. Sus más de 1.200 puestos abastecen no solo a los vecinos de la zona, sino también a algunos de los restaurantes más importantes de Valencia. Además, se mantiene como uno de los edificios más hermosos gracias a su techo acristalado, sus columnas de recuerdo gótico y la imponente cúpula que corona el horizonte de la ciudad.

  • Mercado de Verónicas (Murcia). Construido entre 1912 y 1916, esta plaza de abastos resiste al paso del tiempo. La fachada original, de estilo modernista, da la bienvenida a uno de los puntos clave de la ciudad y principal abastecimiento de los productos procedentes de la célebre huerta murciana. Entre sus más de 200 casetas destacan las pescaderías, las fruterías y un puesto de jamón ibérico al corte que no deja indiferente a nadie.

  • Mercado de la Boquería (Barcelona). Referente de excepción, inaugurado en 1840 en la Rambla de la ciudad condal. La Boquería es para muchos el mercado de abastos más importante de nuestro país, gracias a su origen al aire libre como punto de encuentro entre vendedores ambulantes y a su variada oferta gastronómica que va desde los típicos puestos de fruta, pasando por los pescados más exclusivos hasta llegar al espacio dedicado a la cocina internacional: Japón, Grecia, Italia… Todo reunido en pleno centro de Barcelona.

  • Mercado de Abastos (Santiago de Compostela). La instalación actual data del año 1940, sin embargo, se encuentra sobre los cimientos del que fue el mercado principal de la ciudad, construido en 1870. La plaza es el segundo monumento más visitado de Santiago de Compostela, solo por detrás de su imponente catedral. Las ocho naves del recinto acogen todo tipo de productos de la zona, entre los que el marisco, el pescado y las verduras de temporada acaparan el protagonismo.

Mercado de la Paz en Madrid.
Mercado de la Paz en Madrid.

  • Mercado de la Paz (Madrid). Se encuentra en el exclusivo barrio de Salamanca, donde fue edificado en el año 1879, siendo el último de los mercados municipales construido en el siglo XIX. Alejado de la opulencia de las tiendas que residen en la calle Serrano, esta particular plaza de abastos destaca por un trato amable, castizo y cercano por parte de tenderos y usuarios. Los puestos de comida habituales conviven además con servicios de peluquería, relojería o droguería a la antigua usanza. Todo un viaje al pasado.

  • Mercado de la Esperanza (Santander). Declarado monumento histórico-artístico en 1977, este mercado es una de las joyas arquitectónicas de la ciudad gracias al trabajo que Eduardo Reynals y Juan Moya emprendieron en 1897 y que se conserva como una de las pocas muestras metálicas decimonónicas de España. Actualmente cuenta con más de 170 puestos de alimentación, siendo los de la carne y el pescado del Cantábrico los más solicitados.