Algo tan básico como el papel de aluminio puede convertirse en un auténtico quebradero de cabeza. Cualquier cocina que se precie guarda entre sus enseres este producto, ideal para elaborar una receta al horno o a la parrilla, o guardar los ingredientes restantes en el congelador. Sin embargo, un halo de sospecha se ha cernido siempre sobre él. ¿Es tóxico el papel de aluminio? Una cosa está clara: al estar fabricado de dicho material, una exposición continuada y excesiva puede resultar nociva para el ser humano. No obstante, su presencia suele ser totalmente natural, pues se trata del metal más abundante de la Tierra. Pero ¿qué papel ocupa en la cocina?

El aluminio y su efecto sobre los alimentos

Más allá de saber qué parte del papel de aluminio es apta para cada tipo de receta -el lado brillante repele la temperatura mientras que el mate la absorbe-, otra duda que siempre ha acompañado a este complemento culinario ha sido su toxicidad. Algunos países como Francia, Bélgica, Alemania o Reino Unido ya han prohibido su uso con fines alimenticios. Una medida desconocida por el resto de puntos del globo, que permanecen enganchados a su utilización.

Foto: iStock.
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Según la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos, el papel de aluminio es capaz de transmitir pequeñas cantidades de este metal a los alimentos con los que entra en contacto. Sobre todo, cuando la receta en cuestión requiere la envoltura de unos ingredientes específicos como los vegetales, el vinagre, los cítricos, los frutos secos, la cerveza o las carnes y pescados procesados. El calor al que están sometidos estos elementos es el responsable de dicha filtración, cuyas partículas pueden quedar adheridas a los tejidos del organismo y provocar casos aislados de Alzheimer, infertilidad e incluso cáncer, aunque siempre tras un nivel de exposición desmesurado.

“Aunque los productos sinterizados que contienen aluminio se consideran seguros en individuos sanos a las dosis recomendadas, se han observado algunos efectos adversos después del uso a largo plazo en algunas personas”, asegura un estudio de la Agencia para Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades de Estados Unidos. Para evitar este problema, empieza por reducir su presencia en la cocina, principalmente con aquellos alimentos expuestos con anterioridad. También puedes sustituir el papel de aluminio por otros materiales como el papel vegetal encerado, el film transparente o los recipientes de vidrio para conservar el calor. Además, deja de utilizarlo para evitar que el horno se ensucie, pues el calor multiplica los riesgos.

Otros malos hábitos que hay mejorar

Aunque parezca un caso aislado, el uso del papel de aluminio para cocinar no es el único hábito que podría resultar nocivo para la salud. ¿Qué otras costumbres debemos erradicar de inmediato?

Foto: iStock.
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  • La contaminación cruzada es uno de los errores más frecuentes en la cocina. Este concepto hace referencia al contacto de los alimentos con sustancias ajenas y perjudiciales para la salud. Por ejemplo, cuando un cuchillo que ha sido utilizado para cortar carne cruda se usa también con alimentos ya cocinados o cuando el goteo de los líquidos de descongelación cae sobre otros ingredientes en el interior del frigorífico. Durante esta milésima de segundo, miles de patógenos y microorganismos pueden contaminar la comida. Para solucionarlo, separa bien los alimentos crudos del resto y mantén limpios los utensilios y superficies que participan en el proceso, al igual que tus manos.

  • En este caso, el fallo afecta directamente al resultado del plato. Hablamos de la temperatura adecuada para cocinar con una sartén. Normalmente, las prisas nos impiden esperar a que esta se caliente lo suficiente antes de añadir los ingredientes, provocando que queden empapados de aceite y pierdan el sabor y la textura característicos. Una técnica infalible para reconocer el momento perfecto es calentar la sartén a fuego medio hasta que al dejar caer una gota de agua esta salte y salpique la superficie. Es entonces cuando deberás añadir tanto el aceite como los alimentos.

El calor al que están sometidos los alimentos en el cocinado es responsable de la filtración de las partículas de aluminio

  • Otro hábito problemático es saltear las verduras húmedas. Normalmente, al comienzo de la receta, este tipo de alimentos se deben lavar a conciencia. Sin embargo, en vez de reposar y eliminar el exceso de humedad, van directas a la sartén donde les espera el aceite ya caliente. Esta combinación puede causar salpicaduras y quemaduras indeseadas.

  • El proceso de descongelación es uno de los más delicados. La mayoría de cocineros de andar por casa sacan los productos congelados y los dejan a temperatura ambiente para que el hielo desaparezca. Grave error, pues muchos de los microorganismos que habitan en ellos son capaces de sobrevivir si no se descongelan a la temperatura adecuada, fomentando su proliferación. La manera apropiada de hacerlo es dentro del frigorífico o ya durante la cocción.

  • Con el objetivo de finalizar la receta lo antes posible, muchas veces incluimos todos los ingredientes de golpe en la batería de cocina. Este gesto al final resulta contraproducente, pues cada alimento necesita un espacio y tiempo de cocción determinados. Además, algunas carnes y vegetales sueltan sus propios jugos, que le otorgan una textura mucho más suculenta y que se desvanecen al entrar en contacto con sus compañeros de plato.