No existe un plato internacional que merezca más este reconocimiento que la lasaña, una receta de sobra conocida por todos, formada por capas y hecha a base de pasta, carne o vegetales, queso y bechamel. Una combinación con siglos de historia y que cada 29 de julio disfruta de un sentido homenaje. Su nombre procede de la palabra griega 'lasanon', que en castellano significa ‘plato’ o ‘tazón’. Y es que los antiguos griegos, una de las civilizaciones a las que se le atribuye su origen, usaban un recipiente especial para cocinarla. Un método que, supuestamente, años más tarde heredarían los romanos ('lasanum'). ¿Cómo ha evolucionado hasta nuestros días? Descubrámoslo con motivo del Día Internacional de la Lasaña.

Un origen difuso

A pesar del tiempo que ha pasado desde su primera elaboración, algunos historiadores aún dudan sobre el auténtico origen de la lasaña. Personajes de la talla del filósofo Cicerón o el poeta Horacio dejaron en evidencia su pasión por ella en algunos textos escritos, demostrando el ilustre pasado de un plato que todavía causa sensación entre los comensales y que algunos consideran el primer plato de pasta de la historia. Sin embargo, las dudas sobre su autoría se remontan al descubrimiento de una receta romana, muy similar a la que se prepara actualmente, por parte del erudito italiano Francesco Zambrini en 1863.

En el pasado, la pasta de la lasaña era de espinacas.
En el pasado, la pasta de la lasaña era de espinacas.

Con la expansión del Imperio romano, la lasaña llegó a otras partes de Europa, siendo Gran Bretaña el país más apasionado y polémico de todos. A día de hoy, Italia y Reino Unido todavía se disputan el origen del plato. Y es que la primera receta certificada forma parte de un libro medieval dedicado al rey Ricardo II de Inglaterra en 1390. Mientras que los italianos defienden la relación entre esta y la cocinera María Borgogno, quien ya en 1319 elaboraba su propia ‘lasagna’. ¿Quién es entonces su verdadero creador?

Ajenos a este debate, los españoles conocieron por primera vez la lasaña en la década de 1980 y tal fue su acogida que muy pronto quedó integrada en nuestro recetario particular. De hecho, algunas marcas ajenas al sector de la alimentación decidieron abrir su abanico de productos a este suculento manjar, entre ellas Colgate -sí, la de la pasta de dientes-, que puso en el mercado su propia lasaña congelada de ternera. Un auténtico despropósito que apenas duró unos días en la vitrina del supermercado.

Prepara la receta original

La salsa de ragú es uno de los elementos más importantes del plato.
La salsa de ragú es uno de los elementos más importantes del plato.

Aunque su autoría todavía resulta confusa, los ingredientes que conforman la receta original siempre han estado muy claros. Tal y como relata Nicoletta Negrini, dueña y promotora de la Accademia del Gusto en la revista 'Consumer', la primera versión de la lasaña tenía un componente estrella que ahora brilla por su ausencia. La masa que forma las láminas de pasta estaba elaborada con espinacas, que iban acompañadas de carne y queso parmesano. El ragú o salsa boloñesa que ahora forma parte de la receta fue incluido años más tarde en Bolonia, una ciudad rica en productos frescos. ¿Cómo se puede hacer esta receta sin caer en el intento?

  • Uno de los elementos que hay que elaborar con sumo cuidado es la bechamel. Si esta tiene grumos, la lasaña no saldrá como es debido. Para evitar este problema, recuerda añadir siempre los ingredientes líquidos a los ingredientes secos, poco a poco y nunca al revés. Tampoco puede quedar demasiado fluida. Para comprobar la consistencia adecuada de la bechamel, echa un cucharadita de la mezcla en un plato y si resbala, es que está más líquida de lo que debería.

  • Las hojas de laurel son un ingrediente indispensable para cocinar la salsa ragú de la lasaña. Para que su sabor se impregne a la perfección con la carne, la cebolla y el resto de alimentos, se aconseja colocarlas unos minutos antes en la olla para que así expulsen libremente sus aceites esenciales.

¿Grecia, Italia o Gran Bretaña? A día de hoy, el origen de la receta es todavía muy confuso

  • Para que el ragú no adquiera un sabor ácido y perjudicial para el resultado final del plato, compra siempre una salsa de tomate de calidad. En cambio, si ya tienes todos los ingredientes en la olla y quieres solventar el problema, recurre a una o dos cucharaditas de azúcar para rebajar dicho matiz. Además, deberá cocinarse al menos durante 2 horas para que el sabor sea más intenso y no quede agrio.

  • Por otro lado, las láminas de pasta deben hervir únicamente dos minutos y secar correctamente para evitar una textura indeseada. Este proceso debe ocurrir justo antes de empezar a montar la lasaña. “Si en vez de comprar las láminas de pasta, las hacéis vosotros en casa sería mucho mejor”, recomiendan desde el blog 'O mamma mía'.

  • La lasaña es un plato pesado y contundente. Para evitar que el comensal se sienta mucho más hinchado de lo habitual, debes evitar el exceso de aceite. Muchas personas no solo incluyen este aderezo durante la preparación del ragú, sino también en el montaje de la lasaña. Este último paso es totalmente prescindible.