Fue en el verano de 2007 cuando un pequeño bar de Santa Cruz, en California (EEUU) decidió iniciar una tradición que rinde homenaje a una de las bebidas fermentadas más antiguas de la historia: la cerveza. Esta celebración llamó tanto la atención entre los amantes de la bebida que actualmente se extiende por más de 50 países de los cinco continentes. Los mismos que consumen cada año cientos de litros de cerveza, siendo República Checa, Alemania y Austria los más apasionados con más de 100 litros anuales per cápita cada uno. Un ranking en el que España se encuentra a la cola, con tan solo 47 litros anuales per cápita, el equivalente a más de 1.300 piscinas olímpicas. Pero ¿dónde nació esta ferviente popularidad?

Una historia milenaria

La cerveza ya era muy popular en el antiguo Egipto.
La cerveza ya era muy popular en el antiguo Egipto.

“Se puede afirmar que se han encontrado restos de cerveza en China hace 7.000 años, pero el origen se sitúa más atrás. La cultura del uso de cereales tiene por lo menos 19.000 años. En esa época tan remota es difícil distinguir entre semillas cultivadas, salvajes o algo intermedio. Pero si alguien se toma el trabajo de recogerlas es porque sabía cómo utilizarlas, probablemente en algo que evolucionó y que se acabaría llamando cerveza”, relata Antonio Fumanal, maestro cervecero de Ambar, en su página web oficial. Un origen que finalmente levantó todo un imperio a su alrededor, gracias en parte a la civilización sumeria. A ella se le atribuye la elaboración de la primera receta escrita de cerveza.

A partir de ese momento, este exquisito elixir calmó la sed de faraones, griegos y romanos. Sin embargo, no fue hasta la Edad Media cuando la industria experimentó un cambio de 360 grados. En primer lugar, gracias a la producción industrial y después con el uso del lúpulo como ingrediente fundamental de la mezcla, famosa por sus propiedades conservantes y antisépticas. Lamentablemente, en 1516 se estableció la Ley de Pureza en Bavaria, que todavía se mantiene en la actualidad. Esta establece que la cerveza solo se puede producir a base de cebada, lúpulo y agua, una combinación a la que después se añadiría el trigo y que llegó a nuestro país con el rey Carlos I un año más tarde.

Desde entonces, y con la Revolución Industrial como motor del cambio, se modernizó a través de factores ahora indispensables como la refrigeración comercial, el embotellado automático, la pasteurización o la invención de la lata de cerveza, lo que mejoró los costes, el transporte y el almacenamiento del producto. Ahora, en pleno siglo XXI, la industria hace frente al nacimiento de las cervezas artesanas, las microcervecerías o las versiones sin alcohol ni gluten. Una realidad que de cara al futuro seguirá evolucionando. ¿Qué te parece aprender ahora a realizar tu propia remesa de cerveza desde la comodidad de tu casa? Toma nota.

Malta. (iStock)
Malta. (iStock)

Manual para elaborar cerveza en casa

Aunque parezca un proceso solo apto para los maestros ya experimentados, lo cierto es que la elaboración de cerveza artesana supone un reto viable para cualquiera que se atreva a cumplirlo. Eso sí, además de las herramientas e ingredientes tradicionales, deberás armarte de paciencia pues se trata de una técnica que suele extenderse varias semanas. Bajo esta premisa, lo primero es adquirir los ingredientes básicos de la receta: agua, cebada, lúpulo y levadura.

Aunque las cantidades varían en función del tipo de cerveza que se vaya a elaborar, en términos generales serían 30 litros de agua, 4,5 kilos de malta de cebada, 25 gramos de lúpulo y un sobre de levadura especial para cerveza; todo ello para una remesa de hasta 15 litros. Tampoco hay que olvidar las botellas donde después reposará el líquido resultante. Estas deben ser oscuras, opacas y resistentes a la presión. ¡Empezamos!

"Se han encontrado restos de cerveza en China hace 7.000 años, pero el origen se sitúa más atrás"

  • Macerado. Rellena una olla con agua sin cloro y caliéntala, sin llegar a hervir, a una temperatura de entre 62 ºC y 72 ºC. “A temperaturas inferiores, las enzimas que consumen el almidón son mucho menos activas. En cambio, a temperaturas superiores a 74 se mueren”, advierten desde Cerveza Artesana. Después añade la cebada –un kilo por cada tres litros de agua– y remueve de vez en cuando durante 90 minutos. El objetivo es que el almidón se transforme en azúcar, obteniendo así el mosto.
  • Cocción. El mosto debe hervir durante una hora. A lo largo de este proceso deberás incluir también el lúpulo, que es el responsable de aromatizar y dar un sabor amargo a la cerveza. Una vez finalizado el tiempo de cocción, filtra el líquido resultante o remueve la mezcla para que los residuos del grano se separen del producto.
  • Enfriado. Para que la cerveza adquiera la temperatura adecuada, existen varios métodos de enfriamiento: colocar la olla en agua fría, mediante el uso de un fermentador o con un serpentín por el que también circule agua fría. El mosto debe alcanzar una temperatura media de 25 ºC.

Foto: iStock.
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  • Fermentación. Ya solo queda añadir la levadura, encargada de convertir el mosto en cerveza. “Vierte la levadura por encima del mosto, que previamente se habrá oxigenado durante el trasvase. Tapa el fermentador y coloca el airlock. En 12-24 horas aproximadamente tendría que empezar la fermentación, aunque hay cepas de levadura que son más rápidas que otras, así que no debemos preocuparnos en exceso”, aconsejan desde Cerveza Artesana. El proceso en total dura entre 4 y 15 días, en un ambiente oscuro cercano a los 20º. Para saber si ha terminado solo tienes que fijarte “si la formación de burbujas en el airlock se ha ralentizado”, añaden.
  • Maduración y embotellamiento. Una vez terminada la fermentación, la cerveza debe trasladarse a otro bidón –preferiblemente frío– para que descanse antes del embotellado y elimine los restos de levadura. Este proceso dura una semana y desemboca en el embotellado. Aunque antes es necesario realizar el priming: disuelve seis gramos de dextrosa –por cada litro de cerveza– en agua hirviendo y después añádelo a la mezcla, para que la levadura genere el CO2. Remueve y tras media hora podrás empezar con el embotellado. La maduración durará un mes aproximadamente, en un lugar oscuro y fresco. ¡A disfrutar!