Por qué se comen palomitas en el cine en vez de otros 'snacks'
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Por qué se comen palomitas en el cine en vez de otros 'snacks'

Este aperitivo de maíz lleva acompañando a los espectadores que acuden a las salas de cine desde que hace décadas se comenzase a extender su consumo en Estados Unidos. Esta es la razón de tal costumbre

Foto: Lo hemos hecho toda la vida. iStock
Lo hemos hecho toda la vida. iStock

Ver una película en el cine parece que lleva asociado el hecho de comer palomitas. Ambos actos van de la mano y a día de hoy es prácticamente ya una tradición en todo el mundo: ir a las salas de proyecciones y percibir el característico olor de este aperitivo de maíz que muchos espectadores llevan en mano para tomar como snack durante la visualización del filme. Ocurre en los cines y también en el sofá de casa y a raíz de esto también se consumen otros piscolabis como patatas o pipas. Entonces surgen dos preguntas: ¿cuándo y dónde se comienza a comer palomitas cuando se van a ver películas? El origen se remonta a casi hace un siglo.

Estados Unidos y la Gran Depresión

A comienzos del siglo XX las salas de cine estaban comenzando a ser cada vez más visitadas. No obstante, no sería hasta que llegó el sonido a las películas en 1927 cuando estas experimentaron un auge en su clientela, pues ya no era necesario saber leer para entender lo que la obra estaba contando. Millones de personas acudían semanalmente a un cine que apenas costaba unos 20 céntimos de dólar allá por los años 30.

Los dueños de las salas de cine no querían que se introdujera comida en el interior para no manchar el aspecto solemne que querían imitar de los teatros. Andrew Smith, autor del libro Popped Culture: A Social History of Popcorn que explora la historia de dicho alimento, explicaba que estos empresarios no querían que los hermosos tapetes y alfombras se llenaran de palomitas.

Foto: iStock
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Los espectadores, en cambio, querían llenar su estómago para no pasar hambre durante las sesiones de proyección que a veces podían llegar a ser dobles. En las zonas externas a los cines comenzaron a establecerse vendedores de palomitas. Con la Gran Depresión que azotó a la economía estadounidense, estos aperitivos de maíz eran baratos y costaban en torno a los 5 o 10 céntimos. Esto permitió que muchos espectadores acudiesen a consumirlas antes de entrar al cine. Y que otros tantos las tratasen de introducir de manera clandestina en los bolsillos de sus abrigos, aunque pronto aparecieron revisores que cacheaban en la búsqueda de estas bolas de maíz.

No obstante, la crisis económica y la realidad llevó en 1938 a que los propietarios de los cines no pudieran ignorar la oportunidad de aumentar su lucro y de contentar a las masas. Unas ganancias que hasta la fecha solo se llevaban los vendedores callejeros. Así, los empresarios optaron por comenzar a instalar sus propias máquinas de palomitas y vender sus aperitivos en las entradas a las salas para aumentar su margen de beneficios. También permitieron que algunos de estos comerciantes hicieran negocio en su interior o en una esquina del edificio a cambio de una tasa diaria.

Su consumo aumentó tras la II Guerra Mundial

Con la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno de Estados Unidos comenzó a racionar el consumo de productos básicos como el azúcar. No obstante, no limitó la producción de palomitas de maíz, un alimento energético y barato de producir que los americanos continuaron consumiendo de manera abundante. Esto lo hizo mucho más popular aún y siguió siendo el snack por excelencia de las salas de cine.

Así, a finales de la guerra, hacia el año 1945, el consumo de las palomitas estaba estrechamente ligado con los cines. Más del 50% de la ingesta de dicho alimento en Estados Unidos provenía de las salas de proyecciones, según señalaba el citado libro de Smith.

Las palomitas también se consumen en casa.
Las palomitas también se consumen en casa.

Esta cultura de comer palomitas en el cine llegó también a Europa y se expandió en el Viejo Continente. Aunque, posteriormente, la llegada de la televisión a los hogares en los años 50 y 60 implicó un descenso del consumo audiovisual en las salas de proyecciones y con ello una bajada en la ingesta de palomitas, que además eran más costosas de realizar en casa. Por suerte, el invento del microondas en los 70 se descubrió como un electrodoméstico que facilitó el volver a consumir el preciado snack de maíz ya no solo en el cine, sino también en el calor del hogar. Así hasta llegar al día de hoy.

En la actualidad, las palomitas se han convertido en todo un símbolo que incluso se promociona y anuncia en las propias salas de proyecciones –y que aportan pingües ganancias–. Y es que el olor de las mismas siempre impregna las salas de cine como un elemento característico. No en vano, una alternativa sigue siendo la de llevar la propia comida de casa, algo totalmente legal que incluso en España la justicia ha amparado.

Aperitivo Cocina americana
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