Actualmente, buscamos una vida lo más cómoda posible y la comida es un fiel reflejo de ello. Por supuesto, si se trata de una opción saludable y cuya preparación tiene lugar en un tiempo récord, mucho mejor. Por lo tanto, las bolsas de ensalada ya lavada y lista para consumir son uno de los productos estrella de cualquier supermercado. Además, a algunos les gusta aderezarlas con esas salsas que venden en el pasillo siguiente. Así, logramos comer sano y rico sin apenas despeinarnos.

Sin embargo, según un estudio de la Universidad de Leicester (Reino Unido) publicado en 2016, las bolsas de ensalada constituyen el hábitat ideal para la proliferación de bacterias como la salmonela. De hecho, únicamente se necesitan cinco días de almacenamiento en refrigeración para que una colonia de tan solo 100 bacterias se multiplique hasta llegar a las 100.000.

Ni lavándolas de nuevo

Según esta investigación, a pesar de que las hojas de ensalada son una parte importante de una dieta saludable, en los últimos años “se han asociado con un riesgo creciente de intoxicación alimentaria por patógenos bacterianos como la Salmonella enterica”. Los responsables del estudio aseguran que se sabe muy poco acerca del comportamiento de la salmonela en dicho entorno. “Descubrimos que los jugos liberados de los extremos cortados de las hojas de la ensalada permiten que las células de salmonela crezcan en agua, incluso cuando está refrigerada”, detallan los investigadores.

Foto: iStock.
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Muchos pensarán que lavándolas de nuevo se libran de contraer esta infección, pero ni por esas. Tal y como resaltan los expertos, “hay tipos de bacterias que simplemente no se pueden lavar, o la contaminación ocurre en lugares donde normalmente no se salpica con agua, como dentro del núcleo de una cabeza de lechuga. Eso puede hacer que sea bastante difícil prevenir la intoxicación por alimentos”. Lo cierto es que las hojas de ensalada, dado que se procesan mínimamente y se ingieren crudas, representan un riesgo de infección grave.

Michele Jay-Russell, investigadora de inocuidad de alimentos de la Universidad de California, que investigó brotes de envenenamiento relacionados con ensaladas en el pasado, aseveró que las verduras crudas “son las culpables más comunes, pero especialmente las cortadas y en bolsas”.

MacDonald’s retira sus ensaladas ante un brote

Cabe recordar que este verano, la cadena de restaurantes McDonald's se vio obligada a retirar las ensaladas de 3.000 establecimientos de EEUU por una intoxicación masiva por lechuga contaminada. Todo a raíz de que se declarasen cerca de 90 casos de ciclosporiasis, una enfermedad que se contrae por un parásito cuyo síntomas son diarrea, dolor de estómago, fatiga y náuseas. Estas mezclas de ensaladas se vendían en los locales ubicados en el Medio Oeste estadounidense. La noticia incluso afectó a la consideración en bolsa de la compañía.

¿La comodidad tiene un precio?

Foto: iStock.
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Resulta evidente que recurrir a las ensaladas envasadas nos simplifica la vida. Así, según Florette, una de las compañías con mayores cuotas de mercado, “8 de cada 10 hogares españoles consumen ensaladas envasadas”. Además, solo en los centros de esta marca se producen 600.000 bolsas de ensalada al día. En total, su producción anual se cifra en las 45.000 toneladas. A estas ingentes cantidades habría que sumar las que ofrecen otros fabricantes de gran tirón como Verdifresh, en Mercadona, o la marca blanca de otros muchos supermercados como Carrefour, que también dispone de su propio producto.

¿Qué hacemos entonces?

Por lo tanto, la industria no quiere que su consumo decaiga y se afana por encontrar fórmulas con las que atajar la contaminación por patógenos. En concreto, según informan desde la web Fresh Plaza, unos investigadores de la Universidad de Queensland (Australia) están trabajando codo con codo con el instituto Horticulture Innovation Australia para incorporar bacterias probióticas a esta clase de productos.

Los expertos tomaron esta determinación tras el brote de salmonela que afectó a 300 personas en Queensland, Victoria y Australia Meridional por consumir ensaladas y brotes embolsados. Esta situación, además de un obvio problema de salud, provocó un descenso drástico de las ventas que se desplomaron un 30% en tan solo un día.

Ocho de cada diez hogares españoles consume este tipo de producto

Ante el suceso, los investigadores se han propuesto comercializar una bacteria ácido láctica 'beneficiosa' que impide el desarrollo de la salmonela y la listeria, y se presenta de forma natural en las frutas y las hortalizas. Así, la lechuga se sumerge en una solución que contiene dicha bacteria, que se mantendría en la ensalada durante su vida útil. Mientras la industria trabaja en ello y si no podemos resistirnos a nuestra consabida ensalada de bolsa, debemos tener presente estas cautelas:

  • Aunque esté lavada y lista para su consumo, volved a limpiarla. Sin embargo, es cierto que una vez que la lechuga procesada está contaminada, es difícil eliminar las bacterias incluso con agua de lavado clorada.
  • Aseguraos de que vuestras manos estén limpias y, una vez hecho, mantened los vegetales alejados de cualquier comida cruda.
  • Procurad guardarla cuanto antes en la nevera.
  • Aunque la lechuga presente buen aspecto, bacterias como la E.coli crecen rápidamente en aquellas hojas que están deterioradas. Por lo tanto, tened la precaución de desechar las más mustias.