En España se consume mucho pescado, unos 23 kg por persona y año, y representa más de un 13% del total del gasto de los hogares en alimentación y bebidas. Y aunque pueda parecer lo contrario, una abrumadora cantidad, en torno al 80%, se consume en casa, no en los restaurantes, según el Informe de Consumo del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Los congelados siguen sin desbancar al pescado fresco, cuyo problema, sin embargo, es que si no se limpian o se piden al pescadero partes específicas, es imposible evitar las incómodas espinas. Es una de las razones por las cuales pescados exquisitos como el congrio o el cabracho son descartados a menudo, porque nos obligan a comerlos con mucho cuidado debido a la gran cantidad de ellas que encontramos en su carne.

Los gallos, el jurel o la caballa son muy indicados para separar sus lomos limpios, además de ser asequibles

Repercute especialmente en la alimentación de los niños, porque tememos que se traguen espinas o que simplemente acaben aborreciendo cualquier receta. Para ello hay pescados con menos espinas que otros y que son más fácilmente evitables antes de cocinarlos. Son además una alternativa más barata frente a otros más caros, como la merluza o el rape, cuyos lomos y cola tienen también muy pocas espinas.

Pescado azul

Los gallos, por ejemplo, se filetean muy fácilmente: en la pescadería pueden dejar limpios los lomos para que solo se tengan que freír y empanar. Lo mismo ocurre con la caballa y otros pescados azules como el jurel o los boquerones: muy sabrosos y sin apenas espinas. Otra opción son las truchas de piscifactoría, de las cuales también se puede extraer la parte carnosa con facilidad.

Filetes de gallo.
Filetes de gallo.

El bacalao es también un tipo de pescado que, ya sea fresco o salado, su carne apenas tiene espinas, aunque precisamente una de las recetas más populares, al pilpil, requiere de gelatina, por lo que es indicado cocinarlo con ellas. Es la mayor pega gastronómica que podemos encontrar en algunas especies: requieren que se cocine toda la pieza si le queremos sacar el máximo partido, como es el caso del rodaballo, por poner un ejemplo.

Otra opción son los congelados: pescados de todo tipo cuyas piezas y cortes también las evitan

Son recomendables también los filetes del halibut del Atlántico, también conocido como el pez mantequilla en la gastronomía japonesa y en España con el nombre de fletán. Solo tiene una gran espina dorsal, por lo que se separa sin esfuerzo. Es un pescado con bajo contenido en grasa y muchas vitaminas. El pez vela posee una carne firme y aunque sus partes no se separan tan fácilmente, carece también de espinas.

Variedades asiáticas

Otro menos conocido es la tilapia, que proviene principalmente de China y que se comercializa en filetes frescos sin piel y sin espinas o envasada al vacío. Sin embargo, al igual que el panga, un pez de río que provenía también de Asia, su consumo, que se popularizó durante la crisis, acabó desapareciendo prácticamente debido a que se retiró de colegios y supermercados después de algunas campañas en contra, aunque es totalmente seguro.

Al margen del pescado fresco, existe una gran variedad de congelados, de los cuales una de sus principales características es que se han preparado sus trozos, además de ser eviscerados y en cortes limpios. Aunque en España su consumo aún es minoritario, está ganando terreno debido a otras razones, como es la preocupación por el parásito anisakis. Un estudio de la National Fish and Wildlife Foundation esgrime, además, que su calidad, cuando son descongelados, es prácticamente igual a la del pescado fresco, o incluso mejor, sin ninguno de los riesgos de este.