Según estudios de la comunidad científica, ya existía la intolerancia a la lactosa hace 5.000 años. Lo que no existía por aquella época eran leches alternativas, una ventaja de la que sí podemos beneficiarnos hoy en día. No hay más que echar un vistazo al lineal del supermercado para comprobar que este tipo de leche está de moda entre los consumidores que demandan incluso otros productos lácteos -como quesos y hasta mantequillas- modificados.

Es el fenómeno de la sin lactosa. Mientras que el consumo de leche acumula varios años de descenso en los hogares españoles, con un ligerísimo repunte de un 0,1% para este año -según los datos del último Informe de Coyuntura del Sector Vacuno de Leche-, la leche sin lactosa es la única cuyas ventas siguen aumentando. Según este informe publicado en Alimarket, en 2015 ya crecía a un 22%.

"Cada vez más personas se autodiagnostican como intolerantes en lugar de acudir al médico"

¿Eso significa que también crece el número de intolerantes a la lactosa? Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), un tercio de la población tiene intolerancia, lo que significa que no son solo ellos han decidido añadir este tipo de leche a su cesta de la compra. Sucede porque la perciben como una alternativa más fácil de digerir y más saludable, pero sin base científica y sin un diagnóstico médico previo que confirme su intolerancia.

Almudena López Matallana, desde la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil), apunta al autodiagnóstico como una de las causas este fenómeno: “Cada vez más personas que presentan alguna molestia o problemas digestivos, por lo que leen u oyen, se autodiagnostican como intolerantes a la lactosa en lugar de acudir a los profesionales de la salud. Esta moda, carente de base científica alguna, les lleva a dejar de consumir productos que no afectan a su salud de ninguna manera”.

Leche con cereales
Leche con cereales

No hay duda de que está de moda pero hay que tener en cuenta que “quien no tenga ningún problema digestivo no va a obtener ningún beneficio (extra) de la leche sin lactosa”. Lo confirma la doctora Ana Zugasti, del área de nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), y añade que “ni es más saludable ni engorda menos. Simplemente es una leche adecuada a ese porcentaje de población que sí tiene intolerancia”.

Paradójicamente, este cambio de hábitos sin motivo aparente está llevando consigo un posible aumento de intolerantes. “Si dejamos de trabajar la lactasa -la enzima que transforma la lactosa en el organismo-, esta se vuelve perezosa”, apunta Zugasti. Y la nutricionista evidencia que está sucediendo en aquellas familias que, por solidaridad con algún miembro, han decidido pasarse a la sin lactosa por comodidad a la hora de la compra. “Aunque estos casos son difíciles de determinar”, añade.

"Quien no tenga ningún problema digestivo no va a obtener ningún beneficio de la leche sin lactosa"

Y es así porque la leche sin lactosa es un alimento dirigido solo aquellas personas que padecen intolerancias. Son ellos quienes realmente obtienen un beneficio de esta leche modificada, o ‘predigerida’, en la que se ha transformado la lactosa en glucosa y galactosa antes de su consumo para que siente bien. Para este tipo de personas, “la sin lactosa es una de las mejores opciones desde el punto de vista nutricional”, asegura la doctora. Porque no tomarla significaría renunciar a un alto contenido de nutrientes, ya que la variedad sin lactosa es leche de vaca con todas sus propiedades.

Por otro lado, hay quienes se han pasado a las bebidas vegetales, derivadas de la soja, la avena o las almendras, quizá sin saber que "la leche sin lactosa es una de las mejores opciones desde el punto de vista nutricional”, asegura Zugasti. Porque puede que el contenido calórico de las bebidas vegetales sea equivalente al de la leche, pero contienen una menor cantidad y calidad de otros nutrientes, como proteínas, minerales o vitaminas, según confirman doctores como Zugasti y en la mayoría de casos azúcares añadidos.

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