Según el informe anual de 2017 publicado por la Comisión Europea sobre los casos de fraude alimentario, España es el país que más sospechas ha suscitado en el Sistema de Asistencia y Cooperación Administrativa. Una situación que ha empeorado con el paso de los años debido a la implicación del Estado en el control de la venta online de los alimentos elaborados dentro de nuestras fronteras.

Pero ¿qué entendemos por fraude alimentario? Este consiste en “la adulteración intencional y adulteración económicamente motivada de alimentos. Es la adición fraudulenta de sustancias que no son auténticas o la sustitución de sustancias auténticas sin el conocimiento del comprador, para que el vendedor obtenga beneficios económicos”, explica Nestlé desde el informe de Prevención del Fraude Alimentario.

España es el país que más sospechas ha suscitado internacionalmente en materia de fraude alimentario

Este engaño puede dividirse a su vez en la venta de alimentos inadecuados o potencialmente perjudiciales, como la carne de origen desconocido o los productos que ya han sobrepasado la fecha de caducidad, y el etiquetado incorrecto mal intencionado como las falsas declaraciones sobre la posición geográfica del ingrediente o la sustitución de alimentos por una alternativa más económica. Como ya hemos visto anteriormente, el mercado español está plagado de casos, pero siempre suelen afectar al mismo tipo de productos. ¿Cuáles son los alimentos que corren más riesgo de sufrir fraude alimentario?

Atún

Foto: iStock.
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En 2016 y 2017, se detectaron varios casos de venta de atún enlatado como fresco. Una variedad que se vendía al consumidor por un valor de entre 12 y 15 euros, más del doble del que realmente le correspondía. Esta práctica supuso un beneficio de 200 millones de euros. Ese mismo año, otra empresa del sector llevó a cabo un cambio de color con el objetivo de que el pescado pareciera más fresco y así poder venderlo más caro a través del uso de sales y extractos vegetales.

No obstante, otras especies de pescado como el bacalao o la merluza también han sido víctimas del fraude alimentario. ¿Cómo? Al ser etiquetados con el nombre de otro pescado mejor valorado comercialmente.

Aceite de oliva

Al ser un producto de gran demanda y valor económico, son muchos los productores que recurren a su fama y prestigio para sacar una buena tajada económica. El truco más utilizado es mezclar aceite de oliva original con otros aceites más baratos como, por ejemplo, el de avellana o cacahuete. Tal es su popularidad entre los estafadores que algunas agencias aseguran que el 80% del aceite procedente de Italia es falso. En nuestro país, la Organización de Consumidores y Usuarios ha denunciado recientemente el fraude de etiquetado de algunas de las marcas más importantes del mercado patrio, dejando en evidencia el alcance del problema.

Miel

Foto: iStock.
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Hace tan solo unos meses, Vaughn Bryant, profesor de la Universidad de Texas y experto en palinología -disciplina que estudia el polen y las esporas-, reveló a través de un estudio que el 76% de las mieles que habitan en el mercado han sufrido un proceso de filtrado masivo para eliminar las impurezas y los restos de polen. Dos compuestos que además van acompañados de un sinfín de vitaminas, minerales y aminoácidos, así como otras propiedades antivirales, antibacterianas y antifúngicas. Una larga lista de beneficios que tras esa 'limpieza' brillan por su ausencia.

Sin olvidar la presencia de jarabe de azúcar, jarabe de maíz, fructosa o azúcar de remolacha en otros casos de fraude. Sin embargo, el peor de todos reside en aquellas empresas que también incluyen antibióticos, edulcorantes dañinos o productos químicos en una composición que debería ser 100% natural.

Especias

Uno de los grupos de alimentos más castigados por el fraude alimentario en todo el mundo. Hace un par de años, parte del orégano que se comercializaba en Australia era sustituido por hojas de olivo y zumaque molidas, llegando a alcanzar un 90% del producto total. Otra de las especias que suele padecer esta tipo de adulteración es el azafrán, debido a su alto valor económico. En la mayoría de casos, se debe a la presencia de sustancias tóxicas en su composición como, por ejemplo, el cromado de plomo o el tetraóxido de plomo. Además, la Marca España suele aportar al azafrán un prestigio añadido, por lo que algunas empresas etiquetan el producto como español cuando en realidad no lo es.

Huevos

Foto: iStock.
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El caso más sonado salió a la luz en 2017, aunque la actividad fraudulenta que puso en jaque a las autoridades se remonta al año 2016. Tal y como descubrió la Comisión Europea, numerosos productores habían utilizado ilegalmente un pesticida conocido como fipronil para desinfectar a las gallinas ponedoras, afectando así a decenas de millones de huevos y a más de 22 países de la Unión Europea.

Otro timo muy recurrente es el de denominar como huevos camperos aquellos que proceden de gallinas enjauladas. No obstante, este método de crianza no es ilegal, aunque la normativa obliga a cumplir una densidad de 750 centímetros por jaula y ave. Algo que tampoco se cumple a rajatabla.

Zumos de frutas

El caso más frecuente de adulteración está relacionado con la ausencia de ciertas frutas en la composición final del producto que sí aparecen en el envase y cuyo contenido no está autorizado. Los elaborados con manzanas, naranjas y granadas son los más susceptibles al fraude. Algunas empresas también suelen diluir parte del zumo en agua, para añadir después edulcorantes y colorantes para que parezca concentrado. Sin olvidar la gran cantidad de calorías, carbohidratos y azúcar que incluyen, todo ello mientras son vendidos al público como una alternativa igual de saludable a la versión original.