En navidades la línea que divide el agradecimiento del obsequio se traspasa con comida. No hay ninguna etiqueta de conducta específica, pero sí un arraigo, una costumbre que marca la diferencia entre enviar una educada felicitación y la tradicional cesta de Navidad, tan propia y única de España. El mayor aguinaldo, el más distinguido, han sido siempre esos lotes repletos de comida que ahora mismo viajan por toda España transportando turrones, jamón, patés, conservas, vinos, cavas y licores.

Se remonta hasta el siglo XVI con el mismo espíritu, aunque haya evolucionado en su presentación y su contenido. El poeta Luis de Góngora (1561-1627) lo dejó escrito en sus cartas y Francisco de Rojas Zorrilla (1607-1648), en la comedia 'Abre el ojo': “Con achaque de las Pascuas tengo determinación de enviar ahora un regalo (…).Trae dos cajas de turrón, dos pavos, cuatro pares de perdices”. La opulencia del pasado, reservada en los siglos XVI y XVII a las clases pudientes, se extendió en gran medida al resto de la sociedad con el tiempo.

"Los productos apenas han variado en décadas, pero ahora hay menos y en cambio son de mayor calidad"

Ana Coll, del grupo Disber, una de las empresas que factura el mayor volumen de cestas en cantidad y valor monetario de toda España, explica a Alimente que ya no hay pavos y perdices como en aquellos tiempos, pero siguen conservándose muchas de las costumbres. "La Navidad es muy clásica por definición. Lo que nunca falta en las cestas son vinos y cavas, algún destilado, los ibéricos como el jamón, el salchichón y otros embutidos, que son los más apreciados, además de las conservas, aceites y por supuesto los dulces, entre los que, como es lógico, los más importantes son el turrón blando y el duro".

Exotismos con mesura

¿Qué ha cambiado entonces? Que en las últimas décadas la tendencia ha consistido en reducir su tamaño: menos productos pero de mejor calidad, independientemente de la gama de precios que se elija. "La norma general es esa, da igual la escala de precio, lo que nos piden son los mejores productos dentro del presupuesto en vez de rellenar con muchas cosas de menos valor" comenta Ana Coll.

"Antes había cuatro botellas de licores: brandy, anís, ginebra y whisky. Ahora solo hay una, pero es prémium"

Lo confirma Alberto Martí de Cestas Martí, cuya empresa lleva en el negocio desde los años 60. Tal y como relata a Alimente desde Palma de Mallorca, el gran cambio que han sufrido, no ya desde la fundación, sino hace 20 años, ha sido profundo, aunque se mantengan ciertas tradiciones: "Lo más llamativo ha sido el caso del alcohol: antes se incluían con el cava y el vino, que siguen siendo intocables, hasta tres y cuatro botellas de destilados y licores: un brandy, anís, ginebra y whisky".

Surtido de Disber.
Surtido de Disber.

Las modas y tendencias de algunos productos en alimentación han calado poco en una costumbre tan típica, pero existen. En Disber no ofrecen aguacates, ni frutas exóticas, mientras que Alberto Martí sí aclara que han surgido pedidos más especiales, "temáticos", como los define, en los que puede no haber alcohol, o que no haya turrón incluso, mientras que en otras cajas se introducen productos más actuales como la quinoa.

"Deben incluir lo que no puedes comprar en un súper, porque tiene que ser extraordinario, no algo normal"

"Existen estas opciones en nuestro catálogo, pero son todavía minoritarias. Representan un 10%, que no es mucho, pero es remarcable. Lo más esencial, sin embargo, es que ya no hay nada de relleno, como las antiguas latas de melocotón en almíbar o piña, y no digamos ya los objetos como vasos, jarrones y otras ocurrencias. Ahora es todo comida y lo que se espera es que haya cosas que no puedas encontrar en un supermercado normal, como una mermelada especial que marida con un foie concreto, un dulce como cerezas cubiertas de chocolate, en vez de una caja de bombones de marca estándar y elementos de ese tipo".

Más gourmet

Ambos coinciden que el boom de la gastronomía ha influido mucho. No solo hay menos cantidad de cosas, sino que todo es más exquisito: "Donde antes había un queso normal, ahora demandan uno trufado o cualquier otra variedad gourmet, por decirlo de alguna forma. Nos hemos vuelto más sibaritas en ese aspecto", aclara Ana Coll. Desde Martí apuntan lo mismo: "Los embutidos han ganado un peso especial, son los grandes protagonistas junto al vino, el cava y el turrón".

Los directivos consideran las cestas como un mayor vínculo, pero los empleados prefieren más dinero

Alberto matiza que, en cualquier caso, ahora con 'cesta de Navidad' nos referimos a todos los lotes de comida, pero ellos diferencian lo que denominan "el mimbre", que es la propia cesta, del resto. Esta es generalmente más exclusiva: ahí entran ya las patas de jamón, por ejemplo, a pesar de que incluso en ese campo también haya mucha variedad.

Una presentación más cuidada.
Una presentación más cuidada.

La representante del grupo Disber incide en la idea de que son un regalo que supera el valor económico: "Una cesta es un acontecimiento familiar cuando llega: abrirla es descubrir qué habrá dentro, aunque sepamos que es comida. Va más allá de que los dueños hagan un regalo a sus asalariados, es una forma de acercarse, de crear un vínculo, que es también muy común con los proveedores y los clientes”.

Un 62% de los empleados que las reciben prefirirían una tarjeta de regalo, según una reciente encuesta

"Los directivos rechazan la tarjeta regalo cuando se la ofrecemos. Nos dicen que no genera la misma ilusión para ninguno de los posibles beneficiarios, ya sean trabajadores, clientes o proveedores. Cuando llega la cesta a casa es un acontecimiento para toda la familia que no tiene otro tipo de remuneración o aguinaldo".

Brecha de clases

La cuestión es que negocian con los directivos, no con los empleados, que resulta que no opinan lo mismo. Una encuesta de Infojobs realizada entre más de 2.300 trabajadores en septiembre de este año revela precisamente lo contrario. Según los datos facilitados por Infojobs a Alimente, el 61% de los empleados que reciben regalos preferirían que no fuera una cesta con alimentos. Es más, si pudieran elegir, un 59% escogería lo contrario: una remuneración extra o una tarjeta regalo. Solo el 27% de ellos declaran estar contentos con la cesta. Aunque hay excepciones en las que el comité de empresa interviene, lo normal es que no les pregunten.

Las tornas se invierten cuando se inquiere a los directivos, que son los que al final deciden: un 62% optan por la cesta, mientras que solo un 7% escogen la tarjeta regalo. Es solo una encuesta y la experiencia de empresas como Disber es diferente, pero quizás haya una distorsión de lo que realmente representa. No deja de sorprender que la visión sea totalmente opuesta. También es cierto que existe un importante nicho que son los proveedores y clientes, que es diferente. Los trabajadores no quieren ilusión, quieren más dinero, según la encuesta.

"Nos gusta ofrecer algo más que una acumulación de productos al tuntún. Cuidamos cada detalle"

A pesar de todo, los tiempos han hecho que la imagen de la cesta típica haya cambiado. Ana Coll esgrime que innovan constantemente y ponen ilusión en su negocio: "Cuidamos mucho la imagen, el envoltorio, la presentación. Producimos el lote como aparece en el catálogo y cuando llega a casa después de los embalajes y kilómetros que sean está exactamente como lo hemos preparado, la colocación de cada producto, el diseño, todo. Nos gusta vender algo más que una acumulación de productos al tuntún. La caja, la disposición, etc, es parte del obsequio, tiene que formar parte del regalo. Le damos muchas vueltas a este tipo de detalles. Es un regalo de alimentación".

Uno de los lotes de Martí.
Uno de los lotes de Martí.

Alberto Martí diferencia entre los lotes o cajas para los empleados, por ejemplo, y los baúles o mimbres que se encargan para algún cliente especial, un amigo o un pariente. El precio medio más o menos de una caja para empleados está entre los 60 y 80 euros, pero remarca que ellos proveen a empresas de gama media-alta y que también las hay por 40. Las más exclusivas superan los 2.000 euros en ambos casos.

El fin de una era

La recesión estuvo a punto de llevarse por delante la costumbre de las cestas, pero al final repuntaron de nuevo. Ahora son más exquisitas, se presentan con más mimo, no contienen bagatelas de relleno y siguen la tradición, sin perder de vista el gran cambio que ha supuesto la popularización de la alta cocina, de la conciencia gourmet.

No obstante, un futuro probable es que acaben ciñéndose a obsequios entre las propias empresas, ya que las demandas de los empleados, a falta de más datos, parece que se encaminan hacia otro tipo de compensaciones. Es decir, volveríamos al Siglo de Oro: la felicitación opulenta de unos pocos encaminada a agradecer favores, ganarse amistades y consolidar negocios. "Dos cajas de turrón, dos pavos, cuatro pares de perdices", como escribió el dramaturgo.