Nuestra forma de vida es insostenible a largo plazo. La comunidad científica lo ha repetido por activa y por pasiva: nos estamos cargando el planeta. Y al contrario de lo que dicen las grandes películas de desastres naturales, nuestro fin no llegará de la mano de una ola gigante que arrasa la ciudad de Nueva York dejando solo en pie la Estatua de la Libertad, o con un glaciar que se desplaza a la velocidad del sonido y derriba helicópteros, sino con un decadente y lento cambio en la climatología, que altere y destruya todos los ecosistemas de los que dependemos para sobrevivir. Para que nos hagamos una idea, un incremento de un grado en las aguas de determinados mares y océanos del planeta ha provocado la destrucción total e irreversible de arrecifes de coral. Solo con un grado, mucho menos de los 2ºC que los firmantes del Acuerdo de París se comprometieron a no rebasar en 2016. Esos dos grados podrían ser la causa de unos cambios radicales en nuestra alimentación en un periodo tan corto de tiempo como treinta años. En 2050 nuestra dieta será, para bien o para mal, completamente diferente.

"Habrá una disminución del suministro de cerveza a nivel global debido al cambio climático"

Los arrecifes de coral parecen, a simple vista, muy alejados de nuestras mesas aquí en España. Que se destruyan es sin lugar a dudas terrible, pero a fin de cuentas, no supone un cambio sustancial en nuestras vidas. Pero ¿y si se tratase de la cerveza? Es el escenario que proponen los investigadores Wei Xie, Wei Xiong, Jie Pan, Tariq Ali, Qi Cui, Dabo Guan, Jing Meng, Nathaniel D. Mueller, Erda Lin y Steven J. Davis, de la Universidad de Pekín, la Academia China de Ciencias de la Agricultura, la Universidad de Cambridge y la Universidad de California. En su estudio, los científicos predicen el futuro ya en el propio nombre del trabajo: 'Disminución del suministro de cerveza en el mundo debido a la sequía y al calor'. Estamos hablando de la bebida alcohólica más consumida en el mundo, y también en España. "Los cinco Modelos Sistémicos Terrestres preveen un aumento sustancial de las sequías y las olas de calor extremo en los próximos años", explican los investigadores. Esto, según ellos, puede tener grandes repercusiones en los cultivos de cebada, ingrediente principal de la cerveza, dado que este cereal es muy sensible al calor. Para comprobar su teoría, los científicos emularon las situaciones que los modelos climáticos predicen en el futuro. Con la recreación lista, cultivaron cebada para comprobar las diferencias con las que crece en libertad. ¿Obtuvieron buenas noticias? No, en absoluto. Una reducción entre el 3% y el 17% de las cosechas, y eso sin utilizar los modelos más extremos.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

De hecho, los investigadores explican que situaciones como estas ya han tenido lugar. Por ejemplo, en Argentina. Dado que la cebada se utiliza ampliamente en la alimentación, la disminución de los resultados de la cosecha desvió cereal para cubrir las necesidades alimentarias de la población, resultando en un consumo de cerveza un 32% menor. Y claro, a menos cerveza, más cara esta resulta. En Irlanda, situaciones similares han aumentado el precio de esta bebida "un 193%", explican los investigadores.

Si esto sigue igual, ya podemos empezar a despedirnos de cortos, cañas, tubos, botellines (o quintos), tercios, litronas y latas

Qué más perderemos

Muy a nuestro pesar, si la cosa sigue así en los próximos años, desaparecerán de nuestras mesas los siguientes alimentos:

  • Aguacate. Despidámonos del guacamole. Investigadores del Lawrence Livermore National Laboratory descubrieron que el cambio climático puede poner en riesgo este perfecto acompañamiento de los nachos. Según el autor principal del estudio, David Lobell, "el cambio climático va a ser un factor importante en la producción de aguacates, perjudicándola seriamente".
  • Manzanas. A lo mejor seguiremos comiéndolas, pero no serían tan dulces ni tan ricas como las de ahora. El problema principal es que los manzanos necesitan inviernos fríos para 'recargar las pilas'. Si la época invernal se vuelve más cálida, habría que optar por cultivos diferentes, más adaptados a estas temperaturas, lo que perjudicaría mucho el sabor del producto. Y no lo decimos nosotros, sino los investigadores Eike Luedeling, Evan H. Givetz, Mikhail A. Semenov y Patrick H. Brown, de la Universidad de California.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

  • Arroz y legumbres. Según un informe de la FAO, publicado en 2005, "los aumentos de las temperaturas, el aumento del nivel del mar y los cambios en los patrones de lluvia a causa del cambio climático podrían provocar modificaciones sustanciales en la tierra y el agua necesarios para la producción de arroz". Y la organización aclara que esto no sería nada bueno para "la producción de arroz en diferentes partes del mundo". Lo mismo le ocurre a las legumbres, que son el sustento diario de más de 400 millones de personas. "Son muy sensibles a la temperatura. Por debajo de 19 grados las variedades que se cultivan hoy en día no producen fruto, y las temperaturas altas eliminan la fertilidad, lo que provoca un rendimiento infinitamente menor", explica Nathan Rusell, del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT).
  • Chocolate. Desde el CIAT también avisan de que el grano de cacao está en peligro. Esto se debe a que la mitad del que se produce en el planeta sale de Ghana y Costa de Marfil. Para producir sus granos, los árboles necesitan estar a una altura de 100 metros sobre el nivel del mar. Si el deshielo sigue aumentando al ritmo que lo hace, esta distancia cambiaría sustancialmente, poniendo en riesgo la producción de cacao.

Lo que sí comeremos

Por supuesto, esta es la versión más apocalíptica de lo que podría pasar. El ser humano ha superado muchas crisis a lo largo de la historia y esta, aunque probablemente sea la más complicada a la que nos hemos enfrentado nunca, también la superaremos. Eso sí: habrá que hacer cambios.

En un artículo recientemente publicado en 'The Lancet', los autores Tamara Lucas y Richard Horton explicaban los cambios directos que deberán sufrir nuestras dietas para conseguir estar en 'sintonía' con el planeta. Dicho de otro modo, que todos podamos comer sin destruir por el camino todos los ecosistemas de la tierra. Para empezar, "se necesita una reducción radical del consumo de carne roja, al menos un 50% menos. De hecho, no consumir más de 28 gramos al día de carne". Y no son las únicas directrices: "Un aumento del consumo total de legumbres, frutos secos, fruta y vegetales de más del 100%", explican los autores.

Cambios inevitables se avecinan y, sea como sea, deberemos estar preparados. Eso sí, que se invierta el dinero que haga falta para seguir teniendo jamón ibérico sin afectar al medio ambiente.