El precio de los alimentos cuando los adquirimos en el mercado, en el súper o en el ultramarinos de toda la vida influye directamente en que los consumamos en mayor o en menor medida. Resulta algo obvio, pero hay que recordarlo, ya que al final la alimentación que seguimos tiene un efecto directo en nuestra salud.

Este es el motivo principal por el que Nancy Babio y Jordi Salas-Salvadó, de la Unidad de Nutrición Humana de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad Rovira i Virgili, junto a Joan Quílez, de la Asociación Española de Técnicos Cerealistas (AETC), han realizado un informe científico sobre la fiscalidad del pan, en el que piden al Gobierno la reducción del IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido) del 10% actual al 4% para los panes integrales y de fibra.

Se pide la unificación de los tipos de IVA del pan al 4%, menos de los que incorporan azúcares y algunas grasas

Este trabajo, 'La política fiscal en el pan, la paradoja española', está avalado por la Sociedad Española de Arterioesclerosis, Colegios de Dietistas-Nutricionistas de Cataluña, Madrid, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Murcia, la Sociedad Científica Española de Dietética y Nutrición y la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas de la Universidad Politécnica de Madrid, entre otras instituciones de ciencias de la salud y la alimentación.

Foto: iStock.
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El interés en bajar esta carga impositiva al pan integral se centra principalmente en que resulta un alimento con probados beneficios directos sobre nuestra salud, por lo que parece contradictorio que esté gravado al 10%, mientras que el pan blanco, elaborado con harinas refinadas y que no tiene estas ventajas para nuestro organismo, tenga un IVA del 4%. Así, se solicita al Gobierno la unificación de los tipos de IVA del pan al 4%, exceptuando los que incorporen azúcares y grasas de cualquier origen, salvo en el caso del aceite de oliva.

Beneficios probados sobre nuestra salud

Alimente ha hablado con Nancy Babio y Jordi Salas-Salvadó sobre esta petición. Les preguntamos por las propiedades de los panes integrales que se han probado científicamente y Salas-Salvadó apunta que "se ha visto que todos los cereales integrales tienen beneficios especialmente sobre la resistencia a la insulina; esto es, que aquellos que los consumen frecuentemente tienen menos riesgo de desarrollar diabetes respecto a los que toman en mayor medida otro tipo de cereales refinados. Hay bastantes evidencias también de que podrían tener beneficios para el peso corporal y también hay muchos estudios epidemiológicos que demuestran que las personas que consumen con frecuencia cereales integrales tienen menos riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Esto es algo reconocido por múltiples instituciones. También hay estudios epidemiológicos que señalan que protegen frente al cáncer de colon. Y en ensayos clínicos se ha visto que en aquellas personas que los toman habitualmente el colesterol malo disminuye, en comparación con los que los consumen refinados".

Todas estas evidencias científicas son sumamente importantes, máxime teniendo en cuenta que en España las enfermedades cardiovasculares y el cáncer causan, respectivamente, el 31% y el 28% de las muertes, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que también apunta el peligro de la creciente incidencia de la obesidad, por encima del 25% de la población en 2016 y con previsión de superar el 30% en 2025 (esta tendencia es mayor entre hombres que entre mujeres).

Más del 90% del consumo de pan que hacemos en España es blanco y urge cambiar esta tendencia

En nuestro país el consumo de pan ha ido disminuyendo paulatinamente con los años y en los últimos se mantiene con altibajos en torno a los 35 kg por persona al año (más, si sumamos el que tomamos fuera de casa). Y como señala este nuevo informe, más del 90% del consumo de pan fresco corresponde al pan blanco y algo menos del 10% al integral o a variantes de pan elaboradas con fibras o semillas.

En opinión de los expertos en salud y nutrición, urge cambiar esta tendencia. Y además de hacer una labor divulgativa de los beneficios de los panes integrales frente a los blancos, la bajada del precio de los primeros, muy superior actualmente frente a los segundos, sería muy eficaz. Como señala Jordi Salas-Salvadó, "en España, las personas de clase social media-alta consumen más pan integral, porque están mucho más concienciadas de las ventajas que eso tiene y porque no tienen la limitación del precio".

Foto: iStock.
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Nancy Babio apunta que "también es cierto que hay una parte cultural en el hecho de que sigamos consumiendo en mayor medida pan blanco. Pero sabemos que ese componente cultural se puede modificar. Nosotros teníamos una dieta mediterránea ejemplar y lamentablemente ahora en las clases más desfavorecidas, y sobre todo en los jóvenes, se está perdiendo, porque se han introducido productos que antes no estábamos acostumbrados a consumir". Salas-Salvadó añade que "los nórdicos comen este pan integral, que a veces es más difícil de panificar, porque es apelmazado y contiene mucha más fibra; y les añaden frutos secos o frutas desecadas. Los hacen así más apetitosos. Y como decía Nancy, si se promociona el consumo de pan integral, al final la industria va a responder. Sí tenemos una limitación más clara, que es el precio".

De ahí que se abogue por bajar esa tasa y reducir diferencias de precio entre los panes blancos y los integrales, mucho más saludables, y que evitaría en gran medida un potencial efecto negativo sobre la salud de las personas con menor poder adquisitivo.

Así están las cosas en otros países europeos

¿Qué sucede en otros países de nuestro entorno? En Reino Unido los productos de alimentación básicos y frescos, desde el pescado a la carne, pasando por las frutas, las verduras y los cereales (se incluyen aquí todos los tipos de pan) no están gravados. Lo mismo ocurre en Irlanda; mientras que en Holanda a todos los panes, integrales y blancos, se les aplica el 6% de IVA y en Italia se grava al 4% los panes, a excepción de los que incluyen en sus ingredientes azúcar, miel, huevo o queso, que tienen un 10% de IVA.

Un estudio realizado por las universidades estadounidenses de Brown y Harvard, publicado en 'BMJ', realizó un metaanálisis en distintos países de todo el mundo para averiguar si sale más caro tomar alimentos saludables, o si por el contrario es más barato que optar por otros menos sanos. Sus resultados fueron contundentes y confirmaron que sí, sale más caro comer sano. Incluso midieron la diferencia de precio por persona al día; así, comer bien en el mundo supone gastar 1,50 dólares más al día por persona. Según estos investigadores, "bajar el precio de los alimentos más saludables debería ser un objetivo político de salud pública, ya que esto puede hacer que se reduzca el consumo de productos menos saludables".

Foto: iStock.
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En el caso concreto de nuestro país, ¿qué respuesta del Gobierno esperan los autores del informe? Nancy Babio comenta que "esperemos que sea positiva. Y no solamente con el pan, porque las medidas impositivas no están pensadas en términos de salud pública; y así tenemos además del pan otros alimentos, como por ejemplo el aceite de oliva. Hay muchísima evidencia científica sobre sus beneficios y no puede ser que tenga el IVA del 10% en lugar del superreducido para promocionar su consumo".

Jordi Salas-Salvadó concluye afirmando que "cada vez tenemos una organización más grande de sociedades científicas y de instituciones que no están tocadas por los lobbies de la industria alimentaria; y vamos a luchar lo que sea posible por conseguir que el IVA de los alimentos tenga en cuenta los criterios de la salud pública y por que la recaudación que se haga con estos impuestos sea en beneficio de la población general".