Grasas saturadas, azúcares refinados, conservantes, antioxidantes sintéticos, pesticidas, hormonas… Son muchas las sustancias artificiales que durante años han formado parte de la composición de miles de alimentos, todos ellos parte esencial de nuestra despensa. Sin ir más lejos, podemos recordar el caso del aceite de palma, la acrilamida o las dioxinas. Este extenso grupo de elementos, vinculados estrechamente a enfermedades tan variadas como los problemas reproductivos, la obesidad, el aumento del colesterol LDL, los trastornos de memoria y, en el peor de los casos, algunos tipos de cáncer.

Estos y otros motivos han animado a la industria alimenticia a prohibir la comercialización de un gran número de productos en todo el mundo. Sin embargo, los que son considerados inapropiados en un punto del planeta siguen en alza en nuestro país. Por ejemplo, los famosos huevos Kinder, ese dulce bocado tan solicitado por los más pequeños de la casa, están totalmente vetados en Estados Unidos. Detrás se encuentra su tendencia adictiva y la existencia de un objeto no comestible en su interior que puede causar asfixia a los niños. Bajo esta premisa, ¿qué otros alimentos todavía presentes en España es imposible encontrar en otros países?

Colorantes alimenticios artificiales

Foto: iStock.
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En este apartado incluimos todos aquellos alimentos que lucen un aspecto que nada tiene que ver con el original. Hablamos de los cereales, las bebidas energéticas, los quesos, las salsas y la bollería industrial que lucen un color diferente al de sus ingredientes principales. No podemos generalizar, pero muchos de estos colorantes artificiales están hechos de productos químicos derivados del petróleo y que forman parte de artículos totalmente ajenos a la alimentación como la gasolina o el alquitrán. Esta sustancia está prohibida en varios países del globo como Finlandia, Austria, Noruega o Reino Unido.

Paté de hígado

Este manjar francés, muy apreciado por los paladares más gourmet, no tiene cabida en el mercado californiano, uno de los más portentosos de Estados Unidos. El motivo de este rechazo es el tratamiento abusivo e inhumano del ganado, pues para producir este alimento las aves son alimentadas a la fuerza a través de tubos que agrandan su hígado hasta diez veces su tamaño original. Otros países se han sumado a la causa, muy aplaudida por las organizaciones de derechos de los animales. Italia, Dinamarca, Polonia, Israel o Finlandia son solo algunos de ellos.

Salmón de piscifactoría

Foto: iStock.
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Este pescado azul, portador de múltiples beneficios nutricionales, es uno de los bocados más saludables de nuestro país. Disminuye los niveles de colesterol, mantiene el buen funcionamiento de la tiroides, interviene en la formación de la estructura ósea, disminuye el riesgo de arritmia cardíaca y contribuye a la reparación de los tejidos musculares, entre otras funciones. Sin embargo, el salmón criado en piscifactorías es imposible de adquirir en Australia y Nueva Zelanda, que luchan desde hace años por reducir la contaminación que generan estas granjas.

Una forma de diferenciar el salmón salvaje de aquel que ha sido criado en piscifactorías es el color grisáceo que luce, en comparación al anaranjado original. No obstante, en algunas ocasiones, los productores tiñen el pescado a través de una sustancia conocida como E161J.

Caviar beluga

Estados Unidos consume el 60% de las exportaciones mundiales de caviar beluga, uno de los alimentos más refinados y exclusivos del mercado. Una práctica que recibió un fuerte revés en 2005, cuando el Servicio de Pesca y Fauna del país decidió prohibir la importación de caviar con el objetivo de castigar a los países productores por no detener la pesca furtiva y evitar la sobreexplotación. Y es que estamos ante una especie que se encuentra en peligro de explotación imprudente e ilegal, como foco en la guerra del oro negro. Recordemos que el caviar es un producto que puede llegar a costar más de 1.000 euros por solo 200 gramos.

Semillas de amapola

Foto: iStock.
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Las semillas de amapola están de moda, eso es un hecho. Sin embargo, la Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea se ha visto obligada a evaluar en más de una ocasión la seguridad de su consumo. El problema radica en los alcaloides de opio presentes en las semillas que se extraen de las cápsulas inmaduras de las amapolas silvestres o del género Papaver somniferum. “Según los resultados obtenidos, se confirman los datos obtenidos en evaluaciones anteriores, incluyendo la cantidad que se puede consumir de estas semillas de forma segura”, aseguran desde Gastronomía y Cia, que se sitúa en los 10 microgramos por kilogramo de peso corporal. No obstante, en Singapur todavía son consideradas una droga, por lo que no forman parte de su alimentación. Una prohibición que se extiende a Arabia Saudita por motivos religiosos.

Lubina

Extraño, ¿verdad? En Gran Bretaña es imposible encontrar una buena pieza de lubina o róbalo en las pescaderías. El motivo es el mismo que ha provocado la prohibición del caviar en Estados Unidos: la reducción drástica de la población de la especie. Una labor encomiable, pero que prima a los consumidores de las muchas propiedades nutricionales de este pescado. La lubina es junto al bacalao, la pescadilla, la perca y la raya uno de los pescados blancos más magros, es decir, solo aporta 1,3 gramos de grasa por cada 100 gramos de producto. Además, es rico en minerales y vitaminas, ayudando a la actividad muscular, el sistema nervioso, la obtención de energía o el transporte de oxígeno a los pulmones.