La fórmula de la Coca-Cola original no se va a alterar un ápice, ni tampoco la de Pepsi. Los buques insignia de ambas marcas no se incluyen dentro del pacto de reducción de azúcares: seguirán teniendo el mismo contenido de azúcar, o el que las compañías decidan. Tampoco las bebidas de naranja y limón, ya sean Fanta o Kas, las tónicas y otras.

El único compromiso formal que ha obtenido Sanidad para la 'reformulación' específica de la cantidad de azúcar de las bebidas refrescantes se limita a los “refrescos de lima-limón sin edulcorantes”, es decir, a Sprite y Seven Up en el caso de los dos gigantes, además de las marcas propias de los supermercados que han firmado el acuerdo. En concreto, el contenido de azúcar en esta categoría tiene que reducirse de 10,05 gramos por cada 100 ml en 2016 a 9,1 gramos a finales de 2020.

La medida, sin embargo, no afecta ya en la práctica ni a la marca de Coca-Cola, Sprite, ni a la de Pepsico, Seven Up, sencillamente porque ambos habían reformulado sus productos como parte de su estrategia anteriormente y estaban ya por debajo.

Es imposible que haya un compromiso más fácil de firmar: solo se exige en una categoría en la que ya se había realizado la reducción. El guión estaba tan cerrado que cuando Alimente inquirió sobre la posibilidad de un impuesto a Sanidad hace unas semanas, la directora de la Aesan, Marta García, reconoció que estudiaban todas las posibilidades, como el impuesto, aunque parezca improbable que se materialice.

Sprite se había reformulado antes de 2016, año en el que se comenzó a delinear el acuerdo con el PP

La única versión de Sprite que se comercializa actualmente con azúcar está ya muy por debajo de lo que se ratificó con Sanidad hace dos semanas: 2 gramos por cada 100 ml. Se debe a una dirección estratégica de la marca, que se inició en 2015 con la reducción de los azúcares y que se completó, a mediados del año pasado, con un nuevo nombre y logo: 'Sprite bajo en azúcar', además de la versión Zero, disponible desde 2006. La de Seven Up de Pepsico también está fuera de los límites, aunque algo menos: 7g por cada 100 ml y también dispone en España de una versión sin azúcares.

En Reino Unido, donde se aprobó una tasa a las bebidas azucaradas el año pasado, Sprite contiene 3 gramos por cada 100 ml, y en Francia, que también impuso un gravamen, está en 1,9 gramos. En España, sólo la Comunidad Autónoma de Cataluña ha seguido el mismo camino.

La letra gruesa

Anfabra, la asociación de bebidas refrescantes que representa a ambas en el acuerdo, explica a Alimente que la situación se debe a que "habían hecho ya los deberes desde 2016". Es el año en el que se empezó a delinear el acuerdo con el entonces Gobierno de Mariano Rajoy. Sin embargo, en ese momento aún no se había hecho público la subcategoría de refrescos, sino la posición global de una reducción en torno al 10%.

Ya entonces las compañías habían comenzado a reducir el azúcar en los productos de lima-limón. Es decir, que Sanidad ha dado el visto bueno, de alguna forma, a la propia estrategia comercial de las compañías. La propia asociación reconoce que de forma cuantitativa sólo están las bebidas de lima-limón, mientras que el epigrafe "otras medidas" se refiere a "una posición global" de todos los productos.

Aunque el gobierno argumenta que se requiere de cierto tiempo, las dos grandes marcas ya lo habían cumplido

Según recoge el propio gobierno en su documento: "La reformulación requiere de cierto tiempo. Es un proceso complejo que involucra a muchos departamentos dentro de una empresa y afecta entre otras a las especificaciones del producto, al etiquetado y al control de calidad". No ha sido el caso de las bebidas: ya iban por delante.

En el mismo texto se explica que los valores se establecieron a partir de los datos de 2016 sobre los que se decidieron "unos objetivos de reducción (benchmarking) para cada grupo y subcategoría de alimentos, siempre alineados con objetivos establecidos en los acuerdos europeos y considerando las diferencias de contenido de cada nutriente entre los productos de la misma subcategoría y el número de productos con contenido en nutrientes por encima o por debajo o igual que dicha medida".

Foto: iStock.
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Al margen de estos compromisos, el rumbo de Coca-Cola Iberia y Pepsico, alejados cada vez más de los azúcares añadidos, responde en realidad a la progresiva preocupación de los consumidores, además de la pila de estudios científicos que relacionan con claridad los azúcares añadidos con la mayor pandemia moderna de la historia: la obesidad y la diabetes tipo 2.

Las bebidas azucaradas, junto a la bollería industrial, están en el centro de la diana de los médicos y epidemiólogos. Llevan advirtiéndolo años: el exceso de azúcar en las bebidas es una de las principales causas del sobrepeso, la diabetes y el síndrome metabólico. Aún así, Coca-Cola reconoció a Alimente el año pasado que un 60% de sus ventas seguían siendo bebidas con azúcar.

Cuando se anunció hace dos semanas faltaban algunos detalles que se han conocido ahora

El plan NAOS para 2020 se había iniciado con el PP, pero ha sido el PSOE con la firma de la ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, quien lo ha ratificado. Cuando hace dos semanas se anunció que el azúcar de los refrescos se reduciría, faltaban los detalles que se han conocido ahora con la publicación completa de la Estrategia NAOS pactada entre el Gobierno, representado por la Aesan del Ministerio de Sanidad, y el sector privado, agrupado en varias asociaciones y federaciones lideradas por FIAB. Implica también la reducción de azúcares en otros sectores, la sal y las grasas trans.

Proteger a los menores

Si solo se reduce en la subcategoría de lima-limón, ¿qué ocurre con el resto? La explicación es que el compromiso más general con el Ministerio de Sanidad comprende que de forma global se reduzca un 10% de azúcar. Se entiende por volumen total, así que Coca-Cola Iberia y Pepsico, entre otros, pueden mover sus productos -como llevan haciendo algunos años- dentro de su estrategia empresarial para promocionar el consumo de sus versiones light o zero del resto de su gama sin tocar la formulación de sus sabores originales.

Con todo, el gobierno saca pecho porque esgrime que es preferible unos resultados modestos que engloben a una mayoría de fabricantes que unos más estrictos que fueran asumidos por unos pocos. Desde Anfabra insisten en que sus asociados llevan años dentro de la estrategia de la reducción de azúcares -aunque sea por su propia iniciativa- y que apoyan las líneas gubernamentales de eliminar la publicidad y la promoción de eventos y campañas de sus productos con azúcar para menores de 12 años. Es la única discrepancia de momento con el actual ejecutivo, que quiere elevar la edad a los 15, tanto si firman de forma voluntaria -como parecen dispuestos-, como si no lo hacen, en cuyo caso aprobarán un decreto ley según adelantaron a Alimente.

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