El azúcar es uno de los ingredientes más demonizados en los últimos años, dado que su elevado consumo aboca al desarrollo de diversas patologías como la hipertensión arterial, la diabetes, el síndrome metabólico, caries, enfermedades coronarias o hepáticas. Por ello, a la hora de endulzarnos la vida, los nutricionistas y distintos organismos apelan a la moderación y recomiendan no consumir más del 10% de la ingesta calórica total de azúcar libre. Incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos anima a reducir el consumo por debajo del 5%, "pues produciría beneficios adicionales a la salud".

¿Aportan beneficios nutricionales?

El mensaje ha calado hondo entre los consumidores y también en la industria alimentaria, pues cada vez nos topamos con más productos exentos de este ingrediente, reconocibles porque la etiqueta muestra la leyenda 'Sin azúcares añadidos', y alternativas como los edulcorantes, los cuales han acaparado un gran protagonismo entre los consumidores, quienes los ven un excelente modo de ahorrar unos cuantos terrones y, por lo tanto, ganar en salud. Sin embargo, no han llegado exentos de polémica. La OCU advierte que "tienen pocos efectos a la hora de perder peso y aconseja moderar su consumo al tratarse de aditivos artificiales que encarecen en gran medida la cesta de la compra. Salvo para los diabéticos, el uso de edulcorantes en nuestra dieta no aporta nada más que un incremento en el precio de los productos"

La OMS recomienda reducir el consumo de azúcar por debajo del 5% de la ingesta calórica total

Por el contrario, la Asociación Internacional de Edulcorantes (ISA) sostiene que "los edulcorantes bajos en calorías pueden ser herramientas útiles no solo para controlar el peso, cuando se usan para reemplazar el azúcar y como parte de una dieta controlada en calorías y un estilo de vida saludable, sino también una ayuda importante para las personas con diabetes, ya que no afectan el control de la glucosa en sangre. Además, tienen el beneficio adicional de no ser fermentables por las bacterias orales y, por lo tanto, son ingredientes no cariogénicos y amigables con los dientes" .

Alternativas que ponen la nota dulce

Sea como fuere, los endulzantes se han convertido para una inmensa mayoría en la opción predilecta para eludir el consumo de azúcar. Bajo esta premisa, ¿cuáles son los más populares?

Estevia.
Estevia.

  • Estevia. Esta planta, oriunda de Paraguay y perteneciente a la misma familia que los girasoles, es uno de los endulzantes del momento. Sus hojas contienen glucósidos de esteviol, compuestos que regalan un potente gusto dulce, del que ya disfrutaban los indígenas. Sin embargo, lo que nos encontramos en el supermercado es un producto procesado a partir de dichos compuestos, es decir, un aditivo alimentario, concretamente con la matrícula E-960. La parte positiva es que carece de calorías, por lo que no incrementa el índice glucémico en sangre, siendo una excelente opción para los diabéticos y además es un potente endulzante.
  • Sirope de ágave. También conocido como miel de ágave, es un líquido azucarado que se extrae del ágave, una planta, similar al aloe vera, que crece en las zonas áridas de México y el sur de los Estados Unidos. Dicho líquido se hierve hasta obtener una sustancia concentrada y posteriormente se filtra para eliminar impurezas. Proporciona un intenso sabor dulce y tiene una textura similar a la miel, siendo utilizado por muchos como sustituto. Atesora un alto contenido en fructosa, cuyo índice glucémico es inferior al azúcar, y algunos minerales como calcio, magnesio o potasio.
  • Jarabe de arce. Como su nombre invita a pensar, proviene de la savia del árbol del arce, ya sea de la especie roja o negra, cuyo proceso de elaboración es similar al del sirope de ágave. Es muy consumido en Estados Unidos y Canadá, donde lo añaden a un sinfín de elaboraciones dulces como los gofres o los 'pancakes', aunque en España cada vez se prodiga más, sobre todo entre los veganos. Entre sus bondades se encuentran su poco aporte calórico, la presencia de minerales como el calcio o el potasio y vitaminas del grupo B y un índice glucémico más bajo que otros homólogos.
  • Jarabe de maíz. No es un invento nuevo, pues hace años que se incluye en los alimentos procesados, siendo muy popular en Norteamérica, donde se utiliza en un sinfín de elaboraciones dulces. Procede de la fécula de maíz y proporciona un gusto muy dulce. No obstante, tiene un alto contenido en fructosa, una sustancia que consumida en grandes cantidades puede provocar obesidad, pues aumenta la producción de ghrelina, que es la hormona encargada de regular el apetito.

Foto: iStock.
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  • Azúcar de coco. Comienza a tener mayor presencia en la sección de endulzantes, si bien es cierto que en el sudeste asiático tiene un largo recorrido. Proviene de la savia de las flores del cocotero, la cual se cuece hasta obtener un líquido con textura espesa, y se deja solidificar en tubos de bambú. A diferencia de la extraída de la caña de azúcar, atesora un perfil nutricional más interesante, pues contiene algunos minerales, especialmente hierro, potasio, zinc y sodio, vitaminas del grupo B, 16 aminoácidos esenciales y además tiene un índice glucémico muy bajo, siendo una buena opción para las personas diabéticas.
  • Melaza. También conocida como miel negra, procede de la cocción del jugo de la caña de azúcar. De color negro intenso, tiene una textura viscosa y proporciona un sabor dulzón, que la lleva a participar en un sinfín de elaboraciones dulces. En el terreno nutricional, despunta por su elevado contenido en antioxidantes, hierro y vitamina B. Sin embargo, no hay que olvidar que sigue contenido azúcar, por lo que debemos moderar el consumo.
  • Panela. Muy popular en Latinoamérica, donde la llaman rapadura, goza de una gran aceptación en nuestro país. Se elabora directamente a partir del jugo de la caña de azúcar y no pasa por ningún proceso de refinamiento ni blanqueamiento, por lo que está exenta de aditivos y conserva algunos minerales como el fósforo, el calcio o el potasio; y vitaminas, especialmente del grupo B. Efectivamente, es una alternativa más saludable y natural, pero no hay que olvidar que sigue siendo azúcar, cuyo índice glucémico es similar al blanco, por lo que el consumo debe ser moderado.