Judías, garbanzos, lentejas, espinacas, alcachofas, tomate frito, mayonesa, encurtidos o acelgas son algunos de los alimentos que los consumidores pueden comprar envasados en frascos de cristal en los supermercados. El interior de las tapas que se utilizan en su cierre están fabricadas con una sustancia química que contiene bisfenol A, un componente que utiliza la industria alimentaria en la fabricación de ciertos materiales plásticos como policarbonatos y resinas epoxi, que se utilizan en objetos destinados a entrar en contacto con los alimentos y en determinados materiales de envasado de los mismos. Actualmente, ya existen algunos alimentos, sobre todo ecológicos, que anuncian en el etiquetado de sus tarros la ausencia de este tipo de sustancias en sus tapas.

Comenta Enrique Eymar Alonso, profesor titular del Departamento de Química Agrícola y Bromatología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), que “el bisfenol A (BAP) es una sustancia química que se sintetizó en 1891 y hasta los años 1930 no se conoció su actividad estrogénica”. Explica también que en la industria alimentaria, “el policarbonato se utiliza para la producción de envases plásticos para alimentos y bebidas, así como algunas vajillas de plástico. Las resinas epoxi se utilizan frecuentemente como materiales de recubrimiento para evitar la migración de los metales de las latas y de las tapas de los envases tras su corrosión. El problema es que se evita la migración de metales pero en contrapartida se produce la del BPA y sustancias derivadas como el bisfenol A diglidicil éter (BADGE)”.

El uso de BPA está prohibido en la Unión Europea en biberones de policarbonato para los bebés

El policarbonato es un plástico rígido que se utiliza para la fabricación de contenedores reutilizables para alimentos y bebidas (vajillas, utensilios para horno microondas, botellas) y en diversos materiales en contacto con alimentos y agua (equipos de procesamiento y tuberías de agua). Las resinas epoxi se emplean en barnices y revestimientos de las tapas de los tarros de vidrio y de latas de aluminio (presentes en la capa blanca del interior de la lata) con el fin de prevenir los fenómenos de oxidación y corrosión. Pilar Conchello Moreno, profesora titular de Nutrición y Bromatología del Departamento de Producción Animal y Ciencia de los Alimentos de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza (Unizar), señala que los usos anteriormente descritos “pueden provocar la migración del BPA en pequeñas cantidades a los alimentos desde el material con el que están en contacto. También el uso de papel reciclado en contacto con los alimentos puede ser una fuente potencial de contaminación alimentaria debido a la utilización de BPA en las tintas de impresión”.

(iStock)
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En la Unión Europea, el uso de BPA está prohibido desde 2011 en la fabricación de biberones de policarbonato para lactantes. Asimismo, no se permite ninguna migración de BPA desde los barnices o revestimientos aplicados a materiales y objetos en contacto con alimentos destinados a bebés y niños menores de tres años de edad. Por otra parte, su uso está regulado en materiales y objetos plásticos, así como en barnices y revestimientos destinados a entrar en contacto con los alimentos, de manera que su autorización está supeditada a que el fabricante demuestre que en las condiciones normales de uso no se supera el límite de migración a los alimentos establecido para no poner en peligro la salud humana. Conchello Moreno puntualiza que “la mayor parte de los envases plásticos que se usan a diario son de materiales en los que el bisfenol A no se utiliza en su fabricación. Hay que tener en cuenta que el bisfenol A también está presente en otros materiales de uso cotidiano; por ejemplo, se utiliza como recubrimiento para fijar la tinta en el papel térmico, lentes oculares, soportes digitales, juguetes, así como en algunos dispositivos médicos y productos odontológicos”, enumera la profesora.

Un uso restringido en la Unión Europea

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) señala que, aunque se ha constatado que la exposición alimentaria es la principal vía de exposición a este compuesto, existen otras fuentes no alimentarias que pueden constituir una proporción significativa de la exposición total para algunos grupos de población. Entre estas fuentes no alimentarias, se incluyen la exposición por el aire y polvo y a través de la piel por contacto con papel térmico y productos cosméticos. En 2016, la Comisión Europea decidió también restringir el uso de BPA en el papel térmico en la Unión Europea.

Son muchos los expertos que consideran que el contacto de los alimentos con este tipo de sustancias pueden disminuir la seguridad alimentaria de las personas que los consumen. Eymar Alonso señala que “el BPA está considerado una sustancia que pertenece al grupo de los disruptores endocrinos, que son sustancias exógenas al organismo que interfieren con la biosíntesis de hormonas, el metabolismo y las acciones resultantes de estas”. Un hecho que puede provocar, según dice Eymar Alonso, “alteraciones en el equilibrio hormonal y metabólico del individuo expuesto o en la de sus descendientes, siendo en niños y niñas de madres expuestas durante el embarazo y la lactancia donde se han visto los efectos más graves”. Además, el profesor detalla que “existen muchos estudios que sugieren que la exposición a bajos niveles de BPA puede afectar especialmente al aparato reproductor y alteraciones endocrinas, aunque también a la tumorogénesis, efectos neurólogicos, obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular”. Pero pese a sus efectos adversos, Eymar Alonso afirma que “los mecanismos detallados de cómo actúa no se conocen aún con precisión y es este hecho el que complica la toma de decisiones sobre la toxicidad del bisfenol A en la seguridad alimentaria”.

La EFSA afirma que la exposición al bisfenol A no presenta un riesgo para la población europea

Con relación a los posibles efectos adversos sobre la salud humana y la de su descendencia, la última evaluación realizada por EFSA en 2015 concluye que la exposición a esta sustancia química por los alimentos no representa un riesgo para la salud de la población europea, incluidos recién nacidos y los niños. Pero constata que la exposición alimentaria al bisfenol A es mayor en la población infantil. Conchello comenta que “esto no significa que los alimentos que consumen estén más contaminados, sino que el incremento de exposición se debe a que este grupo consume una mayor cantidad de alimentos en relación a su peso corporal”. La evaluación de la EFSA concluye que, aun considerando todas las posibles fuentes de exposición a bisfenol A (productos alimenticios, juguetes, polvo, cosméticos y papel térmico), no se superaría la ingesta diaria tolerable en la población europea. “No obstante, dadas las incertidumbres científicas existentes sobre los efectos para la salud a dosis bajas, EFSA tiene previsto revisar y reevaluar la exposición alimentaria a BPA de acuerdo con los resultados de la investigación en curso que está llevando a cabo el Programa Nacional de Toxicología de Estados Unidos”, agrega la profesora de Unizar.

Foto: iStock.
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Ante una posible degradación del recubrimiento de las tapas que contienen bisfenol A y la migración de esta sustancia a los alimentos en contacto con ellas, José S. Torrecilla, profesor e investigador de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), asegura que “cualquier proceso de degradación va a depender de las condiciones de almacenamiento y de la naturaleza del propio alimento. Con lo que, a priori, sería difícil cuantificar cuáles son las consecuencias posibles”. Para el profesor Eymar Alonso, “si se realiza un adecuado tratamiento durante la elaboración de las películas protectoras que se utilizan para recubrir las latas, se reducen las sustancias que pueden migrar. El grosor de la película protectora influye en una mayor migración y finalmente las interacciones físicas y químicas entre las películas y los componentes del alimento. Por ejemplo, la temperatura, el pH, el contenido en grasa, la presencia de sustancias oxidantes y nitratos, la porosidad y el espacio de cabeza afectan significativamente a la migración de compuestos de bisfenol”, prosigue.

"Se están produciendo plásticos libres de BPA, que son más biodegradables", José S. Torrecilla

Frente a la utilización de este tipo de cierres, Torrecilla sostiene que mientras se continúan los análisis sobre la influencia de estos compuestos en el ser humano, están apareciendo alternativas y sustitutos de este compuesto químico. “Dada esta variedad de opiniones, se está imponiendo el principio de precaución que establece la prohibición del empleo de estos compuestos hasta que no exista más información sobre los efectos reales sobre la salud”, añade. Entre las alternativas más recomendables, Torrecilla señala “los envases de otras naturalezas, como los envases metálicos o de vidrio. También, se están produciendo plásticos libres de BPA. Estos materiales presentan un menor impacto y son más biodegradables”.

Con relación a los efectos que la utilización de este tipo de sustancias químicas tiene para el medio ambiente, el profesor de la UCM declara que las concentraciones detectadas de BPA en aguas residuales y lodos de aguas residuales presenta un importante impacto en el medio ambiente. “Actualmente existen diferentes tratamientos basados en métodos de oxidación, ultrasonidos y ozonización que están mostrando su eficacia en la eliminación del bisfenol A. No obstante, estos tratamientos producen cambios notables en las características reológicas y termodinámicas del lodo”, finaliza José S. Torrecilla.