Los gimnasios hace tiempo que son territorios conquistados por los batidos de proteínas e incluso cualquier tienda de dietética y nutrición les reserva un apartado destacado pues el consumo de estos productos está a la orden del día. Aunque es cierto que muchos empiezan a tomarlos sin saber exactamente qué están ingiriendo y si la dosis es la adecuada para su peso y actividad. No en vano, estamos ante una práctica en perenne aumento pues, según un estudio de la Universidad de Granada, el 28% de las personas que acuden regularmente al gimnasio los consumen. En el caso de los hombres, según esta investigación de 2014, la cifra se sitúa en el 42,7%. No podemos descartar que en los últimos cinco años, el número de convencidos haya incluso aumentado.

Además, muchas personas se dejan asesorar por el monitor del gimnasio, cuyos conocimientos suelen proceder de su propia experiencia y, por supuesto, no cuenta con formación en la materia. Por lo tanto, conviene clavar los codos antes de lanzarnos a un alegre consumo. Además, como sucede con casi todo, es un error pensar que no hay diferencia en cuanto a la calidad de estos productos y que lo mismo da uno que otro.

La mayoría de las empresas usan una gran variedad de aditivos para mejorar la textura, sabor o disolución


Lo cierto es que la naturaleza del producto, que se presenta en polvo y con sabores, es perfecta para colar pequeñas estafas. No en vano, en EEUU, de donde proceden gran parte de los preparados proteicos que se consumen en España, en 2015 saltó a la palestra la existencia de numerosas marcas a las que se acusaba de llevar años vendiendo suplementos de ejercicio enriquecidos con rellenos baratos que estaban haciendo pasar por proteínas.

Y aunque todo esté en regla, y no nos han dado efectivamente gato por liebre, tampoco podemos bajar la guardia: “La mayoría de las empresas usan una gran variedad de aditivos para mejorar la textura, aspecto, sabor, color o disolución. O para mejorar, sumar o completar proteínas al porcentaje total del producto. Siendo esto un error o estrategia para abaratar costes”, explica Javier Berjano, experto en nutrición deportiva.

Posibles problemas gastrointestinales

Lo cierto es que, según este nutricionista, ciertas personas no toleran bien los aditivos y su ingesta puede ocasionarles problemas gastrointestinales: “Esta clase de aditivos son la mayoría químicos artificiales que dañan la salud”. Berjano reconoce en su web que "una suplementación diaria conlleva estrés al cuerpo, sobre todo a nivel gastrointestinal e inmunológico". Por ello, aconseja "ser meticuloso con todo lo que se ingiere".

En EEUU hubo marcas de suplementos enriquecidos con rellenos que se hacían pasar por proteínas

Aunque es cierto que podemos obtener las proteínas de forma natural gracias a una correcta dieta, muchos recurren a los batidos por rapidez y comodidad. Sin embargo, debemos tener presente que un consumo excesivo de proteínas puede sobrecargar nuestros riñones, que tendrán que trabajar un poco más de la cuenta para eliminarlas. ¿Y cómo lo hace? Pues a través de la sudoración.

Foto: iStock.
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“El cuerpo se defiende acidificando nuestro pH natural y, con ello, produciendo o aumentando el volumen de sustancias como la urea, restando fosfato cálcico de los huesos para poder neutralizar los efectos del exceso de proteína y bajando el nivel de hidratación para que el riñón pueda obtener todo el agua que necesita para eliminar los desechos, entre ellos el amonio”, explican en Perspirex, una empresa especializada en artículos antitranspirantes.

Dicho todo esto, y si seguimos decididos a consumir estos batidos, vamos a ver cómo escoger el mejor.

¿Qué tener en cuenta al elegir un batido de proteínas?

Lo habitual es que estos productos se elaboren a partir el suero de leche. En él, encontramos nueve aminoácidos esenciales. “Elige un producto que esté libre de rBGH (hormona del crecimiento bovina). Si tu presupuesto lo permite, debes buscar proteína en polvos orgánicos certificados por la USDA. Además, si eres intolerante a lactosa puedes optar por el suero aislado, ya que contiene menos lactosa”, comentan en la web especializada Entrenamientos.com.

También es común encontrar entre la lista de ingredientes soja o la lecitina de girasol. Su cometido es ayudar a que el polvo se disuelva con facilidad. Así, son emulsionantes que no alteran el perfil nutricional o el sabor de su proteína en polvo.

Foto: iStock.
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"Los sabores no son fáciles de conseguir y, en muchos casos, se pueden contener y mezclar más de 100 productos químicos diferentes. El sabor natural significa que es derivado de un animal o una planta, mientras que el sabor artificial se hace en un laboratorio", explican en esta web. Por ello, quizás lo más conveniente sea decantarnos por polvo de proteína sin sabor o añadir nosotros mismos el sabor. En esta web nos aconsejan recurrir al plátano, a la mantequilla de cacahuete o a la canela.

También buscar el sello de una certificación de un tercer organismo siempre resulta una recomendación estupenda en todos los campos de la nutrición. En el de los batidos proteicos, dicha cautela no pierde vigencia.