Las brechas económicas son cada vez más escandalosas y mientras el hambre aumenta en algunas zonas, la FAO apunta que un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo se desperdician o se pierden. Revertir esta situación es una labor global, de políticas exteriores e internas, de productores, distribuidores..., sí, y también nuestra, de los consumidores.

Según los últimos datos del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, el aumento de los desperdicios en nuestro país es generalizado, tanto para los productos cocinados como los no elaborados y más del 82% de los hogares tiran a la basura alimentos sin cocinar. Por otro lado, esta práctica supone un grave problema medioambiental, puesto que según señala la app Too Good to Go, es responsable del 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Foto: iStock.
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Así las cosas, ¿qué podemos hacer para evitar este despilfarro tan caro y tan poco ecológico? Existen numerosas medidas. La misma FAO propone las siguientes: planificar los menús de acuerdo con el número de personas que lo van a comer, congelar la comida sobrante, terminar las sobras antes de cocinar de nuevo, practicar la 'cocina de aprovechamiento', donar la comida excedente no perecedera... Otra buena opción es practicar el Batch Cooking: pensar los menús y dedicar parte del sábado o del domingo a preparar los de toda la semana.

Medidas caseras contra el desperdicio

También es interesante utilizar las apps especializadas en este tema, como la propia Too Good To Go o la recién llegada Komefy, que permite acceder a comida y excedentes de supermercados y restaurantes en perfecto estado y por menos precio. Otras, como Nooddle, te ayudan a utilizar de forma creativa los ingredientes que tienes a mano en casa para improvisar un plato.

"Muchos alimentos se pueden comer pasada la fecha de la etiqueta, pero el consumidor no lo sabe y los tira"

¿Qué más? Algo muy importante, ¿tiras absolutamente todos los alimentos cuando pasa su fecha de consumo preferente? Mal hecho. Como acaba de afirmar Victòria Castell, jefa del Servicio de Planificación, Auditoría y Evaluación del Riesgo de la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria (ACSA), en la Universidad de Verano Mercabarna, "muchos alimentos se podrían consumir aunque haya pasado la fecha que marca la etiqueta de su envase, porque son alimentos estables microbiológicamente, pero como el consumidor no lo sabe, los tira".

ACSA tiene una guía práctica dirigida a los consumidores y en ella podemos conocer la vida útil real de cada tipo de alimento. Ninguno que tenga que llevar una fecha de caducidad puede consumirse una vez pasada la misma. Sin embargo, en el caso de los alimentos con fecha de consumo preferente, no los encontraremos en el supermercado si ya ha pasado esa fecha, pero si los tenemos en casa comprados con anterioridad, muchos pueden consumirse sin problema, ya que siguen siendo seguros y nutritivos (sí es posible que en alguno percibamos ciertos cambios sutiles de textura o sabor).

Alimentos que no consumir pasada la fecha

Foto: iStock.
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Son aquellos en los que es probable que crezcan microorganismos patógenos y/o que se produzcan alteraciones físico-químicas a corto plazo que pueden ser perjudiciales para la salud y/o que difícilmente pueden ser detectables por el consumidor. Es el caso de:

  • Huevos
  • Frutas y hortalizas frescas cortadas o peladas
  • Leche fresca, queso fresco y nata fresca
  • Zumos exprimidos de fruta fresca
  • Pescado y mariscos frescos
  • Carnes frescas y charcutería (excepto productos curados)
  • Postres lácteos (excepto yogures)
  • Pasta fresca

Los que puedes comer hasta 15 días después

Son aquellos en los que es probable que se produzcan alteraciones microbiológicas y/o fisicoquímicas a corto plazo, pero que no será perjudiciales para la salud y/o serán fácilmente detectables por el consumidor:

  • Yogures
  • Pan de molde cortado

Los que puedes comer 1 mes después de la fecha

Es poco probable que se produzcan alteraciones microbiológicas, pero es probable que sí tengan lugar las físico-químicas a medio plazo, que en todo caso no serán perjudiciales para la salud y el consumidor las verá con facilidad.

  • Pastas dulces tipo magdalenas
  • Frutos secos
  • Productos cárnicos curados cortados en lonchas

Con 3 meses de extensión de consumo

Foto: iStock.
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Son alimentos en los que es poco probable que se produzcan alteraciones microbiológicas, pero sí que se produzcan alteraciones físico-químicas a largo plazo, que en todo caso no serán perjudiciales para la salud y/o serán fáciles de detectar. Entre otros:

  • Aceite
  • Cereales conocidos como 'de desayuno'
  • Pasta seca rellena
  • Bebidas UHT (ultrapasteurizadas)
  • Galletas y bollería seca
  • Salsas envasadas
  • Chocolates rellenos y bombones
  • Mantequilla y margarina
  • Productos cárnicos curados no cortados
  • Pan tostado

Los que puedes comer hasta 1 año después

Foto: iStock.
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Alimentos en los que es muy improbable que se produzcan alteraciones microbiológicas o físico-químicas a muy largo plazo. Entre otros:

  • Sal y azúcar
  • Legumbres secas en grano y cereales en grano
  • Pasta seca
  • Café e infusiones
  • Leche en polvo (no maternoinfantil), condensada y evaporada
  • Chocolate en tableta dura
  • Miel
  • Conservas en lata y en tarro de cristal
  • Agua mineral

La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) confirma que siempre que se respeten las instrucciones de conservación y el envase no esté dañado, el alimento sigue siendo seguro aunque haya pasado su fecha de consumo preferente. E indica que, en todo caso, antes de tirar un producto por haber pasado dicha fecha es conveniente comprobar si tiene buen aspecto, si el envase está intacto, asi como si huele y sabe bien. Y lógicamente hay que seguir las instrucciones específicas de cada producto. Si una botella indica, por ejemplo, 'una vez abierta consumir en tres días', hay que hacerlo así para asegurarnos de consumir su contenido en buen estado.