El cerco al dióxido de titanio (también conocido como E-171) parece cada día mayor. A raíz de su próxima prohibición en Francia a partir de 2020 por sus posibles efectos cancerígenos, los consumidores de muchos países europeos esperan un gesto similar en sus respectivos países.

Hasta ahora, la Agencia de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) lo ha considerado seguro. En concreto, ha evaluado su seguridad en repetidas ocasiones y siempre ha concluido que las dosis actuales no presentan problema alguno para la salud. Aunque es cierto que no ha negado la necesidad de realizar nuevas investigaciones encaminadas a recabar más datos acerca de sus efectos sobre el sistema reproductor y así poder establecer una ingesta diaria admisible. Por supuesto, conviene explicar en primer lugar para qué sirve esta sustancia.

¿Qué es el dióxido de titanio?

Este aditivo funciona como blanqueador químico que puede emplearse en infinidad de alimentos. “Se utiliza ampliamente en productos alimenticios tales como la crema agria, el requesón, el helado y otros productos lácteos, que a menudo contienen el pigmento para alcanzar esa coloración blanca brillante”, podemos leer en la web de Lamberts, una firma dedicada a la comercialización de pastillas y medicamentos en los que se suele emplear este aditivo.

Foto: iStock.
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“Las evaluaciones de dióxido de titanio por JECFA (Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios) y EFSA han concluido que no hay problemas de seguridad asociados con el uso del dióxido de titanio como aditivo alimentario a niveles de hasta el 3%. Esto significa que una porción de 100 gramos de un producto lácteo puede contener hasta 3 gramos (3000 mg) de dióxido de titanio”, explican en su web ante las continuas acusaciones que ponen en tela de juicio su inocuidad.

Incluso aseguran que el dióxido de titano supone un coste adicional en su proceso de fabricación, un encarecimiento que no asumirían “a menos que el recubrimiento no fuese beneficioso y absolutamente seguro”.

Estudios que lo ponen contra las cuerdas

Sin embargo, su seguridad ha empezado a verse seriamente cuestionada partir de la publicación de varias investigaciones. Uno de estos estudios, fechado en 2017, corrió a cargo por el Instituto Científico de Investigación Agronómica de Francia. Sus autores consideran que las nanopartículas de este aditivo atraviesan la barrera intestinal, llegan al torrente sanguíneo y, a partir de ahí, tienen vía libre para irrumpir en cualquier parte de nuestro organismo.

Además, se ha podido constatar que en el hígado de las ratas de laboratorio empleadas para realizar la investigación presentaba partículas de dióxido de titanio a las que se les achacan trastornos en el sistema inmunitario.

Foto: iStock.
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"Los investigadores muestran que la exposición oral crónica a E-171 induce espontáneamente lesiones preneoplásicas en el colon, una etapa no maligna de carcinogénesis, en el 40% de los animales expuestos. Además, este colorante acelera el desarrollo de lesiones inducidas experimentalmente antes de la exposición. Estos resultados atestiguan un efecto iniciador y promotor de las primeras etapas de la carcinogénesis colorrectal, sin que sea posible extrapolar estas conclusiones a humanos y para estadios más avanzados de la patología", podemos leer en la citada investigación.

Por esta razón, la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria, ANSES confirmó recientemente que siguen existiendo importantes incertidumbres sobre los efectos en la salud de los consumidores del aditivo E-171.

Por su parte, al otro lado del charco, en Australia, en la Universidad de Sídney, un reciente estudio también han pasado revista al citado colorante y toda apunta a que podría tener efectos cancerígenos en el colon pues incide en la microbiótica. En defifinitiva, el principio de precaución ha decantado al Gobierno francés a tomar esta medida pionera.

Carta para pedir su prohibición en toda Europa

Lo cierto es que Organización Europea de Consumidores, temiendo el agravio comparativo, ha enviado a la Comisión Europea una carta en la que pide prohibir el dióxido de titanio en toda Europa. "De acuerdo con la legislación de la UE, un aditivo alimentario solo puede autorizarse si su uso es seguro, está tecnológicamente justificado y si no induce a error. El aditivo E-171 no cumple ninguna de estas condiciones", manifiestan en esta carta.

Un estudio firmado por la Universidad de Sídney asegura que podría tener efectos cancerígenos en el colon

Conviene recordar que, aunque ahora Francia parece una abanderada del movimiento contra este aditivo, Dunkin Donuts (y otras marcas menos conocidas en España) lleva desde 2015 eliminando este componente de sus productos tras la presión ejercida por por As You Sow. Esta última es una organización que promueve la responsabilidad corporativa, y que puso contra las cuerdas a la cadena pues prácticamente la obligó a eliminar este colorante al existir serias sospechas de que se trataba de un nanomaterial tóxico.

Tampoco podemos pasar por alto las pretensiones de organizaciones como Agir Pour l´Environnement, que es más ambiciosa en sus pretensiones y pide, por la misma regla de tres, su supresión de medicamentos y cosmética. Para colmo, este aditivo se incluye en las cremas solares y en los últimos años están saltando a la palestra los diferentes estudios que afirman que el dióxido de titanio está haciendo estragos en la vida marina.