Hortalizas disponibles 365 días al año o frutas que atraviesan miles de kilómetros entre diferentes continentes para venderse en grandes superficies. Todo ello, aunque sea muy conveniente para nosotros como consumidores implica unos costes extra y no necesariamente económicos. Según la Resolución del Parlamento Europeo del 19 de enero de 2012, en "producir un kilo de carne de vacuno se utilizan de 5 a 10 toneladas de agua", y para producir un kilo de alimentos, de media, "se emiten a la atmósfera 4,5 kg de CO2". Teniendo en cuenta la velocidad a la que crece la población (según la FAO, en 2050 pasaremos de 7.000 a 9.000 millones), la conservación de nuestro entorno natural y al abastecimiento alimenticio de la población estará en peligro.

Por ello una nueva tendencia derivada del "Slow Food" (un movimiento que surgió en Italia en los años 80 que perseguía la sostenibilidad alimentaria, que la comida fuera sana y buena para ti, buena para el agricultor y buena para el medio ambiente) ha adquirido mucha fuerza: la alimentación "kilómetro cero". Consiste en adquirir y fomentar la compra y producción de productos locales (que su origen sea inferior a 100 km del punto de distribución).

Las ventajas (y un posible efecto negativo) que ofrece este tipo de consumo son:

  • Fomenta la economía local y ayuda a los pequeños productores, que a menudo se ven obligados a competir contra grandes empresas y distribuidoras que imponen precios demasiado bajos.
  • Dado que las mercancías solo se mueven un máximo de 100km desde su punto de origen el impacto medioambiental es mucho menor que si han de atravesar continentes y océanos.
  • Significa un menor gasto energético y económico en el transporte.
  • Gastronómicamente implica que al venderse solo productos de temporada de áreas determinadas se fomente la producción de platos típicos estacionales.
  • Ayuda a la conservación de especies vegetales autóctonas.
  • Son productos que no han sido sometidos a tratamientos para retrasar su descomposición y por lo tanto están frescos y naturales cuando el consumidor los adquiere.

Al ser producidos a pequeña o mediana escala y ser vendidos con la necesidad de muchos menos intermediarios, reducen el desperdicio alimentario. Según datos de la Unión Europea, "en Europa se tiran a la basura aproximadamente 89 millones de toneladas de alimentos", lo que aparte de "plantear cuestiones éticas, económicas, sociales y nutricionales" tiene repercusiones medioambientales.Aún así, deberemos tener en cuenta que proximidad no siempre equivale a un mayor respeto por el medio ambiente o un cultivo ecológico. A veces productos cultivados a más de 100 kilómetros pueden tener una menor huella medioambiental que los producidos en la puerta de nuestra casa.

Ventajas

La Unión Europea, consciente de las ventajas que ofrece el kilómetro cero a través de la resolución anteriormente mencionada, pide que "los Estados miembros estimulen y apoyen esta iniciativa". Aunque de reciente aparición, este movimiento podría significar que la comida del futuro está... más cerca que nunca.