El origen de la pasta no está claro, pero lo que sí se conoce es que es un alimento habitual en los fogones de medio mundo desde hace varios siglos. Algunos historiadores señalan a las civilizaciones etruscas como los primeros en utilizar la pasta, obtenida a través de la trituración de cereales y granos con agua; otros, adjudican este importante descubrimiento gastronómico a Marco Polo, quien, tras un viaje a China, allá por el siglo XIII, la llevó a Italia, país que hoy en día lleva la pasta por bandera. Otros posibles orígenes, mucho más antiguos, señalan a la fundación de Nápoles, o incluso a la Antigua Roma, en el siglo III.

Tal es la importancia de este alimento que incluso existe una Organización Internacional de la Pasta (IPO). Se trata de una asociación sin ánimo de lucro que busca promover su consumo e informar sobre su valor nutritivo y beneficios.

Según datos de la IPO, Italia es el mayor productor de pasta del mundo, con más de 3 millones de toneladas al año. También es el país donde más se consume por habitante, con una ingesta media de 26 kilos anuales. En España, esta cifra se coloca en “solo” 5 kg por habitante.

¿Cómo elegir una buena pasta?

La pasta es un plato muy popular, gracias a su gran versatilidad en la cocina, su sabor neutro y las variantes que admite. Además de elegir unos buenos ingredientes y un cocinado que le aporte un buen sabor y textura, es importante saber elegir una buena pasta.

Los ingredientes utilizados son clave para valorar la calidad de la pasta que estamos comprando

El primer paso es diferenciar entre pasta fresca o seca. Esta última dura más tiempo y no necesita refrigeración, mientras que la pasta fresca mantiene su hidratación y requiere de frío para conservarse. El plazo para consumirla es más pequeño. Su sabor, por lo general, suele ser el preferido por los verdaderos amantes de la pasta.

Si optamos por pasta fresca, la mejor opción es fijarnos bien en la fecha de envasado o preparación para coger aquella que haya sido fabricada en la fecha más cercana posible a la actual. En este tipo de pasta es importante valorar este dato, ya que esto influirá en la textura y sabor final de nuestro plato.

Podemos cocinar la pasta en casa tan solo utilizando harina, agua y sal (también huevo, si queremos una pasta fresca), pero debido al tiempo que requiere y a la necesidad de material específico para darles la forma deseada, lo más habitual es comprarla ya hecha en los supermercados. La marca es importante, pero sobre todo debemos fijarnos en los ingredientes utilizados. Lo ideal es consumir una pasta hecha con harina de trigo duro y agua y nada más.

Foto: iStock
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El siguiente punto es saber si queremos preparar pasta blanca o pasta integral. La principal diferencia entre ambos es el aporte de salvado, que se traduce en el tipo de carbohidrato más presente en el plato. En el caso de las pastas blancas encontramos sobre todo azúcares, mientras que en las integrales contamos con un mayor contenido de fibras. La pasta integral ayuda a prevenir el sobrepeso, es de lenta absorción y requiere de un mayor tiempo de cocción.

En un informe publicado por el Consorcio Internacional de Calidad de los Carbohidratos (ICQC), la pasta integral es más saludable que la blanca, ya que reduce las posibilidades de sufrir diabetes tipo 2 o ciertas enfermedades cardiovasculares.

Hablando de tiempos de cocción, lo ideal sería seguir el consejo de nuestros vecinos italianos y cocinarla al dente. Cuando más se cueca la pasta, más rápida es la absorción de los carbohidratos, sacian menos y da menos tiempo a quemarlos.

Foto: iStock
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Para elegir una buena pasta, también debemos valorar si queremos pasta rellena o no. La pasta rellena sirve principalmente para dar un sabor especial al plato y añadir un ingrediente extra, como pueden ser verduras o carne, pero debemos tener en cuenta que la mayoría de las marcas comerciales no elaboran una pasta rellena de calidad. Lo ideal sería prepararla en casa para evitar conservantes y añadidos artificiales, pero si no es posible, revisa la lista de ingredientes. Te sorprenderá ver que, en muchos casos, esa pasta con carne que anuncian lleva de todo menos carne.

Nutricionalmente, debemos valorar que la pasta rellena tiene un mayor contenido de grasas y colesterol en la mayoría de los casos.

Un par de consejos de cocinado

Por último, para elegir una buena pasta y cocinarla de la mejor manera posible, tenemos que revisar los tiempos de cocción. En cada envase nos lo indicarán, normalmente con dos valores (al dente o suave).

Un truco para cocinar la pasta correctamente es añadir la sal cuando el agua ya haya hervido. Si queremos añadir aceite o mantequilla, los expertos en este alimento recomiendan que se haga solo en una cantidad muy pequeña y para pasta fresca con el objetivo de evitar que se pegue. Para las pastas secas no debería ser necesario.

Por último, el agua debe ser abundante y la olla debe estar destapada, permitiéndonos mover el contenido cada cierto tiempo, algo que también ayudará a que no se pegue y a que se cocine correctamente por todos lados.

Como truco final, si hemos optado por un cocinado al dente, un chorro de agua fría mientras lo colamos ayudará a darle cuerpo y consistencia a nuestra pasta y sobretodo a evitar que se siga cociendo por el calor. ¡Buon appetito!