A mediados del siglo XX, concretamente en el año 1947, se puso a la venta el primer microondas. Fue una revolución en su día y no hizo falta crear una gran campaña de marketing para convencer al usuario de que debía tenerlo en su casa. Percy Spencer había inventado uno de los mejores electrodomésticos de nuestros días.

El microondas se ha convertido en un básico en las cocinas de todo el mundo. Su uso más habitual es el de calentar la comida, pero algunas personas (según las capacidades del modelo comprado) también lo usan para descongelar alimentos, gratinar, tostar… Sin embargo, también tiene sus propios detractores, a pesar de que la propia OMS ha declarado que se trata de un electrodoméstico seguro.

¿Cómo y cuánto usamos el microondas?

Foto: iStock
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Según datos de la OCU, se utiliza mucho. Nueve de cada diez personas lo usan a diario. Además, seis de cada diez lo hacen varias veces al día. Los usos más habituales son gratinar, calentar leche y recalentar comida guardada. Pero, además hay quienes lo utilizan para cocinar. El 43% de las personas lo emplean para cocinar platos preparados, mientras que el 30% cocinan al vapor en él.

¿Deberíamos utilizarlo menos?

Si atendemos a las conclusiones de la OMS, quien ratifica que el uso del microondas es seguro para la salud pública, no habría ningún problema en utilizarlo. Sin embargo, se asocia con un doble problema: mayor posibilidad de producir intoxicaciones alimentarias y consecuencias medioambientales negativas.

Los microondas emiten 7,7 millones de toneladas de dióxido de carbono cada año en la Unión Europea

Comenzamos por la segunda cuestión. Según un estudio de la Universidad de Manchester (Reino Unido), el microondas emite 7,7 millones de toneladas de dióxido de carbono cada año en la Unión Europea, una cifra que se igualaría a las emisiones de 6,8 millones de automóviles. Además, el consumo energético anual en la UE es de 9.4 TWh, el equivalente a la electricidad que se genera en tres plantas de energía de gas.

Si miramos las posibilidades de intoxicaciones alimentarias, estas podrían venir propiciadas por un uso incorrecto de este electrodoméstico. El reparto desigual de calor en los alimentos puede favorecer la aparición de bacterias; además, las ondas electromagnéticas a las que son sometidos pueden provocar la pérdida de hasta el 75% de nutrientes y su deshidratación. Algo más superficial parece el hecho de que los alimentos cocinados en el mencionado electrodoméstico pierden sabor, debido precisamente a los dos puntos anteriores (reparto desigual del calor y pérdida de su composición original).

Consejos para su uso correcto

Existen una serie de consejos y precauciones que podemos llevar a cabo para que el uso del microondas sea más seguro.

  • El primer punto es intentar no meter plástico en él. Valora bien qué tipo de envase estás introduciendo en él, ya que no todos son aptos e, incluso aunque lo sean (existen algunos plásticos que sí se pueden meter), lo ideal es que optemos por recipientes de vidrio siempre que podamos. Es menos tóxico y las cualidades de los alimentos se mantienen mejor.
  • Una segunda recomendación pasa por ventilar el microondas antes de comenzar a usarlo. Con un par de minutos bastará. Esto se aconseja para que el espacio interior no concentre las posibles bacterias que se han podido desarrollar a causa de restos de comida, uso intensivo, etc.
  • Por último, recordamos que existen alternativas a este electrodoméstico, por lo que podríamos combinarlas entre sí si consideramos que abusamos demasiado de él.

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Ideas para utilizar menos el microondas

Si un alto porcentaje de nuestra actividad en la cocina se concentra ante este electrodoméstico, debemos saber que hay alternativas. Lo primero es analizar para qué lo usamos.

  • Hay quienes solo lo utilizan para calentar el vaso de leche de las mañanas. En este caso, la alternativa es conocida por todos: además de en el microondas, todos los alimentos se pueden calentar en el fuego o vitrocerámica. Es cierto que, por rapidez, se suele optar por él cuando solo queremos calentar, pero en los fogones podemos encontrar un aliado.
  • Si usamos la función gratinado, esta también se puede hacer en un horno tradicional. Según el modelo que hayamos comprado, normalmente los hornos de mayor tamaño consiguen un mejor resultado de gratinado que los microondas, aunque el consumo energético es mayor y la rapidez es menor.
  • En el tema de la descongelación hay opiniones variopintas. Lo ideal sería descongelar los alimentos a temperatura ambiente, en los tiempos que necesita, para no romper la cadena de frío y permitir que sigan su proceso habitual. Sin embargo, por cuestiones de tiempo y comodidad, muchas veces recurrimos al microondas para descongelar. En este punto y para evitar que el alimento se estropee, es muy importante seguir las recomendaciones del fabricante. Por ejemplo, muchos modelos permiten ajustar los tiempos por peso, otros recomiendan darle la vuelta a mitad de descongelación para que el calor se reparta de forma uniforme o incluso hay quienes aconsejan un tamaño máximo por pieza para que el proceso se lleve a cabo de forma correcta.
  • Por último, si nuestro uso intensivo se debe a que cocinamos directamente en él, podemos variar el modo en el que preparamos nuestra comida. Rescatar el tostador, los procesadores de alimentos, incluso apostar por más recetas en crudo, que mantienen inalterables las propiedades de los ingredientes.