Las bananas a cuya piel también se hinca el diente ya son una pasmosa realidad en Japón, donde ya se producen en regiones como Fukushima, que, alejados los fantasmas del accidente nuclear, ya se envalentona con la agricultura más vanguardista. Lo cierto es que la prefectura de Fukushima era una próspera zona dedicada a la agricultura hasta que el terremoto que ocasionó el accidente nuclear de marzo de 2011 cambió radicalmente el panorama.

Así, durante estos ocho años apenas han podido continuar con esta industria pues los cultivos, como el arroz, presentaban trazas de contaminación radiactiva. Sin embargo, durante estos últimos años los japoneses no han permanecido ociosos pues han puesto en práctica nuevas herramientas como los suelos de poliéster, una argucia que les ha permitido mantener aislados los cultivos de las tierras contaminadas.

Pero es ahora cuando los agricultores retoman esta industria pues las frutas y verduras ya son aptas para consumo humano. De hecho, los niveles de radioactividad son semejantes a los de otras ciudades del mundo e incluso el pescado puede venderse sin cortapisas. Aunque sí que es cierto que se mantienen ciertos límites sobre la agricultura y la ganadería que se realiza en las zonas más próximas a la planta nuclear.

Foto: iStock.
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Plátanos de los que no se desperdicia ni la piel

De esta pujante agricultura, uno de los productos que coge fuerza por lo innovador de su propuesta son los plátanos de piel comestible a los que han bautizado como Kirei, que, en japonés, significa 'hermoso'.

Así, los agricultores que se vieron irremediablemente afectados por el desastre de la planta de energía nuclear de Fukushima en 2011 acaban de obtener una cosecha de gran calidad con la que pretenden revivir los negocios agrícolas de la ciudad tras el obligado letargo en los que los sumió el accidente.

"Nadie hubiera imaginado esta cosecha de banano hace ocho años y medio cuando ocurrió el tsunami y el accidente nuclear", afirmó el gobernador de Fukushima, Masao Uchibori, una de las personalidades presentes en la cosecha.

Eso sí, los plátanos no serán precisamente baratos pues una pieza costará cerca de 300 yenes (casi tres dólares). Sin embargo, hay algo que las distingue del resto de competidoras y es que, como decíamos, sus pieles son comestibles. Con su cultivo, además, Japón pretende autoabastecerse en parte de su propio plátano, que por ahora se ve abocado a importar fundamentalmente de Filipinas. Asimismo, resulta que es una fruta que les apasiona tras volverse popular tras la II Guerra Mundial. No en vano, Japón importó 605.492 toneladas de bananas por valor de 277 millones de dólares en 2015. Por cierto, el plátano sigue en racha pues su carácter de listo para comer la ha convertido en fundamental para la generación de las prisas.

¿Es seguro consumir plátanos de Fukushima?

Lo cierto es que en la prefectura de Fukushima, aunque todo parece estar bien, no baja la guardia ya que se establece un sistema para probar la radiación en productos agrícolas para garantizar una distribución y consumo de productos seguros con constantes inspecciones.

Foto: iStock.
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“La monitorización de la radiación medioambiental de los productos agrícolas, forestales y marinos de primera necesidad ha sido llevada a cabo por los gobiernos prefecturales, entre ellos el de Fukushima, siguiendo los 'Conceptos de la implementación y levantamiento de los objetos y áreas sujetos al plan de inspección y a restricciones de envío', establecidos por la Sede de Respuesta a Emergencias Nucleares (cuyo director general es el primer ministro)”, según explican en la web de la prefectura de Fukushima.

Los resultados de la monitorización se hacen públicos en la página web de la prefectura y también se proporcionan actualizaciones a la prensa.

Los plátanos que vienen del frío

Lo cierto es que ya no se estila pelar los plátanos, por lo menos en Japón. Así, también ha debutado en los mercados una variedad de plátano muy semejante a la anterior para cuyo cultivo también se precisa el frío ya que se desarrolla a temperaturas de 60 grados bajo cero para replantarlos posteriormente mientras se descongelan en climas más cálidos cuya temperatura ronda los 30 grados.

Han sido bautizadas como Mongee Banana y su desarrollo ha corrido a cargo de los científicos de la compañía D&T, que han decidido imitar el clima frío de la Tierra de hace 20.000 años cuando las primeras plantas comenzaron a brotar tras el deshielo invernal. De esta manera, se fomenta el crecimiento de la planta y se crea una cáscara comestible muy delgada. Así, mientras la mayoría de las plantas de banano necesitan dos años para alcanzar la madurez completa, las Mongee solo precisan de cuatro meses.

Los investigadores decidieron desarrollarlos imitando el clima frío de la Tierra de hace 20.000 años

Una ventaja adicional es que no se emplean pesticidas. Tampoco han sido precisas modificaciones genéticas para sacarlo adelante. En el sitio web de D&T Farm afirman que la cáscara de plátano Mongee puede contener triptófano, que algunos estudios relacionan con la creación de serotonina, vitamina B6 y magnesio.

¿Y a qué sabe? Pues los que la han catado aseguran que su pulpa blanca resulta más dulce y tropical por su alta concentración de azúcar, pues hallamos 24,8 gramos cuando la media es de 18,3 gramos. A algunos les evoca el sabor de la piña. En cualquier caso, parece que nos tendremos que quedar con sus impresiones pues este plátano solo se vende en Japón, aunque puede que no tardemos en verlo haciendo las Américas en mercados como el estadounidense.

La compañía recomienda aguardar a que empiecen a brotar manchas marrones en la cáscara, luego cortar todo en rodajas y disfrutar de la fruta pieza por pieza. Un consejo que nos guardaremos para más adelante pues por ahora, como decíamos, no hay visos de que esta fruta amanezca por Europa.