Más de 68 millones de euros de deuda ponen en serio peligro una de las creaciones que marcan no solo uno de los hitos del diseño, sino una máquina que ha proporcionado café de extrema calidad a millones de personas a lo largo y ancho del mundo: la cafetera Moka Express. El ingeniero italiano Alfonso Bialetti diseñó en 1933 la famosa cafetera que estaba pensada para poder hacer café bueno, rápido, digno de una máquina de espresso. Pero tenía que cumplir, además, una característica muy concreta: en 1933 el país estaba atravesando una seria crisis económica y a lo que no estaban dispuestos era a renunciar a su café, por lo que debía ser barata. Tras un parón en la producción durante la Segunda Guerra Mundial, la dirección de la compañía pasó a manos del hijo de Alfonso en 1946.

Cómo funciona

Foto: iStock.
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La forma tradicional de preparar un café era llevar agua a ebullición, meter en ese agua café molido y después colarlo. Exactamente igual que en una cafetera de émbolo. En una cafetera Moka Express, el mecanismo es considerablemente diferente. El agua se coloca en el compartimento inferior, el café en el medio y el café borbotea por la parte superior según se va haciendo. Cuando el agua se calienta, libera vapor de agua que empuja agua casi hirviendo, a alta presión, a través del café molido. Cuanto más sube la presión, la fuerza aumenta cada vez más, llegando al 'pitorro' que se encuentra en la parte superior (según abrimos la tapa). De esta forma nos aseguramos que solo agua extremadamente caliente, que ha atravesado el café a alta presión (y que tiene todo el sabor) llega a nuestra taza.

Un icono del diseño

La cafetera Moka Express esta considerada uno de los hitos del diseño. Es por esto que este utensilio está en exposición en el MOMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York) y en el London Science Museum, como ejemplo de un objeto auténticamente 'made in Italy'.

Bebemos más café, menos Moka

La empresa de estudios de mercado Nielsen ha registrado un aumento enorme de la cantidad de cafeterías en Italia (más de 150.000), de las cuales la inmensa mayor parte de las nuevas corresponde a sucursales de la cadena Starbucks. Este aumento de la necesidad italiana de café (que nunca fue pequeña) parece no haber tenido un efecto positivo en cómo de bien les va a los fabricantes de cafeteras clásicas. Pero está de más echarle la culpa a los pobres comerciantes, grandes y pequeños, que ofrecen café en sus propios establecimientos. La culpa es de las cápsulas.

"La venta de cápsulas se está disparando mientras que la de café molido no para de bajar"

Según el mismo informe de Nielsen, en 2017 el tamaño del mercado del café molido se redujo un 6%, mientras que las cápsulas aumentaron sus ventas en más de un 23%.

Francesca Acuri, directora de comunicación de Filicori Zecchini, uno de los mayores fabricantes de café del país, comentaba al periódico 'Telegraph' que "en lo que se refiere a distribución a gran escala, las cápsulas se están disparando mientras que el café molido no para de bajar. Y eso teniendo en cuenta que en Italia más del 70% de las familias tienen una cafetera Moka".

El fin se acerca

Bialetti está en una situación pésima. Debe más de medio millón de euros a sus propios trabajadores y millones al Estado italiano. Pero, como son italianos, los directores de la longeva compañía no pierden la esperanza. Planean contratar préstamos por valor de 35 millones de euros del fondo de inversión libre Och-Ziff Capital. Eso y una renegociación con el Gobierno sobre los plazos de los pagos de las deudas podría alargar, de momento, la vida de la cafetera Moka. Esperemos que así sea.