Muchos todavía recordarán las bayas de goji, aquellas que prometían, allá por la primavera de 2010, llenarnos de salud y ponernos a salvo de múltiples y dispares dolencias. Así, sus mayores defensores nos aseguraban que su ingesta nos reportaría altos niveles de energía, la mejora de nuestro sistema inmunológico, aliviar problemas de próstata e incluso prevenir enfermedades cardiovasculares y de colesterol, entre otros pequeños milagros que podían obrar en nuestra salud.

Con semejante plantel de virtudes, no fueron pocos los que corrieron a hacerse con su ración diaria de bayas de goji. De hecho, tal fue su demanda que empezaron a proliferar no solo en herbolarios y tiendas especializadas, sino que también los supermercados agregaron a su lineal este producto de China. Su precio, además, lo convertía en un producto muy rentable pues se vendía a 24 euros el kilo.

Según se aseguraba, este alimento aportaba zinc, hierro, cobre, calcio, vitamina C, omega 3 y 6, luteína y zeaxantina, entre otros. Entonces, si tan buenas eran, ¿qué fue de las bayas de goji? ¿Murieron de éxito? ¿Por qué dejamos de consumirlas con tanta pasión? No en vano, pocos de los que acogieron con gran entusiasmo las bayas de goji siguen consumiéndolas, dado que pronto la OCU reveló que el producto rebosaba de ciertos elementos no tan saludables como pesticidas prohibidos en la Unión Europea. Así, la noticia se cebó con las ventas.

¿Qué son las bayas de goji?

Su aspecto e incluso su sabor –entre el arándano y las fresas– todavía colea en la mente de muchos. No obstante, conviene que recordemos que las bayas de goji son un tipo de fruto silvestre de color rojizo que se cultiva principalmente en el interior de China, en la cordillera del Himalaya, y en Mongolia. En nuestro país resultaba fácil encontrarlas desecadas y listas para ser consumidas como un fruto seco más.

Están ganando presencia como producto cosmético en cremas antiarrugas corporales y faciales

Claro que pronto empezó su debacle pues a este supuesto 'elixir de la juventud' la OCU lo puso de vuelta y media tras someter varias muestras de bayas (un total de 10) a un exhaustivo examen que reveló que podían producir un efecto en nuestra salud que poco o nada tenía que ver con el pretendido. En concreto, según los exámenes llevados a cabo por este organismo, en dos de las muestras se encontró cadmio por encima de los niveles legales (0,05 mg/kg), con niveles de 0,06 mg/kg. No hay que olvidar que el consumo excesivo de este elemento puede repercutir en la producción de hormonas sexuales e incluso una mayor probabilidad de fracturas debido a la desmineralización de los huesos.

Pero no solo esto, sino que también se halló plomo en casi todas las muestras, cobre en altos niveles y hasta 13 pesticidas diferentes como el fenpropatrin, presente en 3 de las 10 muestras, y el fenvalerato, hallado en 8.

Ante la evidencia de estos resultados, la OCU demandó a las autoridades competentes la retirada del producto. No obstante, la réplica de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) no fue la esperada. De hecho, este organismo aseguró en su día que las polémicas bayas no entrañaban un peligro para la salud: “En relación a los metales pesados, teniendo en cuenta que se presenta como producto desecado y de acuerdo con los límites establecidos en la legislación europea vigente, no se sobrepasan los valores permitidos. Por su parte, los plaguicidas se encuentran dentro de los límites legales, a excepción de una muestra que supera el límite establecido para un plaguicida en una centésima”.

Por lo tanto, la AESAN descartó la posibilidad de impedir su venta e incluso afirmó que no existía “ningún riesgo inmediato para la salud, para las personas que habían consumido este producto“.

Efecto placebo

Las bayas de goji resistieron el ataque de la OCU y lograron el respaldo de los organismos responsables del área. De esta manera, a día de hoy todavía es posible adquirirlas en los supermercados sin tener, por lo tanto, que dar muchas vueltas. Incluso podemos comprarlas en su versión ecológica. Esta última opción nos preserva de los presuntos pesticidas a los que se vincula el producto.

No obstante, dejando al margen la posible presencia de tóxicos, ciertos expertos como el director del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Granada, el catedrático Emilio Martínez de Victoria, también han opinado acerca de este alimento. En concreto, este último aseveró que las bayas ejercen ”un importante efecto placebo”. Paradójicamente poseen los mismos nutrientes que las frutas y verduras que se cultivan en el Mediterráneo.

Todo esto, sin duda alguna, contribuyó a que las bayas de goji dejaran de etiquetarse como superalimento pues la moda pasó. Ahora las semillas de chía o el aceite de coco las han reemplazado en la mente de los consumidores más entusiastas con las modas alimenticias.

Una crema facial con bayas de goji

Sin embargo, en los últimos años volvemos a toparnos con el furor que desatan las bayas de goji, pero esta vez como crema para atenuar los signos de la edad en la piel. Lo cierto es que numerosas marcas las incluyen en su formulación como principio activo tanto para la piel del rostro como del cuerpo. Sin ir más lejos, la cadena de supermercados Mercadona ofrece una crema corporal que incluye bayas de goji.