El mundo de los cafés a veces da la bienvenida a auténticas raras avis como el café que defecan las civetas que, a día de hoy, se ha convertido en un producto gourmet cuyo precio ronda los 900 euros el kilo. El luwak, nombre que se le otorga a la civeta en el idioma local, es un animal originario de Asia y África Subsahariana, donde abundan las plantaciones de café. La civeta no se alimenta exclusivamente de este producto, pues también es aficionada a los mangos, aunque de vez en cuando acostumbra a darse un homenaje con los mejores granos de café. Un providencial bocado que permite a las enzimas digestivas de las civetas variar la estructura proteica de los mismos, eliminando parte de su característica acidez y creando una bebida mucho más suave.

Lo cierto es que su metabolismo le permite digerir las partes más blandas y carnosas de las semillas, pero el resto es desechado dando como resultado este codiciado grano de café repleto de dulzor. Según Café Saula, una de las muchas marcas que comercializa el producto en nuestro país, “las enzimas de su estómago confieren al café un aroma rico e intenso con notas de caramelo y chocolate”. Después, tras el correspondiente tostado y la molienda final, su auténtica naturaleza ya es cosa del pasado. A estas alturas, muchos se preguntarán de quién partió la ocurrencia de crear una variedad de café con una materia prima tan poco suculenta. Lo sentimos, pues todavía se ignora la identidad del autor de la estrambótica idea. Aunque algunos creen que debió tratarse de alguien acuciado por la pobreza.

Este café requiere una recolección artesanal y, además, no abunda en exceso. Tal es su fama que incluso se han inventado mecanismos capaces de simular el proceso digestivo de estos animales, obteniendo así un café más módico. Pero parece que el estómago de la civeta no tiene rival en este menester.

Café con maltrato animal

No obstante, dicho café también puede presentar un regusto a maltrato animal. Así, según ha denunciado PETA, estos animales, semejantes a un felino, lejos de vivir en libertad y comer a su antojo, permanecen confinados en jaulas y se les obliga a consumir café de manera compulsiva. Desafortunadamente, este tipo de dieta tiene consecuencias en su salud: “En el medio silvestre, las civetas trepan a los árboles para alcanzar la fruta madura, pero en cautiverio, solo se les alimenta en contenedores llenos de bayas de café, mucho más de lo que nunca comerían de forma natural, lo que lleva a deficiencias de nutrientes”, explica esta organización animalista en su portal oficial.

Foto: iStock.
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Al parecer, la falta de una alimentación adecuada, sumada al estrés del confinamiento, les hace perder su pelaje, además de debilitarlos hasta tal punto que muchos ejemplares acaban pereciendo, denuncia PETA. Muchos pensarán que este inconveniente se solventa comprando café de civeta de origen salvaje, nada más lejos de la realidad. Al parecer este dato se falsea. Los agricultores que se dedican a la producción de este café tan peculiar han reconocido que resulta muy difícil producir exclusivamente café de civeta de origen silvestre y que la industria, a sabiendas, etiqueta incorrectamente el producto de los animales en cautividad.

Café a partir de heces de elefante

Foto: iStock.
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Sin embargo, el kopi luwak no es el único café que revela una simbiosis perfecta entre el mundo vegetal y el animal. De hecho, existe otra variedad igual de escatológica y poco atractiva al paladar, al menos en un primer momento. Hablamos del café que excretan los elefantes, a los cuales se alimenta con los mejores granos de café 100% arábica recolectados a 1.500 metros de altitud. Su merienda, además, se compone de arroz, plátano o tamarindo, con el objetivo de velar por un correcto aporte nutricional. El resultado es una taza con notas de chocolate, especias, tabaco y cuero, además de un toque herbáceo y rojo cereza.

Las enzimas digestivas de la civeta otorgan al café un aroma rico e intenso con notas de caramelo y chocolate

En principio, parece que en este caso no hallamos rastro de maltrato, más bien estamos ante una original solución a un problema que afectaba a la coexistencia de humanos y elefantes. Según explica el fundador de Black Ivory Coffee, el canadiense Blake Dinkin, en época de sequía, los elefantes suelen abandonar la selva para adentrarse en las plantaciones de café en busca de comida. Es aquí cuando surge el conflicto con los agricultores, que antes decidían atajarlo envenenando a estas hermosas criaturas.

“Debido a nuestro compromiso con la conservación y el bienestar de los elefantes, apoyamos a Golden Triangle Asian Elephant Foundation para educar a los niños del cuidado de los elefantes, dando a conocer a las familias la difícil situación de los elefantes salvajes en Tailandia y el tema del conflicto entre los elefantes y los humanos”, explican en el portal oficial de Black Ivory Coffee.