Puede que creas que cultivar calabacines te pone en sintonía con la tierra y que pocas delicatessen hay comparables a comer lo que uno mismo produce. Pero sin duda, tal vez deberías excluir esta verdura de tus tentativas hortelanas. No en vano, en ellas se puede desarrollar una sustancia tóxica que en el peor de los casos puede matarte y en el mejor, causarte síntomas tan insospechados como que se te caiga el pelo literalmente en axilas, brazos e incluso la cabeza.

“Durante los últimos años se han registrado numerosos casos de intoxicación por cucurbitacina, una toxina generada de forma natural en algunos tejidos de las especies de la familia Cucurbitaceae como medio de defensa contra herbívoros, debido a que su presencia se asocia a un característico sabor amargo”, detallan en Analytica Alimentaria, una empresa dedicada a la seguridad en estos ámbitos.

Por lo tanto, no solo los calabacines susceptibles de desarrollar esta sustancia, pues un total de 760 especies se inscriben en la numerosísima famila de las cucurbitácea, entre cuyos miembros más destacables encontramos el calabacín, la sandía, el pepino, el melón y la calabaza. Por cierto, esta última arranca ahora su temporada álgida.

Una sustancia que puede ser letal

¿Y qué pasa si consumimos un producto con una alta concentración de cucurbitacina? El caso más grave lo conocimos en Alemania en 2015 cuando un hombre falleció tras ingerir calabacines que él mismo había cultivado. A raíz de este incidente, las autoridades sanitarias de algunos estados federales de Alemania recomendaron extremar la precaución con este tipo de alimentos vegetales, con independencia de que estén crudos o hayan sido cocinados, pues su toxicidad sigue intacta en ambos casos.

Este caso no implica que tiremos a la basura una cosecha entera de calabacines o calabazas, pero sí que degustemos previamente un pequeño trozo para asegurarnos de que no habrá sorpresas. Si apreciamos que la verdura resulta mucho más amarga de lo habitual, esto nos puede alertar acerca de la presencia de esta cucurbitacina.

Foto: iStock.
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Así, parece ser que el sabor amargo es decisivo para identificar este problema: “La presencia de cucurbitacina está asociada al sabor amargo, pero el análisis organoléptico no es un método de detección concluyente por no haber relación directa entre la intensidad de amargor y la concentración de dicha sustancia”, explican en Analytica Alimentaria.

Dos mujeres perdieron el pelo tras el consumo de alimentos que contenían calabaza afectadas por cucurbitacina

Pero es cierto que muchas personas no se desaniman ante un sabor amargo e incluso puede que sientan cierta predisposición a comer productos agrios. ¿Y por qué las pequeñas huertas domésticas pueden presentar este problema? Pues porque la concentración de cucurbitacina puede aumentar en las cosechas propias si la planta no ha recibido suficiente agua o ha sido polinizada por los insectos que abundan en el vecindario. En los pepinos silvestres, por ejemplo, es bastante común esta sustancia que sirve para salvaguardar al fruto de la voracidad de los animales hervíboros.

Calvicie por cucurbitacina

En 2018, la publicación científica 'JAMA Dermatology' recogió los casos de dos mujeres que se quedaron sin pelo tras el consumo de alimentos que contenían calabaza que presumiblemente estaban afectadas por cucurbitacina. Estas dos pacientes, que no tenían vinculación, reconocieron que la comida presentaba un sabor especialmente amargo, pero que pese a ello concluyeron el plato.

Ambas empezaron a manifestar malestar como náuseas y diarrea. Pero el colmo fue cuando unas semanas más tarde comenzó a caerles el cabello. Incluso el vello púbico o el de los brazos acusaron este mismo problema.

Foto: iStock.
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Lo cierto es que estos casos han causado perplejidad entre los responsables del Departamento de Dermatología del Centro de Salud Sabouraud en el Hospital Saint-Louis de París. No en vano, estos profesionales aseguran que es la primera vez que se topan con esta rara consecuencia por consumo de cucurbitacina.

Los expertos creen que estos compuestos tóxicos en los folículos capilares han actuado de la misma manera en que lo hacen algunos medicamentos empleados en ciertos tratamientos de quimioterapia y que también causan una pérdida de pelo. Afortunadamente esta calvicie es temporal y se revierte a los pocos meses, ya que el cabello vuelve a crecer sin mayor problema.

¿Un remedio contra el cáncer?

Pero, paradójicamente, resulta que lo que puede matar parece que también puede curar: “Se ha demostrado que varias cucurbitacinas, como B, D, E, I, R, poseen actividades antiproliferativas y anticancerígenas. Mecánicamente, las cucurbitacinas inducen la detención del ciclo celular en la fase G2 e inducen la apoptosis a través de varios mecanismos, como la producción de especies reactivas de oxígeno. Además, pueden inhibir la migración e invasión de las células cancerosas”, destacan en este estudio en el que se asegura que esta sustancia es prometedora.

En la citada investigación añaden que aunque estas sustancias son muy amargas, "se han utilizado como medicinas populares en algunos países debido a su amplio espectro de actividades farmacológicas como los efectos antiinflamatorios y anticancerígenos".