Es una medida sencilla, pero al parecer determinante. Las empresas que quieran que sus empleados mantengan una buena salud deberían eliminar las máquinas expendedoras de bebidas azucaradas del lugar del trabajo.

Lo acaba de demostrar un equipo de científicos de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) en una nueva investigación, que publica el último 'JAMA Internal Medicine'.

Desde hace tiempo, autoridades de varios países han emprendido una cruzada contra los ‘vending’ de comida y bebida, cargados de productos calóricos: chocolatinas, snacks, bollería industrial, bebidas azucaradas… Así lo han hecho Italia, Francia o Portugal. De hecho, este último país vecino, desde 2012, regula los contenidos de las máquinas de ‘vending’ que se encuentran en los colegios e institutos, una medida que los lusos ampliaron a cualquier espacio público (sobre todo los sanitarios) y que impide la venta de caramelos, refrescos y snacks de chocolate, entre otros.

En España contamos con una ley previa a la de nuestro vecino: la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición de 2011, cuyo artículo 40.6 establece: “En las escuelas infantiles y en los centros escolares no se permitirá la venta de alimentos y bebidas con un alto contenido en ácidos grasos saturados, ácidos grasos trans, sal y azúcares”.

"Las máquinas de venta en España facturaron 1.000 millones en 2018"

Pese a ello, muchas sociedades científicas han elevado su voz ante el incumplimiento de la medida y hay estudios que lo corroboran, como el publicado cuatro años más tarde en la 'Revista Española de Salud Pública', llevado a cabo en la Comunidad de Madrid. Se trata de un estudio transversal sobre una muestra aleatoria de 330 IES de la comunidad mencionada que encontró que la prevalencia de máquinas expendedoras fue del 17,3%. El 80,5% de sus productos fueron menos saludables, altamente energéticos, ricos en grasa o azúcar y pobres en micronutrientes. El 10,5% resultaron ser productos saludables. Los autores determinan: "Las máquinas expendedoras son frecuentes en los IES de Madrid y la mayoría de sus productos tienen un mal perfil nutricional".

Foto: iStock.
Foto: iStock.

A pesar de que el año pasado distintas comunidades propusieron grandes cambios normativos de las máquinas expendedoras de alimentos, solo un año después, la Sociedad Española de Epidemiología volvía a insistir a la Administración y solicitaba que regule la oferta de productos de las máquinas para que sean más saludables.

Por una reducción de costes sanitarios

Según el grupo de trabajo de nutrición de la salud de la SEE, esta propuesta relativa a las máquinas expendedoras supondría un “bajo coste para la Administración pública”, ayudaría a frenar la epidemia de obesidad en España y reduciría los costes sanitarios derivados del exceso de peso, “contribuyendo a una sociedad más saludable con un sistema sanitario más sostenible”.

Esta sociedad médica propone en un informe que los productos sean 100% saludables en centros educativos, sanitarios y deportivos con financiación pública y al menos un 50% saludable en otro tipo de centros de la Administración pública o con financiación pública.

La escasa regulación ha provocado la proliferación de estas máquinas de venta directa, que también se han extendido a otros espacios públicos, como estaciones de transporte, parques y establecimientos a pie de calle, un sector que en 2018 facturó 1.000 millones de euros.

Reducir grasa abdominal

Y como demuestra la nueva investigación, los beneficios de su exclusión son reales. La prohibición en el lugar de trabajo de la venta de bebidas endulzadas con azúcar condujo a una reducción promedio del 48,5% en su consumo y significativamente menos grasa abdominal entre 202 participantes.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Al final del estudio de 10 meses, los empleados que habían reducido su consumo de bebidas azucaradas, como gaseosas, bebidas deportivas y tés endulzados, también tendieron a mostrar una mejora en la resistencia a la insulina y redujeron el colesterol total.

"Esto nos muestra que simplemente terminar las ventas de bebidas azucaradas en el lugar de trabajo puede tener un efecto significativo en la mejora de la salud en menos de un año", dice la autora principal, Elissa Epel, profesora de psiquiatría y directora de Centro de Envejecimiento, Metabolismo y Emociones del UCSF. "Existe una vía bien conocida desde el refresco hasta la enfermedad. El alto consumo de azúcar conlleva una mayor grasa abdominal y la resistencia a la insulina, que son factores de riesgo conocidos para diabetes, enfermedad cardiaca, cáncer e incluso demencia. Estudios recientes también han relacionado el consumo de azúcar con la mortalidad temprana".

"Eliminar las bebidas azucaradas en el trabajo tiene un efecto significativo en la salud en menos de un año"

El ensayo comenzó en el período anterior a que UCSF terminara la venta de bebidas endulzadas con azúcar en todos los campus e instalaciones médicas en 2015. Los participantes, que eran todos empleados de la citada institución, fueron evaluados nuevamente 10 meses después de que se evitara su venta.

"Esto no era una prohibición del consumo de bebidas azucaradas", enfatizan los investigadores. "La gente todavía podría traerlos de casa o comprarlos fuera del campus. Este estudio demuestra el valor de manipular entornos de trabajo para apoyar la salud de las personas en lugar de lo contrario".

El estudio incluyó a empleados que se habían descrito antes de la prohibición como consumidores frecuentes de bebidas endulzadas con azúcar, tal como se define al beber más de 360 ml por día. Al comienzo del estudio, los participantes bebieron un promedio de 1.035 ml de bebidas azucaradas por día. Al final, su consumo promedio se redujo a 532 ml, una disminución del 48,5%

La mitad de los participantes del estudio fueron seleccionados al azar para recibir una breve intervención motivacional sobre el consumo de bebidas azucaradas, modelada en intervenciones estándar como las que se llevan a cabo con el uso de alcohol en el lugar de trabajo. Entre ese grupo, el consumo disminuyó en un promedio de 79,338 ml a 283,906 por día.

Además, casi el 70% de los participantes tuvo una disminución en el tamaño de la cintura y la mayoría de este grupo también perdió peso. Los que redujeron su consumo de bebidas azucaradas también mostraron una disminución en la resistencia a la insulina, aunque esto no fue cierto para todos los participantes.

"Este es un grupo de personas que estaban en alto riesgo de aparición temprana de enfermedades metabólicas y probablemente también de cáncer", aseveran los autores. "Estaban tomando al menos una bebida azucarada al día. Los participantes con sobrepeso u obesidad ya tenían niveles muy altos de resistencia a la insulina, en el rango prediabético, y los participantes delgados también eran resistentes a la insulina. Independientemente de si tenían sobrepeso, la mayoría de los participantes en el estudio tendieron a perder grasa abdominal cuando se les ofreció una selección de bebidas más saludables en el trabajo", insisten.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Alternativas

"En lugar de refrescos azucarados, los lugares de trabajo pueden ofrecer a sus empleados aguas con sabores, agua con gas y cafés y tés sin azúcar. También pueden alentar a las personas a beber agua instalando atractivas estaciones dispensadoras de agua filtrada, como vemos cada vez más en los aeropuertos y otros lugares públicos e instalaciones", recalcan.

Una limitación importante del estudio era que no había un grupo de control de una institución comparable que no tuviera prohibidas las ventas de bebidas azucaradas. Sin embargo, "la tendencia natural durante un año es aumentar una pequeña cantidad de peso y grasa abdominal. Por lo tanto, es alentador que no hayamos visto un aumento de peso promedio y una reducción en el tamaño de la cintura. Sin embargo, es fundamental tener un grupo de control para cambios en la cultura. Nuestro grupo de investigación está actualmente examinando los efectos de una prohibición de ventas en un gran ensayo controlado de varios sitios de hospitales en colaboración con Sutter Health", apostilla la autora principal.