Se han hecho un claro hueco en la cesta de la compra de muchos ciudadanos, que han encontrado en ellas una alternativa a la leche tradicional: la de vaca. Hablamos de las leches vegetales. Ahora bien, los intolerantes o alérgicos a la leche o aquellos que han decidido cambiar sus hábitos de consumo respecto a este alimento tienen que hacer un desembolso mucho más elevado que el resto de la población. Esta es la cuestión que acaba de poner sobre la mesa la organización de conciencia alimentaria ProVeg, que insta la Gobierno español a poner fin a esta discriminación físcal. Una petición que será muy celebrada hoy teniendo en cuenta que es el Día Mundial del Veganismo.

El motivo: en nuestro país, el IVA de la leche de soja es del 10% frente al 4% de la de vaca, lo que supone un 150% más alto para las leches vegetales, lo que nos convierte en uno de los seis países de la UE con el impuesto más alto.

Los intolerantes o alérgicos son sus principales usuarios, así como algunos preocupados por la salud

"La leche es solo un ejemplo de cómo cada vez más consumidores están diversificando su dieta con productos basados en plantas y comiendo menos alimentos de origen animal. La principal motivación para elegir las leches vegetales es su sabor y aspectos relacionados con la salud", insiste la organización.

Foto: iStock.
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Los consumidores "valoran que la leche vegetal tenga menos calorías, grasa y carbohidratos que la de vaca. Pero hay otros motivos. La mayoría de los humanos, como otros mamíferos, pierden gradualmente la lactasa después de la infancia, enzima intestinal que permite digerir la lactosa presente en la leche. Por ello, el 75% de los adultos humanos es intolerante a la ingesta habitual de leche", añade.

Otro hecho que se suma a la hora de elegir alternativas vegetales "es la alergia a la leche, que afecta a entre el 1 y el 3% de la población, y es la alergia alimentaria más común en bebés y niños, resultado de la reacción inmunológica a ciertas proteínas de la leche", insiste.

Su consumo

Actualmente, uno de cada dos estadounidenses compra ahora leches vegetales, solas o alternándolas con leche de vaca, al igual que hace el 43% de los europeos o más de dos tercios de la población de Asia-Pacífico y América Latina. Los datos, procedentes de un estudio de la consultora Cargill realizado el año pasado, se incluyen en el informe 'Leches vegetales 2019' realizado por ProVeg Internacional y publicado con motivo de la celebración del Día Internacional de la Leche Vegetal, el pasado 22 de agosto.

En España, el consumo de leche de vaca ha registrado un descenso del 27,4% desde el año 2000, según un estudio de la consultora Nielsen. En 2017 se registró una bajada del 0,3% en volumen de ventas y un descenso de su valor de mercado del 2,2%. Por su parte, en ese mismo año, el volumen de ventas de leches vegetales creció un 8,3% y su valor de mercado subió un 5,8%. Pese a haber sido el motor del crecimiento durante muchos años, la leche de soja no está detrás de estas cifras, ya que sus ventas bajaron un 8,7%, al tiempo que crecían otras alternativas vegetales como la leche de avena, de almendras, de avellanas o de quinoa.

A nivel mundial, las perspectivas de crecimiento son esperanzadoras. El mercado de las leches que no son de vaca alcanzará los 38.000 millones de dólares en 2024, lo que supondrá un incremento del 14% en comparación con 2018, según un estudio de Research&Markets incluido en el informe de ProVeg.

“Urgimos al Gobierno que salga de las urnas el próximo 10 de noviembre que equilibre los impuestos de las leches vegetales y las de vaca . Los consumidores están pagando literalmente un precio más alto por querer proteger nuestro planeta y por ser conscientes del cambio climático”, apunta Cristina Rodrigo, directora de ProVeg España.

“Estamos inmersos en una crisis climática y esta antigua política del IVA frena la innovación y la competencia de los productos basados en plantas. Es injusto e inequitativo, y se necesita una reforma urgente si nos tomamos en serio el progreso en la mitigación del cambio climático”, insiste.

Foto: iStock.
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Conciencia ambiental

La reducción del impacto medioambiental es otro de los motivos que impulsan al consumo de leches vegetales. La FAO ha advertido de que el sector ganadero es el responsable del 16,5% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero. El 'top ten' de las compañías ganaderas y lecheras del mundo generan más emisiones que toda Alemania entera, el país más contaminante de la UE debido a su industria del carbón.

La producción de alimentos animales necesita más zonas de cultivo que la de productos basados en plantas. Vastas áreas de bosques, prados y humedales son destruidos para plantar pasto con el que alimentar a la ganadería. Y sin embargo, estas zonas naturales actuarían absorbiendo CO2, lo que protegería a la atmósfera del calentamiento global.

Otro aspecto importante es el consumo de agua, un recurso escaso cuando sigue habiendo 785 millones de personas con acceso limitado a este recurso. La cantidad que se utiliza para beber, cocinar o la higiene es pequeña en términos de consumo total. El sector agrícola, sin embargo, utiliza el 70% del agua potable disponible en todo el mundo.

El informe de ProVeg denuncia que muchos Estados miembros de la UE tienen tipos impositivos superiores para las leches vegetales. Es el caso de Alemania, donde el IVA de estos productos es del 19% frente al 7% de la leche de vaca, el caso de Austria (el 20% frente al 10%), Grecia (24% frente al 13%), Italia (22% frente al 4%) y también España (10% frente al 4%). En Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia u Holanda, los impuestos son iguales.

En un futuro

Al igual que sucede con la carne, "varios grupos de científicos están trabajando en la actualidad en la producción de proteínas de leche de laboratorio, pero sin necesidad de vacas ni de otros animales. Para ello se modifica el código genético de ciertos microorganismos, tal y como se hace con la levadura para el pan, habilitándoles para producir proteínas de leche que son completamente idénticas a las derivadas de los animales, gracias a un proceso de fermentación. El proceso de producción es similar al de la vainilla o la insulina de los diabéticos. La materia prima inicial es levadura de células procedentes de plantas, con el nivel de nutrientes necesario en cuanto a azúcar, grasas y aminoácidos. Durante el proceso de fermentación, las células producen caseína y suero, a los que puede darse diferentes usos.