Comer algún bichito, larvas de mosca o pelos de roedor es más común de lo que pensamos. Y por supuesto, nuestra salud no se va a resentir por ello. Al menos así lo cree la Aministración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés), que no considera motivo de alarma que el café molido contenga un promedio de diez miligramos de heces animales por cada 450 gramos de producto. Las alubias tampoco escapan a estas nauseabundas presencias pues en ellas podemos encontrar rastros de insectos y hongos.

Pero la cosa no acaba ahí, pues la pimienta negra, el chocolate o la mantequilla de cacahuete también pueden constituir el refugio perfecto de pelos de roedores o insectos enteros. Todos ellos nos los engullimos sin reparar en ello. Lo cierto es que la FDA considera que acabar con estas incidencias es prácticamente imposible y, por lo tanto, nos tenemos que resignar a su circunstancial consumo. Cada tres años, este organismo estadounidense se lanza a la búsqueda y captura de estos accidentes. Así, cerca de 1.500 muestras recogidas en comercios procedentes de más de cincuenta áreas metropolitanas se examinan concienzudamente.

Puede generar una aversión insuperable, pero no entraña un riesgo para la salud de las personas

Siguiendo con este razonamiento, a la FDA le parece completamente normal que nos comamos 227 mililitros de zumo de naranja que pueden contener cinco moscas de la fruta o 100 gramos de espinacas congeladas enriquecidas con la proteína inesperada de 50 ácaros, pulgones y algo de oruga. Por su parte, en el brócoli congelado podemos toparnos con algunos pulgones despistados o ácaros, mientras que un bocado chocolate nos proporciona también un nutritivo elenco de exoesqueletos de insectos.

Algunos pensarán que este problema puede solucionarse fácilmente mediante el empleo de pesticidas, la FDA descarta esta opción: “El uso de sustancias químicas para controlar insectos, roedores y otros contaminantes naturales tiene poco o ningún impacto en defectos naturales e inevitables en los alimentos. El uso principal de pesticidas en el campo es proteger las plantas de ser devastadas por plagas destructivas de plantas”.

La salud no se resiente, solo tu asco

Sin embargo, aunque lo descrito puede generar una aversión insuperable, no entraña un riesgo para la salud de las personas. Por lo tanto, no hay que preocuparse en exceso y considerar lo relatado como una mera curiosidad. Lo cierto es que la entomofagia, que es el consumo de insectos por los seres humanos, es habitual en infinidad de países del mundo. Esta forma de alimentación es especialmente acusada en regiones de Asia, África y América Latina. De hecho, más de 2.000 millones de personas se nutren gracias a ellos.

Por lo tanto, comerse un insecto no es motivo de alarma, aunque ingerir pelos de rata ya es otro cantar. En este sentido, debemos tener presente que estos pequeños animales resultan tremendamente nutritivos, pues nos proporcionan unos nada desdeñables niveles de proteínas, además de minerales. Además, su presentación es diversa, pues podemos decantarnos por insectos enteros o molidos, ya sea en polvo o en pasta e incorporarlos a otros platos.

Foto: iStock.
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A esto se añade que su consumo es completamente seguro ya que no se conocen casos de transmisión de enfermedades o parasitoides a humanos derivados del consumo de insectos. Aunque siempre es necesario que estos insectos hayan sido tratados de idéntica manera que cualquier otro alimento. Pero es cierto que pueden producir alergias muy similares a las que encontramos en los crustáceos.

"Al igual que con otros tipos de alimentos, la producción higiénica, el procesado y la producción de alimentos serán importantes para evitar el crecimiento de bacterias y otros microorganismos que pudieran afectar a la salud humana. Las normas de inocuidad alimentaria pueden ampliarse para incluir los insectos y los productos a base de insectos, y las normas de control de calidad a lo largo de la cadena de producción serán fundamentales para lograr la confianza del consumidor en los alimentos y piensos que contengan o que procedan de insectos", resaltan en la OMS.

La cultura de comer bichos

Si no existe una cultura de la entomofagia, debe crearse. Incluso en los países que han practicado tradicionalmente la entomofagia, la influencia de las dietas occidentales afecta a las decisiones en materia de alimentos y el consumo de insectos puede generar desprecio o rechazo", destacan en la OMS.

Foto: iStock.
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Sin duda, estos accidentales hallazgos de insectos en la comida que consumimos habitualmente pueden servirnos para ayudarnos a hacernos a la idea de que estos pequeños animales pueden formar parte de nuestra dieta sin que, en definitiva, nos rasguemos las vestiduras por ello. Así, en opinión de la ONU, los insectos es un interesante recurso que brindan los bosques, con un excepcional potencial como alimento y, sobre todo, como pienso.