Tendemos a personalizarlo todo. No como individuos sino como especie. Pocas veces nos planteamos que es posible que determinadas ovejas tengan la presión sanguínea elevada o el hígado graso. Todo, como en nuestro caso, depende directamente de la alimentación.

Este también es el caso de la microbiota. En los últimos años se ha investigado con ahínco la relevancia para nuestra salud del enorme conjunto de bacterias que viven en nuestro intestino y con las que mantenemos una relación de simbiosis. Básicamente, se dedican a realizar reacciones químicas cuya 'fórmula' no está codificada en nuestro ADN. Ejemplos de eso es la creación de determinados ácidos grasos fundamentales o la eliminación de los residuos precedentes de la propia eliminación de los glóbulos rojos demasiado viejos como para ser eficaces transportando oxígeno (este proceso libera bilirrubina, que sería reabsorbida por el intestino si no fuera por el oxígeno).

"La resistencia a los antibióticos es un gran problema para la medicina y para la agricultura"

Ahora, un grupo de investigadores de la Academia Rusa de las Ciencias, la Universidad de Illinois y la Universidad de California, en Estados Unidos, han descubierto, gracias a los avances en la investigación de la flora intestinal humana, no solo que las plantas también la tienen, sino que además generan sus propias sustancias antimicrobianas para eliminar los patógenos y que estas podrían ser utilizadas por nosotros a modo de antibiótico.

El estudio, elaborado por los investigadores Yury S. Poliakov, Jamie H. D. Cate y Konstantin Severinov, se ha centrado en la investigación de los probióticos en determinadas plantas de los bosques tropicales mexicanos. Los científicos han descubierto que determinadas bacterias de la 'microbiota' de las plantas leguminosas producen una sustancia llamada 'phazolicina', que previene los efectos dañinos que producen ciertas bacterias al meterse en las raíces de estos vegetales.

Foto: iStock.
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"Esperamos que, en un futuro, podamos demostrar que determinadas especies de bacterias puedan ser usadas como 'probióticos vegetales' dado que la phazolicina podría prevenir que otros microorganismos (potencialmente perjudiciales) crezcan en las raíces de plantas con un gran valor para la agricultura mundial", explica el investigador Konstantin Severinov. Y continúa: "La resistencia a los antibióticos es un gran problema tanto para la medicina moderna como para la agricultura. Continuar la investigación para descubrir nuevas sustancias con esta cualidad es muy importante".

El problema, de momento, es que aunque saben que las responsables de la segregación de la phalzolicina son un tipo determinado de bacterias en un conjunto, no se sabe cuáles son en concreto, por lo que no se pueden aislar y generar el 'agente antibiótico' de forma efectiva como para ser introducido en la industria agrícola.

De momento queda un gran trecho para plantearnos si este antibiótico podría ser de utilidad para luchar contra enfermedades del ser humano, pero, a medio plazo, sí podemos esperar que los cultivos de judías, guisantes, garbanzos, lentejas, cacahuetes y soja sean capaces de aguantar sanos más tiempo. Todo gracias a la microbiota.