Desde hace medio siglo, el microondas se ha convertido en una herramienta fundamental en nuestros hogares. Es la máxima expresión de la conveniencia y la eficiencia. En cinco minutos podemos llevar a cabo una cena de emergencia, o descongelar en tan solo unos minutos algo que de forma natural llevaría horas. Ha hecho posible el uso extendido de las sobras, que podemos almacenar durante días y tenerlas listas en cuestión de segundos.

Pero, en determinadas ocasiones, tendemos a suponer que vale para absolutamente todo, y eso no es una realidad. Por ejemplo: calentar nuestro café mañanero es un uso más que legítimo, pero otras prácticas como hervir agua pueden ponernos en riesgo. He aquí el porqué.

Cómo funciona un microondas

Es un generador de ondas electromagnéticas de entre 300 MHz y 30 GHz (el número de oscilaciones completas por segundo). Son menos energéticas que la radiación infrarroja y más que las ondas de radio. Su capacidad especial es oscilar con una frecuencia idéntica que las moléculas de agua y que algunas partículas de grasa. Esa resonancia transfiere la energía del electrodoméstico a la comida, lo que la calienta. Es un efecto similar (aunque no idéntico) al que produce la radiación del planeta y los gases de efecto invernadero, que 'atrapan' esa energía que de otro modo sería enviada al espacio, aumentando su temperatura y provocando el conocido como 'calentamiento global'.

Sus efectos sobre el agua

Algo que hemos escuchado sin cesar es que el microondas calienta la comida de forma desigual. Eso es porque, aunque no podamos verlo, el flujo de radiación es lineal y unas áreas reciben más que otras. Esta es la principal razón por la que el plato gira sobre sí mismo, para intentar repartir de la mejor manera posible el efecto de esa radiación. Esto, a grandes rasgos, puede provocar que, si el tiempo de exposición es relativamente corto, determinadas áreas se calienten mucho más que otras, limitando la convección que tiene lugar en el interior del recipiente y que determinadas partes hiervan y otras no. Esto es de especial relevancia para aquellos usuarios que quieran esterilizar algún recipiente, como es el caso de los biberones.

Foto: iStock.
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Por otro lado, muchas teorías sin fundamento científico defienden que el microondas es capaz de conferir a los alimentos unas cualidades negativas para la salud. De todos modos, a día de hoy, no existe ninguna evidencia de que el uso de este electrodoméstico sea capaz de producir cáncer, como señalan los investigadores Wei-Jia Zhi, Li Feng Wang y Hu Xiang-Jun, del Instituto de Medicina de la Radiación de Pekín, en China.

Precauciones

De todos modos, el agua en el microondas puede ser peligrosa por otras razones. La primera es que, si no usamos un recipiente que sea apto para este electrodoméstico, nos arriesgamos a que el brusco cambio de temperatura que tiene lugar después de abrir la puerta tras hervir agua puede provocar una fractura del contenedor, lo que nos pone en riesgo de sufrir heridas severas. Del mismo modo, la cantidad de vapor de agua a alta temperatura, generado durante el calentamiento, puede tener el mismo efecto.

Otras recomendaciones más comunes, como evitar a toda costa introducir metales en el microondas, también son importantes.

Lo que sí podemos hacer

En este caso, es inevitable recomendar el uso de otros métodos para lograr los objetivos de calentamiento del líquido elemento, a pesar de la extraordinaria utilidad que tiene para nuestro día a día. Si de todos modos no nos queda otra opción que hervir agua en nuestro microondas, el uso de recipientes que estén expresamente aprobados para este fin es imperativo, como una extraordinaria precaución por nuestra parte.