El éxito actual de la Pantera Rosa y el Tigretón. Por qué perduran
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El éxito actual de la Pantera Rosa y el Tigretón. Por qué perduran

La bollería industrial sigue vendiéndose e incluso mejorando sus ventas, a pesar de que han demostrado que su consumo perjudica la salud. Vamos a tratar de esclarecer el porqué de nuestra fidelidad

Foto: El dulce que se basó en el dibujo animado.
El dulce que se basó en el dibujo animado.

Pantera Rosa, Phoskitos, Bollycao, Tigretón… Toda esta bollería industrial mítica, lejos de sufrir el destierro por parte de padres preocupados por la elevada presencia de azúcares, grasas hidrogenadas (ya sea parcial o totalmente) y aceites en entredicho como el de palma, resulta que sigue viento a favor, e incluso alguno de ellos, como la Pantera Rosa, prueba fortuna lanzando los donuts en ese color, un nuevo producto que podemos encontrar en las tiendas desde el año pasado. ¿Cómo lo consiguen?

Los primeros Tigretones y Panteras Rosas irrumpieron en el mercado en nada más y nada menos que 1966, y a pesar de que los nutricionistas han puesto toda la pastelería industrial de vuelta y media, resisten al pie del cañón y son una constante en el almuerzo y merienda de muchos niños, aunque sea como premio o incluso 'golosina' de media tarde. La merienda de una pieza (como rezaba el primer lema publicitario de Bollycao) tardó casi una década más, en 1975, en llegar a las tiendas para convertirse en el objeto de deseo de muchos niños. No en vano, en los años 80 se popularizó aún más incluyendo todo tipo de adhesivos como 'premio'.

El consumo de estos productos, además, desplaza a otros alimentos más sanos. Así, un vistazo a las papeleras de los parques infantiles revelará un paisaje de galletas, bollos y demás delicias industriales.

Millonarias campañas publicitarias

Sin embargo, emprender una cruzada contra la pastelería industrial es lo que hizo Raúl Calvo, médico de familia al que se le atribuye parte del mérito de haber desterrado en el Colegio Público Nuestra Señora del Rosario en Camarenilla, un pequeño pueblo de Toledo, todo rastro de 'comida basura' del horario escolar. Calvo, por lo tanto, recuperó el bocadillo y la fruta, y los devolvió a las manos de los niños.

En Alimente hemos contactado con él para preguntarle por qué cree que es tan difícil abatir a tan delicioso enemigo y no ha podido ser más claro. Así, Calvo asegura que los niños están demasiado expuestos a la publicidad, pues llegan a ver, entre los 3 y 12 años, una media de cinco anuncios de alimentos procesados por hora, ya que el 85% de los anuncios de estos productos se proyecta en horario infantil. Tampoco los adolescentes se escapan a esto, e incluso su situación se agrava “por la contratación a golpe de talonario de influencers (futbolistas, actores, youtubers…)”, explica Calvo contundente.

Según el informe Aladino de Sanidad, existía una fuerte vinculación entre obesidad infantil y la bollería

Diversos estudios, como el estudio Aladino para vigilar el “crecimiento, alimentación, actividad física, desarrollo infantil y obesidad” y que elabora el Ministerio de Sanidad, halló una fuerte vinculación entre obesidad infantil y la ingesta de bollería industrial. De hecho, este tipo de productos se han convertido en el segundo alimento que más toman los niños. Así, los más pequeños disfrutan con esa palatabilidad que tanto entusiasma, como bien explica Calvo, cuyo sabor no es más que el resultado de otros "obtenidos artificialmente en un laboratorio cuyo único propósito es estimular el paladar".

Además, según denuncia, los fabricantes cuentan con grandes presupuestos para publicidad y una presencia destacada en la mayoría de grandes superficies y tiendas. También recurren a los dibujos de moda que incorporan a su producto o juguetes con los que engatusar a los más pequeños.

Vencer a la bollería industrial con el delantal

También Calvo lamenta que el estilo de vida actual cada vez aleja más a los padres y las madres de los fogones donde podrían cocinar alimentos sanos y apetecibles para los niños y, de esta manera, reemplazar cualquier tentación de la pastelería industrial con comida de verdad. Y es que cocinar ha quedado relegado a una actividad esporádica que de tarde en tarde practicamos dada la escasez de tiempo. El galeno defiende medidas que permitan la adecuación real de la vida laboral y familiar para que tanto los hombres como las mujeres “recuperemos la tradición de cocinar para nosotros y nuestras familias”.

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Foto: iStock.

Asimismo, agrega que otra eficaz arma para que la pastelería industrial vaya paulatinamente desapareciendo sería prohibir la publicidad de estos alimentos, además de aprobar leyes que “obliguen a la industria alimentaria a cambiar el contenido y elaboración de los mismos”.

Un consumo que no cesa de crecer

Lo cierto es que existe una tendencia al alza en el consumo de estos productos de bollería/pastelería, galletas y cereales, pues en el último año se ha incrementado en un 1,5%, según se desprende del Panel de Consumo en el Hogar durante el periodo abril 2016-marzo 2017 que elabora el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (Mapama). En concreto, el consumo actual se cifra en 14,09 kg por persona y año, mientras que en 2015 el consumo medio fue de 13,82 kg y en 2014 de 13,80 kilos. De poco parecen servir las recomendaciones que animan a dejar de consumirlos o reducir su ingesta a la mínima expresión.

La bollería industrial ha desaparecido en muchos colegios, pues su venta ha quedado prohibida

Aún así, corren tiempos duros para la bollería industrial pues se ha les ha declarado la guerra en los centros escolares. De hecho, a raíz de la aprobación por parte del Congreso de la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición en 2011, las diversas regiones han prohibido su consumo en dichos centros. Así, tras reunirse el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, donde estuvieron presentes miembros del Ministerio de Sanidad con los consejeros del ramo de las comunidades autónomas, se decidió apoyar el paquete de recomendaciones que el equipo de Trinidad Jiménez había propuesto para retirar los productos de bollería industrial y los refrescos de los centros educativos.

Hace tan solo unos meses ocurrió en Murcia, después en Andalucía y poco a poco el resto de comunidades van preparando leyes al respecto. En definitiva, la bollería industrial va desapareciendo de la vista de los niños, al menos, durante el horario escolar. Eso sí, al regresar a casa vuelve a estar ahí, pero eso ya es harina de otro costal.

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