Es innegable. Nuestra relación con el café está muy afianzada desde tiempos inmemoriales. Se refuerza y se consolida año tras año, pues cada vez son más personas y más jóvenes las que se rinden ante las nobles virtudes de esta bebida universal. Al menos, es lo que arrojan los datos extraídos del estudio realizado por la Asociación Nacional del Café de Estados Unidos. Concluyen que el consumo de café entre los jóvenes adolescentes y entre los que rondan la treintena se ha incrementado en un 23%. Por su parte, los consumidores por encima de los cuarenta años, ahora beben el doble que hace una década.

Y es que, reconozcámoslo, no hay mejor despertador que saborear un café bien hecho, así como oler de buena mañana el aroma tostado que destila este brebaje. Y tampoco hay sonido más evocador que el de las cucharillas y el pequeño trajín de vasos y tazas de la cafetería a la que acudimos temprano.

Según la OCU, en la mayoría de estas variedades el aporte del café llega a duras penas al más que discreto 1%

Es, por tanto, una bebida que reclama poderosamente nuestra atención y por la que muchos sienten verdadera pasión. Esta predilección es lo que ha impulsado a numerosas marcas a introducir en los lineales de los supermercados un amplio elenco de bebidas y preparados que se presentan como sabrosas y saludables alternativas al café tradicional. Además, incluyen envases portables que nos permiten degustarlas cuando nos apetece y en cualquier momento del día.

Por ello, han hallado un filón entre un amplio espectro de consumidores que encuentran en este tipo de preparados una buena forma de obtener su dosis de cafeína diaria. Claro que, según la OCU, hay algunas cuestiones que las marcas creadoras de este tipo de bebidas han 'olvidado' mencionarnos y que afectan directamente a nuestra salud. Pero ¿a qué se refiere exactamente este organismo?

Bebidas de café que no tienen café

Tanto las bebidas en formato de vaso, disponibles en la sección de refrigerados o en la de bebidas habituales, como los envases autocalentables incluyen toda una suerte de ingredientes, menos café. Según la OCU, en la mayoría de estas variedades el aporte del café llega a duras penas al discreto 1%. Incluso, en su análisis, dicho organismo encontró que en algunas propuestas la cantidad que incluían era bastante exigua: no superaban el 0,4%. Así que nuestro paladar, en lugar de saborear café, más bien tendrá que conformarse con rememorar el grato recuerdo que el último café 'de verdad' le dejó.

Tres veces menos cafeína que un café clásico

Foto: iStock
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En líneas generales, el café que elaboramos en casa suele aportar unos 128 mg por cada 100 ml. Claro que si miramos la etiqueta nutricional de estas bebidas, enseguida podemos comprobar que la inmensa mayoría de estas versiones de café tienen 39 mg de cafeína por cada 100 ml. Es decir, tres veces menos que el café artesano, según la OCU. Igualmente, este organismo comprobó que la cantidad no variaba en los formatos más grandes de 330 ml. Por tanto, no es difícil deducir que la capacidad estimulante de estas bebidas de café es más que discreta.

Generosas en azúcar

A estas alturas, todos los consumidores están familiarizados con los riesgos –incremento del índice glucémico, aumento de las posibildiades de padecer diabetes, sobrepeso y algunas enfermedades metabólicas– que conlleva un elevado consumo de azúcar. Esta cuestión parece no ser relevante para las marcas que elaboran este tipo de bebidas. Al menos, es lo que se deduce de la información que muestra en su portal web la OCU. Esta organización apunta que, aunque hay diferencias a tener en cuenta entre unas marcas y otras, la mayoría suele tener un alto contenido en azúcares, superando con creces los 10 mg o, lo que es lo mismo, las dos cucharaditas que pondríamos al café en casa.

Más calorías que el café de nuestra casa

Foto: iStock.
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Con las características descritas, no resulta difícil deducir que este tipo de preparados tienen mayor aporte calórico que el café que elaboramos tradicionalmente en el hogar. Según la OCU, "las calorías totales oscilan entre unas 60 kcal por envase y unas 277 kcal. Depende de si llevan leche entera o desnatada, azúcar o edulcorantes, con nata o sin nata, con mayor cantidad de producto por envase...".

Por el contrario, una taza de café solo con un azucarillo aporta unas 35 kcal; con leche, 57 kcal aproximadamente. Con estos datos, resulta evidente cuál es la versión más saludable.

Ingredientes inesperados

Asimismo, la OCU ha detectado que estas versiones cafeteras a menudo contienen diversos ingredientes que le restan valor nutricional, las desnaturalizan y, por tanto, las convierten en menos sanas. Y es que, a diferencia del café tradicional, estas alternativas incluyen aditivos tales como estabilizantes, emulsionantes, espesantes e incluso reguladores del sabor. Es más, comprobaron que las propuestas de algunas marcas incorporaban otros ingredientes inesperados, como cacao, sirope de caramelo, chocolate, nata, extracto de vainilla e incluso aminoácidos.