A estas alturas de la polémica, los riesgos para la salud del aceite de palma ya no son un secreto para los consumidores, quienes durante años han comprado e ingerido esta sustancia que también conlleva multitud de excesos medioambientales y sociales. Hasta hace tan solo unos años, el aceite de palma era el más utilizado del mundo gracias a productos tan recurrentes en la cesta de la compra como los platos precocinados, las patatas fritas, las cremas de cacao, la bollería industrial e incluso los productos de limpieza y cosméticos.

Después de este hallazgo, varias marcas de alimentación y cadenas de supermercados han declarado que van a prohibir el uso de este ingrediente en sus artículos, dejando así de participar en una guerra sin cuartel entre los intereses económicos de las grandes empresas y la salud de los consumidores y el propio planeta. Sin embargo, en vez de apoyar limpiamente la causa, algunas firmas han intentado camuflar el aceite de palma detrás de otros términos que la clientela desconoce. Al menos hasta ahora.

¡Que no os engañen!

Económico, versátil y estable, tres cualidades que convirtieron el aceite de palma en un diamante en bruto para la industria alimentaria. “En alimentación, su condición sólida a temperatura ambiente y su textura untuosa permiten sustituir la mantequilla o las grasas hidrogenadas de muchos productos procesados”, explican desde la Organización de Consumidores y Usuarios. Una ventaja que choca de frente con su alto contenido de ácidos grasos saturados, relacionados con la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, y elementos tóxicos que algunos expertos vinculan al aumento de casos de cáncer. Sin mencionar los problemas ecológicos ligados a su cultivo. Las selvas de Indonesia y Malasia están siendo arrasadas y la fauna autóctona se ve obligada a abandonar su entorno.

Fijarse bien en las etiquetas es fundamental. (iStock)
Fijarse bien en las etiquetas es fundamental. (iStock)

Para evitar posibles reticencias, hasta el año 2014 el aceite de palma se mostró bajo un nombre en apariencia saludable: aceite de origen vegetal. Una treta que la Unión Europea desenmascaró rápidamente, obligando a las grandes marcas a especificar correctamente la presencia de este compuesto en sus productos. Sin embargo, para continuar con su actividad habitual, muchas intentan ocultarlo con un etiquetado demasiado ambiguo y técnico para la mayoría de consumidores.

Aceite de palmiste, grasa vegetal fraccionada, estearina de palma, palmoleina, elaeis guineensis, ascorbil palmitato, kernelato de palma de sodio o palmitoil oligopéptido son algunas de las 200 denominaciones del aceite de palma en el mercado. Como podéis comprobar, la lista es interminable. Afortunadamente, existe un truco que siempre funciona. Cuando veáis en el etiquetado una sustancia sospechosa que contenga las letras PALM, el riesgo de que sea aceite de palma encubierto aumenta considerablemente. Son cientos de combinaciones las que actualmente están en circulación, pero todas significan lo mismo. ¡Mucho cuidado!

Para evitar que el consumidor descubra que contienen aceite de palma se usan nombres en latín

“Otra manera de evitar que el consumidor descubra los productos con aceite de palma es usar nombres en latín. Por ejemplo, sodium palmitate es el disfraz perfecto para el aceite de palma. También puedes encontrarlo como elaeis guineensis si hace alusión a la planta de la que proviene. Ambas son sinónimos de este ingrediente infiltrado”, alerta María Jesús Colombo, del portal España Fascinante. Otros ejemplos de este tipo son sodium lauryl sulfate, glyceryl stearate o palmitato ascorbilo.

Por desgracia, la cosa no acaba aquí. También recurren a nombres científicos que en apariencia nada tienen que ver con el aceite de palma, como es el caso de la grasa vegetal, la glicerina, el estearato de aluminio, el emulgente E472e, el ácido beta apocarotenoico, el aditivo E570 o simplemente un equivalente de la mantequilla de coco o la manteca de cacao. Bajo esta premisa y ante la dificultad por parte del consumidor de destapar el engaño, ¿cuál es la solución definitiva a este problema?

¿Hay que prohibir el aceite de palma?

El remedio más práctico a los efectos nocivos del aceite de palma parece ser la eliminación total de su consumo. “Es mejor optar por otro tipo de aceites que aporten grasas saludables, como el de oliva. Además, sigue una alimentación equilibrada, basada en alimentos frescos y comidas caseras. Huye de los platos preparados, reservados solo a caprichos puntuales”, defienden desde el portal Lékué. En cambio, otros apuntan directamente a una prohibición definitiva.

"Tenemos que aceptar que el aceite de palma va a seguir, tomar decisiones rápidas podría ser peor"

Sin embargo, y contra todo pronóstico, un informe reciente desarrollado por el biólogo holandés Erik Meijaard, presidente del grupo de trabajo sobre aceite de palma de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, alerta sobre la inmortalidad de dicha sustancia en el mercado. “Por el momento, tenemos que aceptar que el aceite de palma está aquí para quedarse, que no se va a ir, y tenemos que aprender de alguna manera a vivir con ello. Y cerrar los ojos y actuar como si no existiera no es la solución”, asegura de manera contundente en el escrito, pues “decisiones rápidas” como esta podrían desencadenar un mal mayor.

¿Su solución? En primer lugar, aumentar la producción de aceite de palma sostenible, un certificado que obtienen únicamente los productores que siguen unos criterios ambientales y sociales que protegen los derechos de las comunidades locales y los espacios naturales de alto valor ecológico. Y en segundo, un compromiso gubernamental mucho más fuerte que el actual y que garantice un uso responsable y justo de esas tierras de cultivo, evitando la tala de los bosques. Dos alternativas que para el resto de organizaciones todavía se sitúan en un futuro muy lejano.