"En algunos casos no se justifican los altos precios de los alimentos ecológicos"
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Entrevista a Dolores Raigón

"En algunos casos no se justifican los altos precios de los alimentos ecológicos"

La vicepresidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica explica cómo debemos actuar los consumidores para contribuir a frenar el calentamiento global. La clave: consumo sostenible y dietas adaptadas al territorio

Foto: Dolores Raigón.
Dolores Raigón.

La agricultura, más concretamente la producción agrícola, salta al escenario del calentamiento global como uno de los actores protagonistas. Su papel consiste en la emisión (directa o indirecta) de gases de efecto invernadero (GEI) y en emitir o secuestrar carbono en función de las prácticas agrícolas. Poniendo números a la actividad: "Las emisiones agrícolas representarían el 25% de las emisiones globales", cuantifica Dolores Raigón, vicepresidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE).

Sin embargo, las prácticas agrícolas más negativas son "la deforestación para la expansión de terrenos agrícolas, seguida de la producción de forrajes para la alimentación animal y las emisiones de metano procedentes de las fermentaciones anaeróbicas, principalmente de los rumiantes, que además suponen alrededor de un 40% de las emisiones de GEI del sector ganadero".

La unión de datos arroja un saldo preocupante, que apunta directamente a "la alimentación, junto con el cambio climático y la pérdida de biodiversidad", como "los principales desafíos del siglo XXI"

"En España tenemos un bajo compromiso con la sostenibilidad agrícola y la mayoría de la población actúa con total desconocimiento"

Por eso, Raigón considera que este desafío exige el compromiso de los consumidores, empresas y administraciones con el consumo responsable. "Todos los factores productivos que contribuyen al incremento de los GEI tienen alternativas que pueden influir en disminuir la carga de emisiones", afirma. Por ejemplo, evitando el uso de plaguicidas (pueden afectar a la actividad microbiológica del suelo) y "disminuyendo la ingesta de alimentos procedentes de ganaderías intensivas, ya que la principal contribución a los GEI es la deforestación para aumentar las superficies de cultivos dedicadas a la producción de forrajes para alimentación animal".

Comida nutritiva para el planeta

Esta catedrática de Química Agrícola de la Universidad Politécnica de Valencia alerta de que la sobreexplotación del modelo productivo actual "aumenta la vulnerabilidad de las zonas de producción de alimentos" y pone en riesgo "el sustento de los propios agricultores y ganaderos".

Su propuesta es "realizar un giro hacia los modelos agroecológicos y que el fruto de la buena gestión productiva sea una oferta de comida nutritiva para todo el planeta".

Foto: iStock.
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En este sentido, la representante de SEAE considera que "en España nos encontramos en una posición de bajo compromiso. No existen estrategias concretas de actuación y, en el caso particular del sistema agroalimentario, la población sigue actuando con total desconocimiento", y lamenta que los precios primen sobre el origen y el modelo productivo de los alimentos.

Por el contrario, "la agricultura ecológica ofrece múltiples oportunidades para garantizar la sostenibilidad del planeta", afirma, "y representa una estrategia multisectorial y multifuncional". Aún admitiendo que "algunos aspectos son controvertidos entre la comunidad científica", insiste en que "la agricultura ecológica se relaciona con niveles de biodiversidad generalmente más altos, una mayor eficiencia energética, mayor calidad de los alimentos producidos y disminución de residuos contaminantes, entre otros beneficios".

Muchos consumidores están de acuerdo con estos argumentos, pero cuando se decantan por alimentos ecológicos se encuentran con la cara menos amable: precios a menudo muy superiores a los de los productos convencionales. "Este es un asunto multifacético y hasta paradójico, porque los consumidores desean precios bajos, pero al mismo tiempo pueden interpretar que los precios baratos son un indicio de una calidad indiscutiblemente baja", reflexiona. Sin embargo, detrás de esta aclaración admite que "en algunos casos no son justificables los elevados precios que presentan algunos alimentos ecológicos ni los bajísimos precios que presentan algunos alimentos no ecológicos".

Cambio de prioridades

Detrás de ese mayor precio también hay unos mayores costes para "el productor respetuoso que no contamina y que es quien tiene que pagar para demostrar que no contamina, y el consumidor es quien, desgraciadamente, lo paga". En su opinión, "no se trata de abaratar lo que no es abaratable, sino poner en su justo precio lo que significa un sistema de producción digno como es el ecológico".

Pero hay otras razones por las que los consumidores encontramos caros los precios de los alimentos ecológicos y que responden a un cambio de prioridades de la sociedad actual, en la que "el gasto de las familias en alimentos está por debajo del que se dedica a vivienda, ropa, ocio y electrónica".

Foto: iStock.
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La pregunta que nos hacemos los ciudadanos es cómo podemos reducir el impacto de la agricultura sobre el clima. La catedrática apunta directamente: "Los consumidores tenemos mucha corresponsabilidad, porque de nuestros actos dependen las políticas de determinados mercados y por tanto de las repercusiones sobre el clima". Por ejemplo, "a la hora de decidir la compra de alimentos, que tengan menos carga plástica, comercializados a granel, la elección de alimentos procedentes de sistemas respetuosos y menos impactantes, elección de dietas equilibradas y ajustadas, eliminar el desperdicio alimentario en el hogar, etc".

Las dietas equilibradas para las personas y para el planeta son "las dietas específicas a cada territorio, de proximidad, adaptables a la disponibilidad de recursos concretos en la producción local y de temporada, optimizando los métodos de elaboración y gastronomías locales".

En ese patrón dietético, los alimentos que priman son "cereales integrales combinados y cocinados con las legumbres. Esta ingesta conjunta de cereales y leguminosas proporciona proteína vegetal de alto valor biológico que permite reducir la ingesta de proteína de origen animal, limitando el consumo de carne a las necesidades mínimas a cada grupo poblacional".

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