Casi todos recibimos con entusiasmo la posibilidad de que nuestra impresora de casa nos imprima un juguete, una pieza que necesitamos o unos prácticos cubiertos. Así, nos brinda un mundo de comodidades insospechadas al que no ponemos objeciones. En cambio, cuando se trata, por ejemplo, de una pizza, el gesto nos cambia, el entusiasmo se troca en estupefacción e incluso el estómago se nos cierra un poco. Sin embargo, con el paso del tiempo, veremos que la impresión digital ha venido para solucionar muchos de nuestros problemas actuales.

Los astronautas y las pizzas en 3D

La NASA, por supuesto, sí que cree en las bondades de la comida que emana de los cartuchos de una impresora. Por ello, en 2013 se hizo pública la donación de 100.000 euros efectuada a la compañía Systems and Materials Research Corporation (SMRC) para que trabajara en el desarrollo de una impresora de estas características. Obviamente, su intención es que este ingenio se convierta en el chef tecnológico de los astronautas en sus misiones espaciales. Su increíble fecha de caducidad, hasta 30 años, la convierte en la candidata idónea para este tipo de viajes.

Platos recién salidos de la impresora

No obstante, no hace falta poner rumbo al espacio para degustar estos bocados futuristas, pues contamos con la experiencia de efímeros restaurantes que ya han cocinado para los curiosos comensales de Londres o Lleida. En esta ciudad catalana, el local La Boscana acogió en 2016 durante tres días la primera experiencia en España de una comida creada con impresora 3D, conforme al proyecto Food Ink. ¿El precio? Unos muy reales 180 euros.

También establecimientos de gran prestigio y antigüedad como Casa Gerardo, ubicado en el municipio asturiano de Prendes, apuestan por las impresoras en su cocina. Sus propietarios están colaborando con el centro tecnológico asturiano Prodintec, ubicado en el Parque Científico Tecnológico de Gijón, y la empresa de Ingeniería e Informática Industrial, en un proyecto netamente asturiano cuyo objetivo es crear una impresora 3D de alimentos.

Una fábrica en miniatura

Foto: iStock.
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Pero si no podemos esperar, la cocina no es lo nuestro y tenemos un buen fondo económico para hacerlo posible, en el mercado ya encontramos los primeros modelos de impresoras que dejarán a la altura del betún al robot de cocina más sofisticado.

Uno de estos artefactos es de fabricación nacional, de la empresa Natural Machines, y ha sido bautizado como Foodini -un híbrido entre food, comida y Houdini, el gran ilusionista-. La analogía es clara porque, como Houdini, esta máquina es capaz de hacer aparecer comida de la nada. De hacerla desaparecer ya se encargarán nuestros estómagos. Por cierto, el precio no es lo de menos, pues cuesta 4.000 dólares. También podemos hacernos con la vajilla e incluso un mantel gracias a la impresión. Eso sí, todo en un sobrio blanco propio de Kubrick y su película '2001: Una odisea del espacio'.

La NASA está interesada en esta tecnología y ha donado 100.000 euros a una empresa para investigación

El germen del cual partió esta fábrica en miniatura, relatan en la web, fue una sencilla conversación con una amiga que deseaba expandir internacionalmente su negocio de pastelería vegana, pero a quien desanimaban los importantes costes. No en vano, un 80% lo componían los gastos de manufactura y distribución, mientras que el restante correspondía a los ingredientes y la mano de obra. ¿Cómo resolver este contratiempo económico? Con Foodini. "En lugar de manufacturar en la ubicación central y enviar el producto final, nos surgió la idea de un ideal electrodoméstico minifábrica de cocina", aseguran.

¿Cómo funcionan las impresoras de alimentos?

Foto: iStock.
Foto: iStock.

En el caso concreto de Foodini, estamos ante el “primer electrodoméstico de cocina que acelera el proceso de cocinar platos con ingredientes frescos”, según explican en su página web. En su interior, tiene espacio para 5 cápsulas de comida que se intercambiarán automáticamente cuando sea necesario crear impresiones con varios ingredientes. El sistema empuja la comida por la cápsula, a través de la boquilla, y la imprime. Además, consta de un sistema de control que “mueve la cápsula de manera muy precisa, creando formas que se pueden apilar capa sobre capa para hacer diseños realmente en tres dimensiones”.

Comida para personas con problemas

Lo cierto es que numerosas empresas, a lo largo y ancho del mundo, se afanan en idear impresoras de alimentos que solventen muchos de nuestros actuales problemas. De este modo, podemos citar el caso de una compañía europea llamada Biozoon que busca producir alimentos mediante esta técnica especialmente concebida para las personas con dificultades para masticar y tragar. A su vez, un equipo de enfermeros y médicos asumiría la responsabilidad de introducir las recomendaciones nutricionales específicas de cada paciente -más calcio, más proteínas, menos sal…-.

Esta innovación también tendría aplicaciones en el ejército. Según explica Lauren Oleksyk, técnica alimentaria del Centro de Investigaciones, Desarrollo e Ingeniería del Ejército de Estados Unidos en Massachusetts, las necesidades de los soldados varían. Así, durante una misión difícil suelen necesitar energías adicionales. “Pronto las comidas impresas podrían incorporar compuestos diseñados para mejorar el rendimiento como la cafeína y los omega 3”, añade.