Cuánto tiempo puede aguantar el vino en la botella o en la nevera
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puede volverse horrible

Cuánto tiempo puede aguantar el vino en la botella o en la nevera

Las más mínimas propiedades organolépticas de esta bebida son de lo más apreciadas. Es, además, un producto que nos toca muy de cerca, dado que producimos de los mejores del mundo, pero su conservación es todo un reto

Foto: Foto: Unsplash/@kwitka.
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Siempre y cuando tengamos un estilo de vida medianamente sano y no hayamos organizado una cena o evento social en casa, no solemos bebernos una botella entera nosotros solos. Esto puede provocar que se nos ponga malo. De todos modos, si conservamos una botella durante mucho tiempo, también podremos provocar que pierda sus cualidades. Esto, a fin de cuentas, supone que el vino pierda todas las propiedades que lo hacen un producto tan valioso y, además, provocarnos problemas de salud. Para evitar este escenario, a continuación os explicamos cuáles son los 'tiempos' del vino dependiendo de cada tipo, su método de conservación y las consecuencias de tomarlo en mal estado

Sin abrir

Lo más importante: el vino envejece en botella. Algunos están diseñados exactamente para esto. Otros, en cambio, como es el caso de los vinos jóvenes, no están preparados para esta situación. Además, el tipo también juega un papel fundamental.

Los tipos más comunes de vino (sin abrir) aguantan:

  • Blanco. Puede durarnos entre uno y dos años desde su adquisición.
  • Tinto. Los flavonoides responsables de su característico color aumentan la cantidad de tiempo que puede permanecer en un estado inalterado. De todos modos esto está limitado para los vinos 'normales' a dos o tres años después de cuando se supone que deberían consumirse.
  • Vino de cocinar. No esperamos grandes cosas de este producto. Básicamente, mientras tenga un sabor decente y no se convierta en vinagre, suficiente. Si no abrimos la botella, podrá aguantarnos entre tres y cinco años almacenado. Eso sí, si no lo hemos usado, es que no cocinamos prácticamente nada.
Foto: Unsplash/@hermez777.
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  • Reservas y superiores. Todos hemos escuchado hablar de alguna botella famosa de principios del siglo pasado vendida en una casa de subastas por una auténtica barbaridad de dinero. El buen vino aguanta, y mucho. Eso sí, exige ser almacenado en posición horizontal, en una bodega, a la temperatura correcta y a oscuras. No esperemos que una botella que hemos almacenado en la terraza expuesta a las inclemencias del tiempo durante años nos aguante. De todos modos, si seguimos los consejos de conservación podrá aguantarnos entre 10 y 20 años.

Botellas abiertas

En el momento de descorchar un vino, lo exponemos a multitud de factores que no hacen sino robarle propiedades y sabor. La luz, el oxígeno, el calor, bacterias... Es inevitable que esto ocurra. Es un proceso lento, por lo que una botella que abrimos ayer por la noche estará prácticamente perfecta hoy al mediodía, pero (de nuevo, dependiendo del vino) no durará mucho más.

  • Espumosos. Solo aguantan en 'perfectas' condiciones (el gas escapa irremediablemente) entre uno y dos días.
  • Blancos y rosados 'ligeros'. Esos diseñados con un poco de aguja, fresquitos y baratos. Aguantan un poco más, alcanzando los cuatro o cinco días.
  • Buen blanco. Con suerte aguantará en perfectas condiciones 5 días. Poco más podemos esperar.
  • Buen tinto. Muy similar: 6 días será el máximo que podremos esperar tener un producto relativamente similar al recién abierto.
  • Vinos dulces. Imaginemos que tenemos una botella de delicioso (y peligrosísimo) vino para un postre. El azúcar, aunque promueve la proliferación de bacterias en una placa de petri, es también un conservante excelente. Estos vinos pueden llegar a durarnos en perfectas condiciones entre 10 y 12 días.
  • Oporto. Su método de producción estaba diseñado para que aguantase en perfectas condiciones la travesía del Atlántico (esto se consigue estabilizando la fermentación con aguardiente). Esto permite que nos dure, como nuevo, entre 3 y 4 semanas.

De todos modos, todos estos tiempos dependen en gran parte de las medidas que tomemos para conservarlos. Siempre deberemos aislar, en la medida de lo posible, el vino del exterior. Para eso debemos utilizar el tapón más hermético que podamos encontrar y, también, meter el vino en la nevera, independientemente del tiempo. Esto reduce la velocidad a la que tienen lugar las reacciones químicas que acaban por estropear el vino.

Cómo saber si se ha puesto malo

A ninguno nos gusta tomarnos un vino en malas condiciones. El sabor es absolutamente terrible. Tan malo que, aunque digamos que se ha vuelto vinagre, muchos preferiríamos beber directamente el aliño de ensalada. De todos modos, existen diversas maneras de saber de antemano el estado de un vino:

  • Color. Todo lo que sea marrón (y no debiera serlo) se ha puesto malo. Es el color que producen los procesos químicos inintencionados que tienen lugar en el interior de una botella (provocados por el incremento en oxígeno en contacto con el líquido). En el caso de los vinos blancos, el cambio le da al caldo un color mucho más dorado y cálido que, aunque su descripción suene bien, es completamente negativa.
  • Olor. Es, probablemente, la forma más fácil de reconocer un vino que se ha puesto malo sin probarlo. La prueba es muy sencilla: si nos echa para atrás, malo. Existen diferentes grados. Por ejemplo, si solo 'ha empezado' a agriarse, distinguiremos pequeñas notas a vinagre en su aroma. En el otro extremo de la balanza, si su estado es completamente terrible cuando abrimos la botella, podremos distinguir olores que no son usados por los sumilleres como a ajo, a lechuga o a 'goma quemada'. Si olfateamos alguno de esos matices, es hora de tirar la botella.
Foto: Unsplash/@elishaterada.
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  • Corcho. La razón por la que los buenos vinos se conservan tumbados es para que el corcho mantenga todas sus propiedades aislantes, separando por completo el exterior del interior de la botella. Esto se logra gracias a la hidratación que el propio líquido le otorga a la corteza del alcornoque. Cuando el corcho se ha puesto malo, podremos observar que el vino ha logrado filtrarse a través de él. También sabremos que está en mal estado cuando a la hora de abrirlo se desmenuza. Ojo con esto de todos modos, porque en ocasiones, los corchos pueden no ser completamente sólidos pero lo que tapan puede seguir en perfecto estado, por lo que un olfateo será necesario.

Los problemas de salud

Por suerte, bebernos un vino pasado es mucho más seguro que comernos un filete en el mismo estado. Esto se debe a que, a pesar de que continúe fermentando, lo que a final de cuentas es la causa del deterioro, se trata de un producto alcohólico y muy 'conservante', por lo que el crecimiento bacteriano es muy raro (aunque no imposible, como explican en este estudio investigadores del Australian Wine Research Institute).

Por otra parte, como explican desde los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos, el vino en mal estado puede provocar una intoxicación alimentaria, cuyos síntomas incluyen -aunque no se limitan a- malestar estomacal, dolor, náuseas, vómitos, diarrea y fiebre.

La parte buena es que podemos decir, con todas las de la ley, que si bebemos vino, tiene que ser bueno sí o sí.

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