El 'especial pizzas' no es queso: cómo te engañan las etiquetas
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El 'especial pizzas' no es queso: cómo te engañan las etiquetas

Muchos de los alimentos que compras no son lo que crees. El surimi, por ejemplo, no es cangrejo. Desvelamos los secretos de algunos productos vendidos como lo que no son

Foto: Ojo con las etiquetas de las salsas. (iStock)
Ojo con las etiquetas de las salsas. (iStock)

Paseo por el supermercado, tarde de amigos a la vista y el carrito tuerce ante el estante del guacamole. Salsa de guacamole, pone en la etiqueta. Una vez en casa, nacho en mano, se nos ocurre girar el bote y leemos en negrita: “Salsa picante a base de aguacate, queso, tomate y pimiento verde”. Genial, todo en orden. Sin embargo, un poco más abajo y en letra más pequeña leemos los ingredientes: agua, cebolla, aceite vegetal, tomate, pimiento verde, queso, almidón modificado, chiles verdes, pimiento rojo, azúcar, sal, proteína de leche, pimiento jalapeño, aguacate en polvo (0,7%), concentrado de limón, acidulante, aromas, estabilizadores, ajo, especias, antioxidante y colorantes.

¡Sorpresa! El ingrediente estrella del guacamole, el aguacate, brilla por su ausencia y en su defecto encontramos un 0,7% de aguacate en polvo, una cantidad inferior a la de azúcar o sal.

Si pone 'salsa', no hay compromiso con los ingredientes ni las cantidades, dentro, claro, de los límites legales

Pero... ¿esto es legal? Sí, el bote cumple la normativa que se puede leer en el Real Decreto 858/1984 del BOE. El truco está en la palabra 'salsa', bajo este sustantivo pueden poner lo que quieran, no hay compromiso con los ingredientes, ni las cantidades; dentro, por supuesto, de los ingredientes autorizados por Sanidad. De hecho, si así lo desean pueden no poner ni siquiera ese 0,7 de aguacate en polvo.

Foto: iStock.
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¿Pasa lo mismo con todas las salsas? No exactamente. Existen cinco clasificaciones de salsas, la de tomate frito (que tiene que llevar solo un 25% de tomate como mínimo), el kétchup (que también tiene que llevar un 25% mínimo), la mayonesa (que requiere de un mínimo del 5% de huevo), la mostaza y un quinto grupo en el que se engloban el resto de las salsas, tanto las que se aglutinan bajo nombres de uso común como la salsa brava, la salsa curry, salsa de queso, salsa de guacamole, etc, o las de fantasía como la de beicon ahumado o la Deluxe Fusión... Es decir, estas últimas no requieren de porcentajes mínimos de ningún ingrediente.

¿Y ahora qué hago sin guacamole?

Tenemos mejores noticias, porque aunque ningún guacamole vaya a ser tan sano como el casero, algunos productos procesados son mucho más saludables que los que hemos visto hasta ahora; de hecho, algunos botes de guacamole llevan el 95% de aguacate. ¡Atención! Guacamole, que no salsa de guacamole. Una pista para encontrarlos: acércate a la sección de refrigerados.

Para el resto de productos del moderno dipeo (del inglés 'dip', mojar), o el español 'mojeteo', se puede aplicar la misma norma: leer la etiqueta. Si no hay tiempo, o vista, para leer la letra más pequeña, por lo menos hay que fijarse en el nombre del producto, que muchas veces nos lleva a equívoco entre todas las estrategias de marketing.

Los tarros en los que leas 'salsa de...' y 'crema de...' suelen ser poco recomendables

Te recomendamos que te alejes de todos los tarros en los que leas 'salsa de...' o “crema de...”, porque suelen ser un mejunje de mantequillas, saborizantes, colorantes y sales fundentes poco recomendables. Y busques siempre exactamente lo que buscas; por ejemplo, guacamole, o queso (queso a las finas hierbas untable, o queso camembert, o queso fresco batido). Las opciones son pocas, así que si al final te decantas por las salsas, cuantos menos ingredientes, mejor. Hay algunas con contenidos bastante razonables: queso de leche pasteurizada, proteínas de leche, trozos de nueces sal y aroma natural de nuez es una buena elección frente a queso blanco pasterizado, suero de leche, preparación con trufa (setas troceadas), aceite de girasol, sal, perejil, fibra vegetal, almidón de arroz, ajo, Tuber aestivum (0,7%), acidulante (ácido láctico), aroma, conservador (sorbato potásico), pimienta negra, estabilizante (goma xantana), almidón modificado, sal, gelatina, estabilizante (goma guar), agente de carga (E941).

Foto: iStock.
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No queda más remedio, hay que leer etiquetas. Nos lo confirma Toni Durán, nutricionista y fundador de TDC Nutrición: “La gente solo busca las etiquetas para ver el valor nutricional y sus calorías, pero lo importante son los ingredientes”. Y nos recuerda que el primer ingrediente es el principal, el de mayor cantidad, y así sucesivamente: “Es mejor evitar también los productos que venden de cara a los niños con palitos para mojar en el queso, suelen tener mucha grasa y no ser saludables”.

“Dentro de los productos procesados de un supermercado, el hummus no es mala opción, aunque sin abusar y sabiendo que siempre es mejor hacerlo en casa. Hay que ver siempre qué cantidad de garbanzos lleva. Otra idea es el tzatziki, una salsa de yogur y pepino”, propone Durán.

Los aperitivos más saludables

Indiscutible es que el nacho, o similar, es el más famoso de los elementos sólidos apto para mojar. Tener en cuenta los ingredientes de estos triángulos es también importante. Como siempre decimos, toca leer etiquetas; en principio, debería valer con que tengan maíz (o trigo), aceite y sal. Pero si queremos dar un paso hacia unos aperitivos más saludables, podemos cambiar los nachos por verduras cortadas en bastones: zanahorias, pepino, calabacín... Son los clásicos del crudité que podemos aprovechar para untar con nuevas recetas.

“También podemos hacer chips de boniato al horno. El boniato tiene un sabor dulzón, así que podemos mezclar sabores sorprendentes. Imagina boniato con hummus”, nos sugiere este nutricionista, que además nos recuerda que las que venden en las bolsas no suelen ser muy recomendables. “Estas bolsas de productos tan procesados suelen llevar mucho azúcar”.

Foto: iStock.
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Más allá del 'mojeteo' en los aperitivos, te sugerimos que siempre que te apetezca disfrutar del preámbulo de la comida o simplemente quieras saciar tu hambre, no te lances a por las bolsas de patatas, cortezas, kikos o cacahuetes salados y optes por otros alimentos igual de ricos, pero mucho más saludables como los encurtidos, cuyo componente calórico es además mucho menor; el edamame, tan de moda ahora por la comida japonesa; los frutos secos naturales, evitando fritos y salados... “Hay latas que también son interesantes, como las de sardinas o los berberechos al natural, a los que podemos añadir además un chorrito de limón. Siempre es mejor que no sean en salsa o en escabeche”, cuenta Durán. “Las aceitunas son también una buena alternativa, sobre todo cuando vas a un bar. Mucho mejor que las patatas”, concluye.

Son muchas las opciones cuando buscas aliviar el apetito en el preámbulo de comidas y cenas. Lo importante es procurar hacerlo siempre nosotros mismos, o en su defecto buscar los alimentos procesados más saludables. Para ello, no queda otra que leer e informarnos y así aprender cada día un poco más.

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