La cesta de la compra que le ha ganado la partida al covid-19
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La cesta de la compra que le ha ganado la partida al covid-19

El confinamiento ha obligado al consumidor a reinventar su forma de comprar. Proximidad, ecologismo y responsabilidad son valores en alza y el resultado es un auge de los supermercados cooperativos y participativos

Foto: Foto: La Osa.
Foto: La Osa.

La pandemia de covid-19 ha trastocado la sociedad y la economía, y todo apunta a que ya no serán como las hemos conocido hasta ahora. Desde los primeros días de confinamiento, nos hemos tenido que adaptar aceleradamente a la situación para seguir trabajando y comprando productos de primera necesidad, sobre todo alimentos. La reducción de la movilidad nos ha forzado a regresar a las tiendas de barrio y a comprar por internet. En este escenario, los supermercados cooperativos y participativos, con productos de proximidad y de alta calidad, han ganado posiciones en la cesta de la compra y se han afianzado como una alternativa a los supermercados tradicionales, con interminables colas y no siempre bien abastecidos.

"La crisis ha puesto de manifiesto la fragilidad de los circuitos convencionales de producción, distribución y consumo"

"Esta crisis ha sacado a relucir comportamientos altruistas y formas de relación más humanas y colaborativas, que habitualmente suelen faltar en las grandes ciudades", confirma José Antonio Villarreal, socio del proyecto Supermercado Cooperativo La Osa. "También hemos vivido problemas de abastecimiento de productos de primera necesidad a los que no estábamos acostumbrados, poniendo de manifiesto la fragilidad de los circuitos convencionales de producción, distribución y consumo", añade.

El futuro que viene

El resultado es una mayor demanda de productos ecológicos, locales y sostenibles, y parece que este modelo de consumo seguirá ganando adeptos en los próximos meses. Las perspectivas pintan bien para los más de 800 cooperativistas de La Osa (con una aportación de 100 euros per cápita), que ya está preparando el que será su gran supermercado: una superficie de 800 metros cuadrados, de los que 400 metros se dedicarán a productos de sistema de producción controlada, ecológicos, de temporada, de cercanía y también "otros convencionales, porque no todos los consumidores pueden o quieren llenar toda la cesta de la compra con este tipo de productos", apunta Villarreal.

Foto: Unsplash/@shelleypauls.
Foto: Unsplash/@shelleypauls.

El establecimiento supone el salto definitivo de un proyecto que arrancó en año 2014, como grupos de consumo autogestionado, responsable, con un pequeño espacio para su actividad. Después se trasladaron a un local de 50 metros en Madrid y a finales de 2020 prevén abrir la nueva superficie.

El precio más alto que tienen los productos ecológicos y de proximidad es, a menudo, la causa de que el consumidor siga con los alimentos convencionales. Para contrarrestar este efecto, La Osa tiene una estrategia, que ha consolidado durante las semanas de cuarentena: "Al comprar para miles de personas, los precios van a caer, y es algo que ya hemos hablado con agricultores", asegura Villarreal.

Proveedores

Madrid y la huerta de las comunidades del norte peninsular, Aragón, Valencia y Andalucía abastecerán a La Osa de vegetales, mientras que el café o el cacao procederán de comercio justo. Este portavoz, que cambió su trabajo de profesor de Geografía e Historia por el 'activismo' en consumo responsable, no duda de que "la crisis actual viene motivada por un nivel de toxicidad increíble, que procede no solo de la contaminación sino de lo que ingerimos. Nos alimentamos de productos que están terriblemente contaminados". Por ello, "ahora más que nunca son necesarios proyectos como el nuestro, que es un modelo democrático, sostenible e igualitario, al que cada vez se unen más cooperativistas".

Foto: Unsplash/@anaya_katlego.
Foto: Unsplash/@anaya_katlego.

José Antonio Villarreal ilustra que el supermercado cooperativo sigue la filosofía esencial de otros establecimientos similares plenamente activos en las ciudades de Nueva York y París bajo la misma premisa: el cooperativista es consumidor, copropietario y partícipe del proyecto. El beneficio generado por la venta de sus productos no se reparte entre los socios, sino que se dedica al abaratamiento del producto. "Se trata de un consumo consciente, responsable, en el que menos es más y con productos incomparables con los convencionales", concluye.

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