El lavado de cara de las cadenas de 'fast food' en los últimos años con alternativas sanas a sus clásicos menús es directamente un engaño. Así lo corrobora un reciente estudio publicado en el 'Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics', que analiza los cambios introducidos entre 1986 y 2016 en un gran número de restaurantes de comida rápida y que ha concluido que no solo no han mejorado, sino que su oferta es peor para la salud.

Mientras la preocupación por la alimentación sana crecía en las últimas dos décadas, obligando a las grandes franquicias a introducir en sus cartas guiños al público más preocupado por su dieta, con una nueva oferta que fue incorporando las ensaladas, las hamburguesas de pollo y hasta de pescado, la realidad es que nos estábamos perdiendo algo.

El truco fue aumentar el tamaño y la cantidad de las calorías de un menú sin que se notara

¿Cómo es posible que hayan empeorado si en teoría se habían apuntado a tendencias más saludables? Simple, en vez de tocar sus platos principales, se centraron en los entrantes, los acompañamientos y los postres, una forma de desviar el foco. Las conclusiones de los investigadores son demoledoras, las grandes cadenas aumentaron el tamaño de las porciones en estos grupos, además de la sal, y el número total de calorías para compensar algunas de las reducciones en sus platos principales o en sus alternativas más saludables.

Más calorías

Aún así, muchas de las ensaladas de estos establecimientos contienen más calorías que la propia hamburguesa: encima de cuatro hojas verdes hay tantos 'toppings' y salsas que el resultado es una ilusión. Según los autores del estudio, aunque hay una gran variedad de opciones para elegir, unas peores que otras, el número de calorías, el tamaño de las porciones y el contenido de sal aumentó en todas.

En concreto, el tamaño de las raciones de los entrantes creció algo más de 13 gramos, unos 30 calorías más cada diez años. Los acompañamientos como las patatas fritas y otros no aumentaron de tamaño, pero sí en cuanto a densidad energética: unas 14 calorías por cada década, mientras que los postres fueron los que más crecieron en ambos aspectos: unos 24 gramos y 62 calorías más cada década. La cantidad de sal también aumentó en los tres grupos: cerca del 14% en los entrantes, 12% en los acompañamientos y un 3,6% en los postres.

Suele caracterizarse por presentar un aporte nutricional muy escaso y un bajo valor nutritivo

Aunque el estudio se refiere a establecimientos de EEUU, es trasladable a Europa. En España, en las últimas décadas, el consumo de comida rápida ha ido aumentando y la previsión es que en los próximos años se llegue a incrementar hasta un 50%. Lo explica a Alimente la nutricionista Marta Barrena, del Centro Quirónsalud Tres Cantos: "El ritmo de vida que llevamos, la falta de tiempo, su bajo precio e incluso la falta de oferta de sitios de comida rápida saludable pueden ser algunas de las causas que nos inciten a hacer este tipo de elección. Pero debemos tener en cuenta que supone un riesgo para nuestra salud si la convertimos en un hábito o un abuso".

La gran pregunta para el experto es si seguiríamos consumiendo este tipo de comida si supiéramos las consecuencias que puede tener para nuestra salud: "Suele caracterizarse por presentar un aporte nutricional muy escaso y un bajo valor nutritivo. Se trata de alimentos ricos en grasas saturadas y calorías, pero escasos en fibra. Además, no siempre están elaborados con ingredientes beneficiosos para nuestro organismo. Aceite de palma, azúcares, exceso de sal o las grasas saturadas son solo algunos de los dañinos componentes de este tipo de comida".