La ciencia determina el riesgo de contagiarse de covid en los bares
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La ciencia determina el riesgo de contagiarse de covid en los bares

La seguridad de la hostelería parar evitar contagios de coronavirus resulta controvertida. Un nuevo trabajo de científicos españoles y de Estados Unidos apunta directamente al papel de estos locales en la transmisión del virus

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Foto: Unsplash/@beckeli.

Sanidad y las CCAA han acordado el cierre del interior de los bares y restaurantes en las zonas de alto riesgo de la pandemia de coronavirus (incidencia superior a 150 casos por 100.000 habitantes o alta ocupación hospitalaria). La decisión se enmarca dentro de la actualización del documento 'Actuaciones de respuesta coordinada para el control de la transmisión covid-19', que no se actualizaba desde octubre pasado. Ya entonces, el Grupo de Trabajo Multidisciplinar que asesora al Ministerio de Ciencia sobre covid-19 elaboró un informe que señalaba el riesgo que entrañan los interiores de bares y restaurantes

Nuevamente, la ciencia ha encontrado motivos para poner en el punto de mira los locales de hostelería. Los hallazgos más recientes están todavía en fase de preprint de un estudio, desarrollado por investigadores de la Universidad de Drexel (en Filadelfia), la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) y el Centro de Salud Rafael Alberti (Madrid), que concluye que "el cierre de locales de hostelería es una de las medidas más eficaces para frenar la incidencia y mortalidad por covid-19", y resalta la importancia de la limitación de aforo y la ventilación para la reapertura de los negocios.

Foto: Foto: Reuters.

Cierres y restricciones a la hostelería son una de las polémicas más encarnizadas desde que comenzó la pandemia. Que los espacios cerrados favorecen el contagio está demostrado y aceptado casi de manera unánime (en Alimente hemos contado que es más importante ventilar que mantener la distancia); los roces se producen entre los que sostienen que los contagios aumentan en bares y restaurantes, a pesar del uso de mascarilla y limitar el aforo, y aquellos que niegan un riesgo mayor de transmisión en estos establecimientos cuando se adoptan las medidas de seguridad pertinentes.

Ninguno de los dos bandos cede en su postura, por eso el mejor árbitro es la ciencia.

Antes que el citado nuevo trabajo, con autoría española, pendiente de publicación, otros científicos se han ocupado de este asunto. Así lo han hecho investigadores de las universidades escocesas de Stirling y Glasgow, que han evaluado los riesgos en pubs abiertos cumpliendo los estrictos requisitos de protección establecidos por el Gobierno británico. Su hipótesis de trabajo era: ¿los operadores de bares pueden prevenir la transmisión de covid-19 de manera efectiva y constante?

Interés nacional

Entre los meses de mayo y agosto del año pasado, los científicos escoceses, liderados por Niamh Fitzgerald, directora del Instituto de Marketing Social y Salud de la Universidad de Stirling, analizaron minuciosamente 29 pubs que habían reabierto después del cierre estricto de marzo y abril. Constataron que los empresarios habían llevado a cabo las reformas necesarias para reabrir sus establecimientos con todas las garantías exigidas por el Gobierno, pero descubrieron que había variables prácticamente imposibles de controlar, como la interacción física cercana entre los clientes y el personal, que con frecuencia ocurre cuando hay por medio un consumo excesivo de alcohol.

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Foto: Unsplash/@jonahbrown.

La investigación, que ha sido financiada por el Gobierno de Escocia, se ha publicado en el 'Journal of Studies on Alcohol and Drugs' y es pionera en el mundo en examinar si funcionan las medidas anticovid en bares y los riesgos de relajar las restricciones.

Fitzgerald explica que su trabajo observó las prácticas comerciales y los comportamientos de los clientes para comprender si los riesgos de transmisión de covid-19 se pueden gestionar, y cómo, en entornos donde se sirve alcohol. “Entrevistamos a propietarios y representantes de las empresas antes de la reapertura para comprender los desafíos a los que se tenían que enfrentar -detalla-, y cuando los pubs reabrieron en el mes julio, visitamos las instalaciones para observar cómo funcionaban en la práctica real las medidas diseñadas por el Gobierno”.

De incógnito en los bares

Haciéndose pasar por clientes, los científicos supervisaron las instalaciones durante un tiempo máximo de dos horas. Sus principales hallazgos fueron:

  • Los locales habían introducido nuevos diseños, señalización, sistemas de colas, gestión del ruido y de los baños, pusieron dispensadores de desinfectantes de manos (pero se usaban con poca frecuencia).
  • La mayoría de los establecimientos requerían que los clientes proporcionaran datos de contacto para respaldar el rastreo de contactos, aunque nueve negocios no lo hicieron.
  • El personal usó equipo de protección en la mayoría de los lugares, pero en otros los empleados o no usaron mascarillas o lo hacían de manera inapropiada o se las quitaban para hablar con otros compañeros y clientes.
  • La distancia entre mesas se respetó en muchos pubs aunque no en todos.
  • Se implementaron sistemas unidireccionales para ayudar a regular el flujo de clientes, pero en la mayoría de negocios se ignoró. Los puntos conflictivos fueron: entradas, pasillos, puertas o zonas de la barra.
  • Menos de la mitad de los locales ofrecieron solo servicio de mesa, lo que ayuda a evitar cualquier posibilidad de hacer colas.
  • El hacinamiento y la escasa distancia interpersonal eran un problema habitual en el área de aseos.

Clientes rebeldes

La responsabilidad no es exclusiva de los empresarios; de hecho, los autores del documento detectaron ciertos comportamientos de los clientes que aumentaron el riesgo de transmisión del virus:

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Foto: iStock.
  • Cantar, gritar o tocar música.
  • Mezcla entre grupos.
  • Detenerse y moverse por la barra sin mantener la distancia interpersonal.
  • Hacer fotos de los clientes y del lugar.
  • Dar la mano y abrazar a otras personas.
  • En un solo pub, la intervención de los empleados consiguió suprimir el ruido de los clientes.
  • Los incidentes más graves se produjeron por la noche, entre clientes habituales, con consumo de alcohol de por medio, en bares de pueblos o localidades pequeñas.

Dudas persistentes

Toda esta información, según Niamh Fitzgerald, "proporciona la primera evidencia, incluidos los datos de observación directa, de cómo funcionaron las instalaciones al reabrir después del confinamiento”. En general, “los hallazgos muestran que hay motivos para la incertidumbre y por tanto se pueden implementar nuevas reglas para un sector donde la interacción entre mesas y extraños y el consumo de alcohol es la norma”.

Foto: Bares y restaurantes cerrados en Marsella. (EFE)

Entonces, ¿hay que cerrar o abrir los bares? Pues la profesora de la Universidad de Stirling es extremadamente prudente en su dictamen: aunque se adopten todas las medidas para reducir la transmisión, el riesgo de contagio de covid-19 existe, especialmente cuando los clientes tienen intoxicación etílica. “Es más probable que se produzcan cierres generales, toques de queda o prohibiciones de venta de alcohol si el riesgo no se puede reducir mediante el apoyo y/o sanciones para los operadores de las instalaciones”.

Después de una de cal, Fitzgerald da la de arena: “También se debe prestar atención al impacto de los cierres en las empresas, la actividad económica, las dificultades de los empleados y los propietarios del sector, y los potenciales peligros que tiene desviar el consumo de alcohol a los hogares”.

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