Todo sobre las doradas y lubinas de la acuicultura canaria
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MUEVE MILLONES

Todo sobre las doradas y lubinas de la acuicultura canaria

Llevan desde los años 80 trabajando en este sector. En breve, es posible que degustemos sus pulpos (y otras especies) criados en cautividad

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Foto: iStock.

Cuando pensamos en acuicultura, a casi todos nos viene a la cabeza la imagen de los fiordos noruegos y los salmones de sus piscifactorías copando nuestras comidas y nuestras cenas. Sin embargo, muy cerca de nosotros, tenemos la potente inversión en acuicultura que están realizando desde las Canarias. Un negocio que se emprendió en las islas en la década de los 80, en Tenerife. “No es hasta finales de los noventa cuando se establece este sistema productivo como industria, empezando a implantarse instalaciones no solo en Tenerife y Gran Canaria, sino también posteriormente en Lanzarote y La Palma”, informan en la web del Gobierno de Canarias.

Lo cierto es que actualmente el sector de la acuicultura se halla en auge y de esta bonanza quiere también participar Canarias, que recientemente ha aprobado un Plan Regional de Ordenación de la Acuicultura (PROAC) con el que las islas se convierten en el segundo territorio español que cuenta con una regulación en vigor. La otra región aventajada es Galicia, que también se esmera por liderar la industria de cultivo de los mejillones y las almejas, entre otras especies.

En suma, el Gobierno canario está poniendo toda la carne en el asador para convertir esta industria en una de las más importantes. No en vano, la acuicultura mueve en Canarias actualmente 38 millones de euros.

¿Qué especies se pueden cultivar en Canarias?

Las especies autorizadas para el engorde en estas instalaciones son la dorada (Sparus autara), la lubina (Dicentrarchus labrax) y el atún (Thunnus obesus y Thunnus albacares) en Lanzarote.

Además, existe un empeño por ampliar el repertorio y por ello desde diferentes instituciones científicas, como el Centro Oceanográfico de Canarias (C.O.C. - I.E.O) se están impulsando varios estudios a nivel experimental para saber si es posible apostar con éxito por especies como el bocinegro (Pagrus pagrus), el medregal (Seriola dumerili) o el pulpo (Octopus vulgaris).

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Foto: iStock.

Al respecto de este último, surge la controversia. No en vano, un artículo que fue publicado en enero en la revista 'Issues in Science and Technology' nos advierte acerca de los graves impactos que tendría la acuicultura de pulpo tanto en el bienestar animal como en el medio ambiente.

Según aseguran, estos cefalópodos están particularmente mal adaptados a una vida en cautiverio y producción en masa. Por lo tanto, ya sea por razones éticas o por ecológicas, estos investigadores desaniman a convertirlo en un producto de la acuicultura. Lo cierto es que esta alarma se ha propuesto aguar la algarabía de los científicos españoles que por primera vez han conseguido mejorar la supervivencia de las larvas de pulpo, toda una efeméride mundial que se espera que ayude a la explotación y cría comercial de la especie. Así, el logro es una hazaña conjunta de un equipo integrado por investigadores de los centros oceanográficos de Vigo y Tenerife del Instituto Español de Oceanografía (IEO) que ha conseguido reproducir pulpos en cautividad tras 20 años de indagaciones.

La acuicultura mueve en Canarias actualmente 38 millones de euros

Parece que las marcas, como Nueva Pescanova, están sumamente interesados en ello, pues esta empresa ha firmado un contrato con el IEO que le otorga una opción preferente de licencia de la patente sobre estas investigaciones. No en vano, infinidad de países están trabajando por convertir al pulpo en un animal más de granja. En China afirman que podrán lanzar al mercado su primer pulpo cultivado el próximo año.

Más de 7.810 toneladas producidas en 2018

Pero es evidente que el plan recientemente aprobado supondrá un revulsivo para el sector que, gracias a este documento, ya sabe a qué atenerse. No en vano, urgía su tramitación pues el anterior tenía carácter provisional y el sector necesitaba una clara regulación pues la acuicultura en las islas produjo el año pasado algo más de 7.810 toneladas de pescado. Es decir, un 36,09% de la producción de pescado fresco en las islas. Por su parte, la flota pesquera local extrajo del mar un 63,91% de pescado, según datos de los puntos de primera venta del archipiélago hechos públicos por el consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas, Alicia Vanoostende.

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Dicho plan establece un listado con aquellas especies de interés consideradas económicamente rentables y medioambientalmente sostenibles. De esta manera, se prohíbe que los especímenes puedan estar modificados genéticamente, pues se quieren evitar los riesgos que puede entrañar para los bancos de peces locales la posible fuga de un ejemplar transgénico de las instalaciones. En este sentido, conviene recordar que en todas las piscifactorías debe existir un protocolo para prevenir el escape de peces de cultivo en jaulas en mar abierto.

Asimismo, el documento fija un límite global máximo de crecimiento. Así, no podrán superarse las 37.000 toneladas, aunque esta cuantía puede variarse en un futuro. También define las zonas en las que se puede desarrollar esta actividad atendiendo a criterios sociales, económicos y medio ambientales.

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