El anuncio es claro y conciso: "Seafood Paella & Sangría Cooking Class". Suficiente para conseguir que 15 desconocidos se reúnan en un local de la soleada California para aprender dos recetas de la gastronomía española: paella y sangría. La propuesta surge de la emprendedora y "chef pop-up española", Mónica Mora, natural de Huelva, que lleva casi una década viviendo en San Francisco, en el distrito de Mission, con las colinas Twin Peaks al fondo. En los últimos meses ha conquistado los estómagos de los sibaritas, 'hípsters' y 'geeks' de Palo Alto, sin haber pisado antes la cocina de un restaurante.

"Clase de dos horas y media en la que trabajaremos en grupos, mano a mano, para preparar las recetas de sangría y paella", propone la cocinera 'amateur'. Entretanto, pican queso español y corren ríos de vino: éxito asegurado. "Después de trabajar durante siete años como 'product manager' en una 'start up' californiana, el año pasado cambié de sector y decidí reunir mi pasión por la cocina y el 'marketing'", explica Mónica. "Aparecieron muchas ofertas de trabajo: Cozymeal, Josephine, Feastly… Empecé en la web Josephine. Me fascinaba la idea de poder cocinar en mi propia casa y que los clientes vinieran directamente a recoger su pedido".

A la gente de San Francisco le gusta estar a la última moda en todo, ya sea tecnología, diseño, cultura o gastronomía

En realidad, aquellas primeras experiencias de catering casero a través de plataformas online solo daban para pagar los ingredientes. Pero al mismo tiempo hacía una cartera de clientes y se ponía a prueba. Así surgió su proyecto Paella 4 Friends.

Antes de que comience la clase y se coloquen la 'toque blanche' de papel, Mónica prepara los ingredientes, la utilería y los mandiles para sus alumnos. Todo a punto para explicar los secretos del arroz, dónde conseguir azafrán en San Francisco, cuánto azúcar va bien a la sangría… "En España nunca había trabajado en el sector de la restauración, aunque había organizado muchos eventos para clientes de las grandes agencias de publicidad en las que trabajé en Barcelona. Lo que sé de cocina se lo debo a mi madre", cuenta Mónica antes de recibir a sus 15 asistentes. "La gente en San Francisco está habituada a la variedad y quiere probar cosas nuevas. Responde muy bien a las propuestas originales: les gusta estar a la última moda en todo: tecnología, diseño, cultura o gastronomía".

Todo dispuesto para que empiece la lección.
Todo dispuesto para que empiece la lección.

¿Se acuerdan de la generación JASP nombrada en los 90? Pues el perfil de quien se apunta a sus clases es muy parecido: jóvenes de entre 25 y 35 años o algo más, de origen internacional e intercultural, que trabajan en las mejores empresas del imperio tecnológico de Silicon Valley. Resulta curioso pensar que lo mejor de cada casa —a sueldo de Twitter, Apple o Google, por ejemplo— elija este tipo de 'happening gastro' para un plan de sábado.

Comida y nuevas tecnologías

También es curioso cómo se han enterado de estas clases: a través de la web Feastly, que es la última tendencia 'gastro' que está causando furor en ciudades como Nueva York, Washington, Chicago o San Francisco. Esta plataforma, en funcionamiento desde 2012, tiene un poco de Blablacar y de Airbnb, y mucho de restauración con aires clandestinos. En realidad, las clases son algo peculiar que propone Mónica, pero lo más frecuente son las comidas y cenas underground.

La clase al completo.
La clase al completo.

Cualquier ciudadano anónimo con buena mano en los fogones puede ofrecer un menú en su casa o su garaje (acondicionado y comprobado por la web): "Tal día, cena criolla de influencias jamaicanas, apta para veganos, 10 servicios, tantos dólares por cabeza". Y ese día llaman al timbre de su casa los desconocidos que hayan pagado por la experiencia gastronómica.

"Ya me gustaría a mí poder recibir a los 'feasters' (como se llama familiarmente a los clientes de la plataforma) en mi casa. Eso significaría que vivo en una casa grande y con un comedor preparado para recibir a 20 o más personas, pero no es mi caso", bromea la cocinera española. "Yo utilizo las instalaciones de Feastly, en un espacio llamado The Loft".

Y allí, a 50 euros la clase, se desvelan los secretos mejor guardados de la gastronomía española.