Nos vamos de viaje. Y no solo para visitar museos, parques, rincones y plazas, sino también para darnos un homenaje gastronómico y disfrutar de la cocina local. No te lo pierdas.

Aberdeen, paraíso de carnívoros

Situada en el noreste de Escocia, es un destino perfecto para los amantes de la carne. Allí se cría una de las mejores del mundo, la procedente de la raza bovina Aberdeen Angus, originaria de Aberdeenshire. Su carne es célebre por ser jugosa, sabrosa, de sabor intenso y ofrecer excelentes cortes (no os perdáis el entrecot). Se sirve en restaurantes de todo el país: no necesita más que una buena plancha o parrilla y un puñado de escamas de sal. El mar escocés también ofrece productos de calidad y en esta zona es típica una contundente sopa de pescado de textura cremosa que se llama cullen skink​, elaborada con abadejo ahumado, patatas, cebollas y caldo con leche. El postre tradicional es el tablet, un dulce a base de leche condensada, mantequilla y con frutos secos en su interior.

Cullen skink, para entrar en calor. (iStock)
Cullen skink, para entrar en calor. (iStock)

  • El origen de sus ahumados. Los arenques de Arbroath, llamados smokies, son los ahumados de la zona. Se descubrieron por accidente al incendiarse un almacén en el que se conservaban pescados en salazón y se preparan al fuego de leña en un barril de whisky.

Oporto, francesinha y petiscos

En la capital del Duero (como en todo Portugal) se come rico, abundante y barato. El pescado es excelente; la repostería, de llorar de la emoción ,y los calderos y sopas, de mojar. Las terrazas de la Ribeira y su bacalao a la nata son una parada obligada. Pero lo más típico es la francesinha, ese sándwich no apto para veggies relleno de carnes, embutidos, cubierto con queso y acompañado de patatas fritas y una salsa elaborada con cerveza y tomate. Recomiendo probarlo en el Dick´s Bar del Yeatman, el hotel más lujoso. Sí, es la opción más cara, pero su ternera, su salsa y la espléndida panorámica sobre la ciudad lo merecen. Esa franceshina es la mejor que he probado en Oporto, con permiso del café Santiago y el Majestic. Los portuenses también se han aficionado a las tapas, aunque las llaman petiscos. ¿Una ventaja? Puedes tapear a partir de 0,75 euros. Os aconsejo Caldeireiros y su salchicha con salsa de espinacas, Cantina 32 con su salmón curado en mostaza y naranja o el pulpo salteado con patatitas dulces, y Trasca, donde sucumbiréis a la tarta de chocolate con leche condensada.

Francesinha, y olvida las calorías. (iStock)
Francesinha, y olvida las calorías. (iStock)

  • El rey de las sardinas. En Matosinhos hay una sencilla terraza con mesas de plástico, servilletas de papel… El antiglamour. Pero en cuanto te sirven las fuentes de sardinas a la brasa más ricas que hayas probado, inmensas raciones de un bacalao que se deshace en la boca o montañas de un choco delicioso, te olvidas de lo demás.

Bergen, un templo de los frutos del mar

La antesala de los fiordos, rodeada por el frío Atlántico, es un excelente destino para degustar buen marisco. Los lugareños presumen de ofrecer las mejores truchas del mundo, de carne asalmonada, que preparan semicruda para apreciar mejor su sabor. Por supuesto el protagonista es el salmón ahumado, el producto noruego que más se exporta y que se encuentra en cada esquina, te lo puedes traer envasado a casa y se degusta de mil formas: aunque con esa textura excepcional y su intenso sabor, lo mejor es disfrutarlo sin artificios. La variedad de bacalao nómada denominada skrei se considera un manjar. Arenques y sardinas completan las delicias marinas de Bergen. En su mercado del pescado (imprescindible visitarlo) podéis disfrutar de mariscos fresquísimos: son los mismos que sirven en los restaurantes top, pero a un precio muy aceptable. Elegís las piezas y os las preparan al momento. Una curiosidad: hay varios puestos regentados por españoles. No hay que dejar de probar el cangrejo real y las reker, gambas al estilo noruego: las colocan peladas sobre rebanadas de pan, se empapan con zumo de limón recién exprimido y se las recubre de mayonesa y eneldo.

Salmón (noruego, claro está).
Salmón (noruego, claro está).

  • El restaurante recomendado. 1877 es un precioso establecimiento de grandes ventanales y decoración cálida ubicado en un antiguo edificio del puerto. En la cocina elaboran versiones actuales de recetas clásicas: la vanguardia al servicio de la tradición. Puedes elegir entre un menú de tres o cinco platos.

Bretaña, de crepés y galettes

Esta región francesa destaca por sus especialidades culinarias. En el puerto de Erquy, cerca de Saint-Brieuc, supone un espectáculo observar a los pescadores extraer las vieiras. Pero lo que más sorprende es la excepcional calidad (y variedad) de su charcutería: jamón ahumado, paté Henaff -su caja azul y amarilla es un objeto de culto-, rilletes de pato o la andouille de Guémené, un delicado embutido de cerdo ahumado con madera de haya o roble. Acompaña estas delicatesen con sidra bretona que se bebe en cuencos (elige la Royal Guillevic) y atrévete con el chouchen, un licor obtenido a partir de la fermentación de miel. Para los foráneos lo más tradicional de la cocina bretona son los crepés dulces, elaborados con una masa fina de harina, leche y huevos. Para las galettes utilizan trigo negro o sarraceno (sin gluten, con más proteínas y antioxidantes). Además, la masa es esponjosa, de sabor intenso, se suele rellenar con ingredientes salados (inolvidables las de pato con foie) y se acompaña con ensalada o patatas asadas.

Crepés de las de verdad.
Crepés de las de verdad.

  • La capital de las ostras. En el puerto de Cancale, cerca de Mont Saint-Michel, saborea las ostras planas con más fama de Francia, aclamadas desde la época romana. A veces las acompañan con pan y mantequilla salada.

París, la metrópoli más estrellada

Hablando de ciudades europeas foodies, resulta obligado mencionar la que acumula más estrellas Michelin. Para los fanáticos de la guía, aquí van los nuevos restaurantes parisinos con estrella 2018: Mavrommatis, Emporio Armani Caffè, Quinsou, Loiseau Rive Gauche, Pertinence, Copenhague, L'Ecrin, Le Chateaubriand, Table-Bruno, Montée, Alan Geaam, Comice, Etude, L'Arcane y Ken Kawasaki.

Las especialidades de París son numerosas. Entre los primeros platos destacan los escargots -caracoles condimentados con ajo, champiñones, mantequilla y perejil-, y el cinematográfico ratatouille, una mezcla de verduras aderezadas con hierbas provenzales -parecido a nuestro pisto, pero cada ingrediente se cocina por separado y luego se unen todas las verduras para una cocción en común-. Otra especialidad es el coq au vin, pollo al vino con verduras y finas hierbas. Un plato parisino menos conocido es el pote al fuego, hecho con carne de buey, puerros y zanahorias. Los carnívoros disfrutarán con la chuleta tártara -un filete de ternera condimentado con cebolla, yema, salsa de tomate, pepinillos y mostaza-, el tournedo Rossini -taco de buey de seis centímetros servido con hígado y licor- y el filet mignon -filete de ternera no muy fino que los parisinos sazonan con abundante pimienta negra, pasado y dorado por fuera, pero muy jugoso por dentro.

Filet mignon, casi a punto.
Filet mignon, casi a punto.

  • De damas y caballeros. El croque monsieur es el sándwich por excelencia, hecho con pan de molde, jamón, bechamel y queso gruyer gratinado por encima. El croque madame es igual que el anterior, pero con un huevo colocado por encima.

Piamonte, impulsor del slow food

Este sello fue acuñado por un grupo de desencantados que iniciaron una cruzada contra la comida rápida que amenazaba la tradición gastronómica italiana. El movimiento prosperó y actualmente cuenta con cien mil miembros en más de ciento cincuenta países. Y es que pocas regiones del mundo atesoran una oferta gastro tan exquisita como el Piamonte. De esta región proceden creaciones culinarias de fama mundial como:

  • El pesto, esa deliciosa salsa elaborada con albahaca, piñones, aceite de oliva y queso.

  • La focaccia, el pan plano cocido al horno con hierbas por encima.

  • Los grissini, esos finos palitos de pan horneados.

  • La crema de avellanas Nutella.

  • El arborio, la variedad más cremosa utilizada para cocinar risotto (os aconsejo utilizarlo también para hacer arroz con leche).

Pesto piamontés.
Pesto piamontés.

  • Su majestad la trufa blanca. Una de las grandes rutas de la trufa blanca se encuentra en el bajo Piamonte, en las provincias de Alessandria, Asti y Cuneo. Este oro blanco se puede comprar en los mercados a partir de octubre y su epicentro es Asti, donde restaurantes como el Angolo del Beato rinden culto a este hongo.

Berlín, multiculturalidad gastro y cerveza

La cocina de esta ecléctica urbe alemana está influenciada por la gastronomía turca, india, paquistaní, polaca, austriaca o checa. Incluso los inmigrantes franceses de siglos pasados introdujeron las boulettes, unas albóndigas de carne molida muy populares. El plato típico alemán es el codillo de cerdo, aunque no es nativo de Berlín aquí se consume mucho y se llama eisben. Y por supuesto las salchichas. ¿Las indispensables? La berliner bockwurst, que se come con mostaza y pan blanco, y la currywurst, la más famosa entre los berlineses servida en trozos, con kétchup y curry. La variante berlinesa del schnitzel consiste en un filete de cerdo empanado, con huevo frito, pan tostado, pescado (salmón ahumado o sardinas) y alcaparras que se acompaña de patatas o judías verdes. Hay un producto de la zona muy recurrente, el arenque, que en Berlín se utiliza como aperitivo enrollado alrededor de un pepinillo. Y si, como yo, sois amantes de la anguila, debéis probarla: la elaboran con una cremosa salsa de hierbas.

Salchicha con curry y chile.
Salchicha con curry y chile.

  • El trago berlinés. La cerveza de trigo es la más demandada. De sabor está buenísima, pero la sirven a temperatura ambiente y eso a los españoles no nos emociona. Los más atrevidos pueden pedir la Berliner Weisse, una cerveza verde o roja porque se le agrega aspérula o frambuesa.

Leeds, promotora de la indie food

Esta ciudad inglesa se ha reinventado en los últimos tiempos hasta convertirse en un destino preferente entre los amantes de la cerveza artesanal y la vida nocturna. Algunos comienzan a catalogarla como la ciudad fetiche de los millennials e incluso como una alternativa a Londres. Animada, cool y con una completa oferta cultural, ha inaugurado una interesante variedad de pubs, cervecerías, cafeterías y restaurantes innovadores. El festival Indie Food se celebra durante el mes de mayo y consiste en una sucesión de showcooking y degustaciones de las creaciones de sus restaurantes independientes. Una exhibición de la nueva tendencia food truck en la que tienen cabida propuestas más elaboradas y renovadas de pizzas, bocados veganos, rolls, tacos, hamburguesas, brunchs, hot dogs, helados, bebidas especiales… Cuando estéis paseando por la ciudad una dirección de moda es el Kirkgate Market, un mercado repleto de puestos de comida exótica e internacional.

Crafthouse Leeds.
Crafthouse Leeds.

  • Para paladares gourmet. Si viajas a Leeds pero prefieres evitar el food truck, tu sitio es Crafthouse. Un establecimiento que destaca por su gran cocina, productos de calidad y excelentes presentaciones. Además, ofrece una bonita panorámica de la ciudad.

Estambul, sabores de Oriente en Occidente

El crisol de culturas que conforma esta ciudad turca también se refleja en su cocina, una de las más diversas del mundo. El döner kebab lo conocemos todos, pero otros sabrosos platos de carne son los yogurtly kebap -pinchitos que se sirven con tomate y yogur- o el cordero cocinado con canela, cebolla y yogur. Aunque un plato típico peculiar es el kokoreç​, que se elabora con intestinos de cordero sazonados, enrollados sobre una brocheta y asados horizontalmente al carbón. El lahmacun es una fina masa redonda que se cubre de carne picada, verduras, hierbas, cebolla y tomate. Luego se adereza con perejil y limón y se hornea. ¡Después de enrollarlo solo resta disfrutarlo! En Estambul las frutas y las verduras conservan su auténtico sabor, probadlas todas. Pero no dejéis de dipear en un puré de berenjenas asadas con yogur, aceite de oliva, ajo, limón y aceitunas negras que llaman patlican salatasi. Debido a su situación costera también encontraréis variedad de pescado asado o a la parrilla. ¿Los obligatorios? La chova, de carne prieta y sabor delicioso, y los mejillones rellenos de arroz o fritos. Los golosos vais a devorar el burma, un rico pastel de canela, y el baklava, ese pastelillo elaborado con capas de pasta filo, relleno de pistachos y recubierto de almíbar o miel.

Doner kebab.
Doner kebab.

  • La excursión culinaria. Istanbul Eats son salidas organizadas por expertos locales para que los visitantes descubran localizaciones genuinas: cafetines, mercados, casas de té, puestos de comida callejera, almacenes de especias…

Budapest, urbe foodie del futuro

La capital y el Gobierno húngaro han decidido apostar por su gastronomía para impulsarla a nivel internacional. Todavía están dando los primeros pasos, pero el apoyo institucional potenciará el ámbito gastro. De momento Budapest aparece en la última guía Michelin con cuatro estrellas. Aviso para los primerizos por estos lares: elaboran una cocina especiada y contundente, y la paprika (tanto dulce como picante) está presente en infinidad de platos. Como la mayoría conocemos el gulash, su sopa típica de carne, os descubro la sopa de pescado más famosa: el halászlé, elaborado con peces de agua dulce (especialmente carpa) y cocinado a fuego lento en un gran caldero durante horas. Cuando estéis caminando por la ciudad aspiraréis un apetecible aroma a lángos, un pan frito servido con ajo, crema agria y queso que se prepara en los puestos callejeros y se rellena de ingredientes dulces o salados. Su salami es muy reconocido, pero a mí lo que me emocionó de la gastronomía aquincense fue la variedad de tartas (de manzana, chocolate, nueces, cereza negra…): están riquísimas y las sirven en porciones muy generosas.

Goulash húngaro. Imprescindible.
Goulash húngaro. Imprescindible.

  • Capricho de emperatriz. Uno de sus postres más célebres es el favorito de Sissi: la dobos torta, un dulce compuesto por seis capas de bizcocho genovés relleno de crema de chocolate y recubierto de caramelo.